/ lunes 15 de febrero de 2021

Evolución | Generación Covid, más frágil que los Centennials

La duración de la pandemia, sumada al entorno general tendrá un impacto de largo plazo que llegará a la vida adulta de los que hoy son niños entre tres y 15 años

El encierro, el exceso en el uso de la tecnología, la depresión y la falta de conexión con otras personas en los niños en edad preescolar y hasta secundaria, ocasionará que la “generación Covid” tenga menor tolerancia a la frustración que el grupo de edad considerado como “cristal”, advierte el Centro de Especialización de Estudios Psicológicos en la Infancia (CEEPI).

De acuerdo con datos del organismo, la depresión por el encierro provoca cuadros de depresión en cuatro de cada 10 niños, debido a la falta de interacción con otros humanos más allá del núcleo familiar, a lo que se suma que en la mayoría de los casos el único contacto que tienen con el exterior es a través de videollamadas o juegos electrónicos.

Claudia Sotelo Arias, directora del CEEPI, dijo en entrevista con El Sol de México, que la depresión en los menores es consecuencia del encierro de meses o una aparente pérdida de la libertad para salir adonde queremos ir, y en muchos casos, “escenarios de violencia en la familia o que los adultos estén atravesando por una fuerte depresión o la pérdida de un ser querido. Todo ello afecta emocionalmente a los menores”.

Los niños tienen afectación particularmente en tres áreas: la parte de desarrollo mental, la parte emocional y la parte social.

Los menores extrañan ir a la escuela, al contrario de los tiempos previos a la pandemiaClaudia Sotelo / Directora del Ceepi

“La parte del pensamiento tiene mayor afectación en los niños más pequeños, quienes apenas van desarrollando la percepción tiempo-espacio, donde apenas van conociendo los días de la semana, los meses del año y a veces les cuesta mucho tiempo regular, porque a un niño pequeño un día normal se le hace muy largo”.

Tener un año de confinamiento de un año, dice Sotelo, a nivel intelectual y de pensamiento, los niños piensan que nunca va a acabar y eso genera una sensación de “desesperanza”.

“En un inicio, nos dijeron que el confinamiento iba a durar un mes, después esperamos que retomaran la escuela con el ciclo escolar anterior, después el mes pasado, entonces, los niños se ven desesperanzados y con una sensación de que esto no va a acabar nunca”.

La incertidumbre alrededor de la enfermedad causó un incremento en los síntomas de ansiedad y depresión de la población general, pues de acuerdo con datos de la Organización Panamericana de la Salud, en México y Brasil, 60 por ciento de la población tiene síntomas de ansiedad o depresión a causa de la pandemia.

IMPACTO DEL ENCIERRO

Para los menores, especialmente en el confinamiento, el entorno familiar es el fundamento de su estado de ánimo, pues no pueden distraerse en otro lado y la población general ha experimentado sensaciones de ira, confusión y estrés postraumático durante el confinamiento.

De acuerdo con el estudio El impacto psicológico de la cuarentena y cómo reducirlo: revisión rápida de la evidencia, de la revista The Lancet, los factores estresantes incluyeron una mayor duración de la cuarentena, temores de infección, frustración, aburrimiento, suministros inadecuados, información inadecuada, pérdidas financieras y estigma.

Una de las etapas más complicadas del año, dice Claudia Sotelo, es la cuesta de enero, por ser una época en la que pasaron las fiestas de fin de año, las reuniones con la familia, y cuando el dinero se convierte en una nueva preocupación para los adultos del hogar.

La especialista menciona que muchas veces los menores son espejo de las actitudes que ven en el hogar, por lo que la tensión en épocas de estrechez económica, así como de violencia intrafamiliar golpean el estado de ánimo de los menores.

De acuerdo con datos de la ONU Mujeres, a nivel global, se ha reportado un aumento significativo de la violencia doméstica; las mujeres están atrapadas con sus abusadores y están aisladas de las personas y los recursos que mejor pueden ayudarlas.

