/ lunes 25 de mayo de 2020

Con la nueva normalidad, ¿viene una nueva forma de protestar en CDMX?

Artículo 19 expone que las redes sociales serán un espacio tan importante como la calle aunque conlleva obstáculos a vencer

La protesta digital no es nueva, se ha usado como complemento de la protesta en la calle. Sin embargo, la nueva normalidad –que nos exigirá saber convivir con el SARS-CoV-2- supondrá cambios en las manifestaciones en la vía pública que convertirán a las redes sociales ya no en el medio, sino en la protesta en sí misma.

Expertos consultados por El Sol de México resaltaron que la protesta digital se ha ejercido desde el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) hasta el movimiento feminista #MeToo, pasando por el movimiento estudiantil #YoSoy132, por lo que quizás en el país no se verían protestas a lo España: manifestaciones dentro de automóviles. Para abonar al debate se consultó a la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México para incluir su voz, pero se declinó a hacer comentarios.

Gabriela Castillo, del Programa de Protección y Defensa de la organización no gubernamental Artículo 19, comenta: “considero que a quienes salimos a protestar nos va a tocar repensar la protesta. Si bien la protesta digital sirvió en su momento como completo (de la protesta en la calle) pues debemos verla ahorita como la protesta en sí misma”.

En Artículo 19 definen el “espacio cívico” como aquel donde se ejercen los derechos a la libertad de expresión, a la información, de reunión, de asociación, que juntos forman “un caldo de cultivo para que la gente pueda protestar”. Este ejercicio de derechos puede ocurrir en el espacio cívico físico (calles) como digital (redes sociales) y deben ser igual de legítimos, defiende Gabriela.

“Hay muchas personas que minimizan la legitimidad que tiene la protesta en redes sociales porque se confunde el derecho al internet y el derecho a la libertad de expresión en plataformas digitales con un privilegio y esto no es así. Lo que nos toca es exigir al Estado es que realicen la mayor parte de esfuerzo para que todas las personas tengamos acceso a internet”, se explica.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares en México hay 74.3 millones de usuarios de internet de seis años o más, que representan el 65.8% de la población en ese rango de edad. Hay 18.3 millones de hogares que disponen de internet mediante conexión fija o móvil, que representan el 52.9 por ciento del total nacional.

Del total de la población usuaria de internet de seis años o más, el grupo de entre 25 y 34 años es el que registra la mayor proporción de usuarios de internet. Las tres principales actividades de los usuarios de internet en 2018 fueron: entretenimiento (90.5%), comunicación (90.3%) y obtención de información (86.9 por ciento).

Por su parte el profesor en la carrera de Sociología en la Facultad de Estudios Superiores de Aragón de la UNAM, Jonathan Juárez Melgoza refiere: “gran parte de las manifestaciones políticas a lo largo de la historia, han implicado la presencia de los cuerpos como una estrategia de lucha. Incluso el feminismo en meses recientes decía que había que acuerparse como un fenómeno de solidaridad.

“Ahora que el cuerpo se nos convierte en un arma ante el hecho de que yo pueda acercarme a otro y contagiarlo inadvertidamente, se convierte en una situación difícil. Ya no solamente es la cercanía la que nos importan, también es la distancia”. Por ello, coincidió en que las redes sociales serán un espacio tan importante como la calle para protestar en la nueva normalidad.

Sin embargo, observó un obstáculo: las políticas de uso de las redes sociales. “Será muy complicado que las formas de manifestación solo sean las que permita el algoritmo de Facebook. Si de repente una palabra parece ofensiva para las políticas de Facebook, se va a volver una marcha reducida, minimizada por las exigencias morales, políticas, legales, de criterios internos de la empresa. Corre el riesgo de verse descafeinada”.

Al respecto Gabriela Castillo comenta: “lo que apelamos desde Artículo 19 es que estas políticas de uso (de las redes sociales) se estudien a partir del derecho internacional de los derechos humanos y que se puedan armonizar para que se lleven a cabo los derechos en el espacio cívico digital, para que tampoco se restrinja de forma desproporcionada y se puedan ejercer libremente los derechos de la protesta, el disenso y la exigencia de derechos”.