Antes de la pandemia, la violencia doméstica ya era una situación que experimentaba una de cada tres mujeres en todo el mundo; eso significa que dentro del equipo de liderazgo y el personal de toda organización empresarial, es probable que en este momento haya mujeres que la estén sufriendo.

Pero la violencia intrafamiliar no se limitó a las mujeres, pues también se ha registrado un incremento en la agresión a menores de edad.

El aumento en la cifra, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se ubica en cerca de 20 por ciento.

Incluso, en octubre se rompió el récord de violencia intrafamiliar, al registrar 20 mil 590 denuncias ante las autoridades.

La falta de escuelas y el confinamiento, dice Sotelo, provoca que los niños sólo tengan a sus padres para interactuar.

“De pronto resulta muy complicado verse atrapados entre mamá y papá, porque antes los niños aprovechaban ese tiempo de ir a la escuela para respirar aire, especialmente cuando hay problemas en casa. Esto lo usan para renovarse para ser vistos de manera diferente y en un ambiente donde hay límites y reglas, porque esto no sucede en casa”.

La experta añade que la falta de convivencia física en las escuelas también causa ansiedad en los menores, porque gran parte de su personalidad se desarrolla a partir de las vivencias que tienen en ese lugar.

“En la parte social, los niños se van construyendo su identidad a partir de los padres, en los primeros años, pero ya que llegan a la escuela, los niños de preescolar y primaria, los adolescentes, se van construyendo a partir de la interacción con los otros, a partir de su relación con las autoridades, a partir de la distancia con los demás”.

Foto: Roberto Hernández

El confinamiento provocó que la mayoría de los menores extrañen ir a la escuela en un efecto tradicionalmente contrario al que ocurría en tiempos previos a la pandemia.

Un segundo efecto nocivo, es el exceso en el uso de tecnologías, pues dependen de una computadora, una tablet o un videojuego para interactuar con sus amigos de la escuela o con familiares que no estén en casa.

“No ha sido fácil para los niños tomar las clases a distancia, porque el niño se enfrenta a la pantalla y no tienen contacto con las risas o las bromas, ir a perder el tiempo al baño, que es parte de ir a la escuela”.

De acuerdo con la especialista, 80 por ciento de los pacientes del CEEPI se quejan de que están cansados y que no les gusta la modalidad a distancia de la escuela.

Otro efecto negativo es que pasan demasiado tiempo jugando en línea, desde los juegos en los celulares a las consolas, como Xbox, PlayStation o Nintendo.

“Antes de la pandemia, la tecnología estaba regulada para los niños o tenía cierto candado, porque primero tenían que terminar sus obligaciones y luego negociar con los padres”, dice la analista.

Hoy, añade, los niños se levantan con la tecnología y el mundo entero se ha vuelto virtual. En ese sentido, es que los niños interrumpen sus clases porque están jugando y ahí es donde se perdió la regulación de la tecnología.

SEÑALES DE ALERTA

La suma del encierro, la desesperanza y el temor constante de perder a un ser querido, genera ansiedad y depresión en los niños, lo que puede llegar a desembocar en pensamientos de muerte, advierte la especialista del CEEPI.

Las señales de alarma, mencionó, son la apatía, la ansiedad, alteraciones en el apetito, es decir, comen más o menos que antes de la pandemia, así como cambios en los ciclos de sueño, que se traduce en no dormir bien o estar permanentemente cansado.

“Pareciera que necesitan estar siempre conectados y si no están conectados se enojan, lo que genera estados de ansiedad y depresión, porque el mundo social de los niños se metió a los videojuegos. Es un síndrome de abstinencia, a lo que se suma el encierro y no tener contacto con la familia y estar escuchando temas de muerte”.

Con más de 170 mil decesos oficiales registrados en México, mucha gente ha perdido un familiar en el país, dice la especialista, lo que incrementa la sensación de “tanatofobia”, es decir, miedo a la muerte entre los menores.

“La depresión va exacerbada por cuadros de desesperanza y entre las consecuencias más fuertes están los pensamientos suicidas, porque los niños se cuestionan qué caso tiene seguir adelante si parece que la pandemia nunca va a terminar, especialmente si papá y mamá no se pueden recuperar del impacto de la pérdida”, dice Claudia Sotelo.

IMPACTO DE LARGO PLAZO

La especialista añade que la duración de la pandemia sumada al entorno general tendrá un impacto de largo plazo que llegará a la vida adulta de los que hoy son niños entre tres y 15 años, con actitudes como mayor temor para enfrentar a la vida, menor contacto físico, menos empatía o una caída en la resistencia a la frustración, incluso en comparación con las generaciones actuales.

“Antes de la pandemia vivíamos cuidándonos de toda esta parte de la inseguridad social. Algunos niños tomaron cursos de qué hacer si te secuestran, vivíamos muy metidos en esto. Hoy, los niños están muy preocupados por no contagiarse y saben que el contagio ocurre de persona a persona. En el mediano y largo plazo lo que va a pasar es que los niños van a necesitar estar más distantes al otro. Más allá de acercarse en la parte de la intimidad, pareciera que yo me tengo que alejar de ti, porque tú traes la enfermedad dentro y me la vas a pegar. Eso generará personas inseguras, solitarias o retraídas”.

Foto: Roberto Hernández

Los sucesos globales tienen impactos de largo plazo. Un ejemplo también reciente de este tipo de hechos, fue el ataque a las Torres Gemelas en Estados Unidos, pues de acuerdo con un estudio del Hospital de Nueva York, a 14 años del atentado, 26 por ciento de las personas todavía tienen trastorno de estrés postraumático.

Claudia Sotelo añade que el confinamiento también reducirá la empatía en las generaciones que vienen, porque al no haber un contacto directo con otras personas no se crean vínculos.

“Para desarrollar la empatía yo me tengo que conectar con el otro, y necesito contactar emocionalmente con el otro. Hoy, el niño apaga la pantalla y se desconecta de todos. En esa desconexión, el niño no puede desarrollar habilidades emocionales de regulación y habilidades emocionales como la empatía”, menciona.

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El encierro, el exceso en el uso de la tecnología, la depresión y la falta de conexión con otras personas en los niños en edad preescolar y hasta secundaria, ocasionará que la “generación Covid” tenga menor tolerancia a la frustración que el grupo de edad considerado como “cristal”, advierte el Centro de Especialización de Estudios Psicológicos en la Infancia (CEEPI).

De acuerdo con datos del organismo, la depresión por el encierro provoca cuadros de depresión en cuatro de cada 10 niños, debido a la falta de interacción con otros humanos más allá del núcleo familiar, a lo que se suma que en la mayoría de los casos el único contacto que tienen con el exterior es a través de videollamadas o juegos electrónicos.

Claudia Sotelo Arias, directora del CEEPI, dijo en entrevista con El Sol de México, que la depresión en los menores es consecuencia del encierro de meses o una aparente pérdida de la libertad para salir adonde queremos ir, y en muchos casos, “escenarios de violencia en la familia o que los adultos estén atravesando por una fuerte depresión o la pérdida de un ser querido. Todo ello afecta emocionalmente a los menores”.

Los niños tienen afectación particularmente en tres áreas: la parte de desarrollo mental, la parte emocional y la parte social.

Los menores extrañan ir a la escuela, al contrario de los tiempos previos a la pandemiaClaudia Sotelo / Directora del Ceepi

“La parte del pensamiento tiene mayor afectación en los niños más pequeños, quienes apenas van desarrollando la percepción tiempo-espacio, donde apenas van conociendo los días de la semana, los meses del año y a veces les cuesta mucho tiempo regular, porque a un niño pequeño un día normal se le hace muy largo”.

Tener un año de confinamiento de un año, dice Sotelo, a nivel intelectual y de pensamiento, los niños piensan que nunca va a acabar y eso genera una sensación de “desesperanza”.