Y, como en la calle, ambos advierten que en el espacio digital el Estado hace uso de grupos de poder para minar las protestas. Lo que en la calle son los acarreados, porros o infiltrados, en las redes sociales son los bots. “Funcionan de manera relativamente análoga, impulsan ciertas agendas y entonces es fácilmente desvirtuable la posibilidad de una protesta”.

En esto coincide Gabriela Castillo: “la misma naturaleza de Twitter va a generar que la protesta y las mismas reacciones a la protesta sean distintas. Por ejemplo, en el tema de los bots, podemos hacer el símil en la protesta física con los llamados infiltrados”.

Ambos expertos destacan que la protesta digital no va a sustituir a la física, pero por ahora tendrá mayor auge. “No quiere decir que la protesta física va a dejar de llevarse a cabo. Las autoridades tienen la obligación de generar las condiciones necesarias para que se puedan ejercer los derechos de todas las personas”, dice Castillo.

En el caso de la protesta física, la integrante de Artículo 19 añade: “la obligación del Estado es resguardar sí la vida e integridad de las personas, pero armonizar ese derecho a la salud con el ejercicio de la libertad de expresión y de la protesta. Es el Estado quien tiene la obligación de establecer cuáles son las formas en las que se pudiera cuidar de la salud, por ejemplo en lugar de generar operativos para disolver las marchas, que tuviéramos mejor puntos de sanidad o donde la gente pueda acudir a obtener gel antibacterial, mascarillas o cualquier otra cosa que pueda facilitar que las personas puedan estar en las calles”.

“La gente no sale a protestar porque no tiene nada qué hacer, sale a protestar porque hay exigencia detrás, entonces pudiera agregarse un apartado específico sobre este contexto que no sabemos cuándo va a terminar, para que las autoridades que participan en estos operativos sepan cómo comportarse, qué conducta tendrían que llevar a cabo y establecer cuáles serían las medidas en favor de las personas que están protestando para que tampoco arriesguen su salud”, cierra Castillo.


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Omny

La protesta digital no es nueva, se ha usado como complemento de la protesta en la calle. Sin embargo, la nueva normalidad –que nos exigirá saber convivir con el SARS-CoV-2- supondrá cambios en las manifestaciones en la vía pública que convertirán a las redes sociales ya no en el medio, sino en la protesta en sí misma.

Expertos consultados por El Sol de México resaltaron que la protesta digital se ha ejercido desde el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) hasta el movimiento feminista #MeToo, pasando por el movimiento estudiantil #YoSoy132, por lo que quizás en el país no se verían protestas a lo España: manifestaciones dentro de automóviles. Para abonar al debate se consultó a la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México para incluir su voz, pero se declinó a hacer comentarios.

Gabriela Castillo, del Programa de Protección y Defensa de la organización no gubernamental Artículo 19, comenta: “considero que a quienes salimos a protestar nos va a tocar repensar la protesta. Si bien la protesta digital sirvió en su momento como completo (de la protesta en la calle) pues debemos verla ahorita como la protesta en sí misma”.

En Artículo 19 definen el “espacio cívico” como aquel donde se ejercen los derechos a la libertad de expresión, a la información, de reunión, de asociación, que juntos forman “un caldo de cultivo para que la gente pueda protestar”. Este ejercicio de derechos puede ocurrir en el espacio cívico físico (calles) como digital (redes sociales) y deben ser igual de legítimos, defiende Gabriela.

“Hay muchas personas que minimizan la legitimidad que tiene la protesta en redes sociales porque se confunde el derecho al internet y el derecho a la libertad de expresión en plataformas digitales con un privilegio y esto no es así. Lo que nos toca es exigir al Estado es que realicen la mayor parte de esfuerzo para que todas las personas tengamos acceso a internet”, se explica.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares en México hay 74.3 millones de usuarios de internet de seis años o más, que representan el 65.8% de la población en ese rango de edad. Hay 18.3 millones de hogares que disponen de internet mediante conexión fija o móvil, que representan el 52.9 por ciento del total nacional.