“En un inicio, nos dijeron que el confinamiento iba a durar un mes, después esperamos que retomaran la escuela con el ciclo escolar anterior, después el mes pasado, entonces, los niños se ven desesperanzados y con una sensación de que esto no va a acabar nunca”.

La incertidumbre alrededor de la enfermedad causó un incremento en los síntomas de ansiedad y depresión de la población general, pues de acuerdo con datos de la Organización Panamericana de la Salud, en México y Brasil, 60 por ciento de la población tiene síntomas de ansiedad o depresión a causa de la pandemia.

IMPACTO DEL ENCIERRO

Para los menores, especialmente en el confinamiento, el entorno familiar es el fundamento de su estado de ánimo, pues no pueden distraerse en otro lado y la población general ha experimentado sensaciones de ira, confusión y estrés postraumático durante el confinamiento.

De acuerdo con el estudio El impacto psicológico de la cuarentena y cómo reducirlo: revisión rápida de la evidencia, de la revista The Lancet, los factores estresantes incluyeron una mayor duración de la cuarentena, temores de infección, frustración, aburrimiento, suministros inadecuados, información inadecuada, pérdidas financieras y estigma.

Una de las etapas más complicadas del año, dice Claudia Sotelo, es la cuesta de enero, por ser una época en la que pasaron las fiestas de fin de año, las reuniones con la familia, y cuando el dinero se convierte en una nueva preocupación para los adultos del hogar.

La especialista menciona que muchas veces los menores son espejo de las actitudes que ven en el hogar, por lo que la tensión en épocas de estrechez económica, así como de violencia intrafamiliar golpean el estado de ánimo de los menores.

De acuerdo con datos de la ONU Mujeres, a nivel global, se ha reportado un aumento significativo de la violencia doméstica; las mujeres están atrapadas con sus abusadores y están aisladas de las personas y los recursos que mejor pueden ayudarlas.

Antes de la pandemia, la violencia doméstica ya era una situación que experimentaba una de cada tres mujeres en todo el mundo; eso significa que dentro del equipo de liderazgo y el personal de toda organización empresarial, es probable que en este momento haya mujeres que la estén sufriendo.

Pero la violencia intrafamiliar no se limitó a las mujeres, pues también se ha registrado un incremento en la agresión a menores de edad.

El aumento en la cifra, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se ubica en cerca de 20 por ciento.

Incluso, en octubre se rompió el récord de violencia intrafamiliar, al registrar 20 mil 590 denuncias ante las autoridades.

La falta de escuelas y el confinamiento, dice Sotelo, provoca que los niños sólo tengan a sus padres para interactuar.

“De pronto resulta muy complicado verse atrapados entre mamá y papá, porque antes los niños aprovechaban ese tiempo de ir a la escuela para respirar aire, especialmente cuando hay problemas en casa. Esto lo usan para renovarse para ser vistos de manera diferente y en un ambiente donde hay límites y reglas, porque esto no sucede en casa”.

La experta añade que la falta de convivencia física en las escuelas también causa ansiedad en los menores, porque gran parte de su personalidad se desarrolla a partir de las vivencias que tienen en ese lugar.

“En la parte social, los niños se van construyendo su identidad a partir de los padres, en los primeros años, pero ya que llegan a la escuela, los niños de preescolar y primaria, los adolescentes, se van construyendo a partir de la interacción con los otros, a partir de su relación con las autoridades, a partir de la distancia con los demás”.

Foto: Roberto Hernández

El confinamiento provocó que la mayoría de los menores extrañen ir a la escuela en un efecto tradicionalmente contrario al que ocurría en tiempos previos a la pandemia.

Un segundo efecto nocivo, es el exceso en el uso de tecnologías, pues dependen de una computadora, una tablet o un videojuego para interactuar con sus amigos de la escuela o con familiares que no estén en casa.

“No ha sido fácil para los niños tomar las clases a distancia, porque el niño se enfrenta a la pantalla y no tienen contacto con las risas o las bromas, ir a perder el tiempo al baño, que es parte de ir a la escuela”.

De acuerdo con la especialista, 80 por ciento de los pacientes del CEEPI se quejan de que están cansados y que no les gusta la modalidad a distancia de la escuela.

Otro efecto negativo es que pasan demasiado tiempo jugando en línea, desde los juegos en los celulares a las consolas, como Xbox, PlayStation o Nintendo.

“Antes de la pandemia, la tecnología estaba regulada para los niños o tenía cierto candado, porque primero tenían que terminar sus obligaciones y luego negociar con los padres”, dice la analista.

Hoy, añade, los niños se levantan con la tecnología y el mundo entero se ha vuelto virtual. En ese sentido, es que los niños interrumpen sus clases porque están jugando y ahí es donde se perdió la regulación de la tecnología.

SEÑALES DE ALERTA

La suma del encierro, la desesperanza y el temor constante de perder a un ser querido, genera ansiedad y depresión en los niños, lo que puede llegar a desembocar en pensamientos de muerte, advierte la especialista del CEEPI.

Las señales de alarma, mencionó, son la apatía, la ansiedad, alteraciones en el apetito, es decir, comen más o menos que antes de la pandemia, así como cambios en los ciclos de sueño, que se traduce en no dormir bien o estar permanentemente cansado.

“Pareciera que necesitan estar siempre conectados y si no están conectados se enojan, lo que genera estados de ansiedad y depresión, porque el mundo social de los niños se metió a los videojuegos. Es un síndrome de abstinencia, a lo que se suma el encierro y no tener contacto con la familia y estar escuchando temas de muerte”.

Con más de 170 mil decesos oficiales registrados en México, mucha gente ha perdido un familiar en el país, dice la especialista, lo que incrementa la sensación de “tanatofobia”, es decir, miedo a la muerte entre los menores.

“La depresión va exacerbada por cuadros de desesperanza y entre las consecuencias más fuertes están los pensamientos suicidas, porque los niños se cuestionan qué caso tiene seguir adelante si parece que la pandemia nunca va a terminar, especialmente si papá y mamá no se pueden recuperar del impacto de la pérdida”, dice Claudia Sotelo.

IMPACTO DE LARGO PLAZO

La especialista añade que la duración de la pandemia sumada al entorno general tendrá un impacto de largo plazo que llegará a la vida adulta de los que hoy son niños entre tres y 15 años, con actitudes como mayor temor para enfrentar a la vida, menor contacto físico, menos empatía o una caída en la resistencia a la frustración, incluso en comparación con las generaciones actuales.

“Antes de la pandemia vivíamos cuidándonos de toda esta parte de la inseguridad social. Algunos niños tomaron cursos de qué hacer si te secuestran, vivíamos muy metidos en esto. Hoy, los niños están muy preocupados por no contagiarse y saben que el contagio ocurre de persona a persona. En el mediano y largo plazo lo que va a pasar es que los niños van a necesitar estar más distantes al otro. Más allá de acercarse en la parte de la intimidad, pareciera que yo me tengo que alejar de ti, porque tú traes la enfermedad dentro y me la vas a pegar. Eso generará personas inseguras, solitarias o retraídas”.

Foto: Roberto Hernández

Los sucesos globales tienen impactos de largo plazo. Un ejemplo también reciente de este tipo de hechos, fue el ataque a las Torres Gemelas en Estados Unidos, pues de acuerdo con un estudio del Hospital de Nueva York, a 14 años del atentado, 26 por ciento de las personas todavía tienen trastorno de estrés postraumático.

Claudia Sotelo añade que el confinamiento también reducirá la empatía en las generaciones que vienen, porque al no haber un contacto directo con otras personas no se crean vínculos.

“Para desarrollar la empatía yo me tengo que conectar con el otro, y necesito contactar emocionalmente con el otro. Hoy, el niño apaga la pantalla y se desconecta de todos. En esa desconexión, el niño no puede desarrollar habilidades emocionales de regulación y habilidades emocionales como la empatía”, menciona.

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