Del total de la población usuaria de internet de seis años o más, el grupo de entre 25 y 34 años es el que registra la mayor proporción de usuarios de internet. Las tres principales actividades de los usuarios de internet en 2018 fueron: entretenimiento (90.5%), comunicación (90.3%) y obtención de información (86.9 por ciento).

Por su parte el profesor en la carrera de Sociología en la Facultad de Estudios Superiores de Aragón de la UNAM, Jonathan Juárez Melgoza refiere: “gran parte de las manifestaciones políticas a lo largo de la historia, han implicado la presencia de los cuerpos como una estrategia de lucha. Incluso el feminismo en meses recientes decía que había que acuerparse como un fenómeno de solidaridad.

“Ahora que el cuerpo se nos convierte en un arma ante el hecho de que yo pueda acercarme a otro y contagiarlo inadvertidamente, se convierte en una situación difícil. Ya no solamente es la cercanía la que nos importan, también es la distancia”. Por ello, coincidió en que las redes sociales serán un espacio tan importante como la calle para protestar en la nueva normalidad.

Sin embargo, observó un obstáculo: las políticas de uso de las redes sociales. “Será muy complicado que las formas de manifestación solo sean las que permita el algoritmo de Facebook. Si de repente una palabra parece ofensiva para las políticas de Facebook, se va a volver una marcha reducida, minimizada por las exigencias morales, políticas, legales, de criterios internos de la empresa. Corre el riesgo de verse descafeinada”.

Al respecto Gabriela Castillo comenta: “lo que apelamos desde Artículo 19 es que estas políticas de uso (de las redes sociales) se estudien a partir del derecho internacional de los derechos humanos y que se puedan armonizar para que se lleven a cabo los derechos en el espacio cívico digital, para que tampoco se restrinja de forma desproporcionada y se puedan ejercer libremente los derechos de la protesta, el disenso y la exigencia de derechos”.

Y, como en la calle, ambos advierten que en el espacio digital el Estado hace uso de grupos de poder para minar las protestas. Lo que en la calle son los acarreados, porros o infiltrados, en las redes sociales son los bots. “Funcionan de manera relativamente análoga, impulsan ciertas agendas y entonces es fácilmente desvirtuable la posibilidad de una protesta”.

En esto coincide Gabriela Castillo: “la misma naturaleza de Twitter va a generar que la protesta y las mismas reacciones a la protesta sean distintas. Por ejemplo, en el tema de los bots, podemos hacer el símil en la protesta física con los llamados infiltrados”.

Ambos expertos destacan que la protesta digital no va a sustituir a la física, pero por ahora tendrá mayor auge. “No quiere decir que la protesta física va a dejar de llevarse a cabo. Las autoridades tienen la obligación de generar las condiciones necesarias para que se puedan ejercer los derechos de todas las personas”, dice Castillo.

En el caso de la protesta física, la integrante de Artículo 19 añade: “la obligación del Estado es resguardar sí la vida e integridad de las personas, pero armonizar ese derecho a la salud con el ejercicio de la libertad de expresión y de la protesta. Es el Estado quien tiene la obligación de establecer cuáles son las formas en las que se pudiera cuidar de la salud, por ejemplo en lugar de generar operativos para disolver las marchas, que tuviéramos mejor puntos de sanidad o donde la gente pueda acudir a obtener gel antibacterial, mascarillas o cualquier otra cosa que pueda facilitar que las personas puedan estar en las calles”.

“La gente no sale a protestar porque no tiene nada qué hacer, sale a protestar porque hay exigencia detrás, entonces pudiera agregarse un apartado específico sobre este contexto que no sabemos cuándo va a terminar, para que las autoridades que participan en estos operativos sepan cómo comportarse, qué conducta tendrían que llevar a cabo y establecer cuáles serían las medidas en favor de las personas que están protestando para que tampoco arriesguen su salud”, cierra Castillo.


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