/ viernes 11 de febrero de 2022

Pie de Nota | Los zombis no saben de Bad Bunny

Me confieso ante usted, indignado por la serie coreana de zombis Estamos Muertos

Me confieso ante usted, indignado por la serie coreana de zombis Estamos Muertos. No se la recomiendo, especialmente en este contexto nuestro.

Y no es que todo maratón en Netflix deba ser un paseo por los confines de la reflexión humana y el crecimiento personal. El entretenimiento hueco por sí solo es válido.

➡️ Locuras que los fans de Bad Bunny están haciendo para conseguir boletos de su tour

Pero es que hay un problema con las películas y series de zombis en el cual no había reparado antes. Ese es que casi nunca tienen un principio claro, consecuencias que no sean las de vivir o morir y un final bien definido.

Ya sean fenómenos causados por el hombre, naturales o divinos, los orígenes de las pandemias que representan los zombis casi nunca son explicados de manera satisfactoria, en tanto que los desenlaces con frecuencia se limitan a la mera supervivencia de los protagonistas.

En este sentido Estamos Muertos se apega perfectamente a los clichés del género zombi. Más allá del divertimento que representa ver a un grupo de jovencillos batidos en sangre corriendo por sus vidas, en resumen, la serie son casi 10 horas sin sustancia ni explicaciones convincentes.

Para alguien que ha tratado de darle lectura a esta realidad extraña desde el 2020, sus orígenes y derivaciones, este tipo de narrativas representan una incomodidad ontológica y epistemológica.

¿Por qué hay pandemia zombi?, ¿qué significan?, ¿en qué fallaron los gobiernos?, ¿qué estará pasando en las partes más remotas del mundo?, ¿hay cura?, ¿qué va a pasar con la economía?, ¿afecta a los gatos?

Habrá quien argumente que esto no significa por sí solo un problema. Lo interesante del género zombi –concuerdo– son las relaciones humanas que ocurren cuando toda estructura social desaparece: los muertos y la sangre son el contexto en el que las personas se enfrentan a la toma de decisiones difíciles, y en donde se ponen en balance conceptos como los alcances de la legalidad, la moralidad, el consumo y la capacidad humana para cooperar o destruir.

Estas preguntas y reflexiones que hago sobre el género zombi cobran relevancia para mí durante la presente pandemia de Covid-19.

El hermetismo del gobierno chino para ser auditado ha ocasionado que a la fecha no se sepa de manera completamente consistente si el Covid-19 es resultado de una fuga del Instituto de Virología de Wuhan, China, o si fue una solamente una sopa de murciélago en el mercado de la misma ciudad.

De nuevo, habrá quien piense que es irrelevante saberlo a estas alturas, pero conocer cómo fue exactamente creado este virus nos permite evitar un circo parecido en el futuro. Al parecer sólo a la OMS y al gobierno de EU les interesa quitarse la duda.

Asimismo, en este periodo el modelo de las democracias como lo conocemos ha sido llevado al extremo de la insustentabilidad. Primero los gobiernos probaron ser altamente ineficientes para dar respuesta, en tanto que controlar la pandemia es ya sinónimo de autoritarismo, cuando no de tiranía, al limitar severamente las libertades civiles.

Y finalmente, a dos años de pandemia no se asoma un final concreto. Le estamos apostando a que el virus se vaya diluyendo en una nueva normalidad intranquila.

Más bien entre los que sobreviven hay una agotamiento respecto a los usos y costumbres que la pandemia obligó a adoptar. Eso de que a todo se acostumbra uno es cierto a medias, ya no saludamos de beso pero también ya estuvo suave del encierro y de vivir con miedo.

Es más, los casos andan por los cielos y la gente se está peleando por alcanzar un boleto para el concierto de Bad Bunny en el Estadio Azteca como si ya no existiese virus.

No sé usted, pero yo sí necesito respuestas sobre lo que todo esto ha significado, quién cometió errores, abusó del poder, qué va a pasar y cómo puede evitarse.

Esa falta de explicación, asignación de culpas y de resolución que plaga al género zombi afecta esta nueva sensibilidad mía desarrollada en los últimos dos años. Necesito un cierre satisfactorio en mis maratones de Netflix, si no para eso le pongo a las noticias.

Me confieso ante usted, indignado por la serie coreana de zombis Estamos Muertos. No se la recomiendo, especialmente en este contexto nuestro.

Y no es que todo maratón en Netflix deba ser un paseo por los confines de la reflexión humana y el crecimiento personal. El entretenimiento hueco por sí solo es válido.

➡️ Locuras que los fans de Bad Bunny están haciendo para conseguir boletos de su tour

Pero es que hay un problema con las películas y series de zombis en el cual no había reparado antes. Ese es que casi nunca tienen un principio claro, consecuencias que no sean las de vivir o morir y un final bien definido.

Ya sean fenómenos causados por el hombre, naturales o divinos, los orígenes de las pandemias que representan los zombis casi nunca son explicados de manera satisfactoria, en tanto que los desenlaces con frecuencia se limitan a la mera supervivencia de los protagonistas.

En este sentido Estamos Muertos se apega perfectamente a los clichés del género zombi. Más allá del divertimento que representa ver a un grupo de jovencillos batidos en sangre corriendo por sus vidas, en resumen, la serie son casi 10 horas sin sustancia ni explicaciones convincentes.

Para alguien que ha tratado de darle lectura a esta realidad extraña desde el 2020, sus orígenes y derivaciones, este tipo de narrativas representan una incomodidad ontológica y epistemológica.

¿Por qué hay pandemia zombi?, ¿qué significan?, ¿en qué fallaron los gobiernos?, ¿qué estará pasando en las partes más remotas del mundo?, ¿hay cura?, ¿qué va a pasar con la economía?, ¿afecta a los gatos?

Habrá quien argumente que esto no significa por sí solo un problema. Lo interesante del género zombi –concuerdo– son las relaciones humanas que ocurren cuando toda estructura social desaparece: los muertos y la sangre son el contexto en el que las personas se enfrentan a la toma de decisiones difíciles, y en donde se ponen en balance conceptos como los alcances de la legalidad, la moralidad, el consumo y la capacidad humana para cooperar o destruir.

Estas preguntas y reflexiones que hago sobre el género zombi cobran relevancia para mí durante la presente pandemia de Covid-19.

El hermetismo del gobierno chino para ser auditado ha ocasionado que a la fecha no se sepa de manera completamente consistente si el Covid-19 es resultado de una fuga del Instituto de Virología de Wuhan, China, o si fue una solamente una sopa de murciélago en el mercado de la misma ciudad.

De nuevo, habrá quien piense que es irrelevante saberlo a estas alturas, pero conocer cómo fue exactamente creado este virus nos permite evitar un circo parecido en el futuro. Al parecer sólo a la OMS y al gobierno de EU les interesa quitarse la duda.

Asimismo, en este periodo el modelo de las democracias como lo conocemos ha sido llevado al extremo de la insustentabilidad. Primero los gobiernos probaron ser altamente ineficientes para dar respuesta, en tanto que controlar la pandemia es ya sinónimo de autoritarismo, cuando no de tiranía, al limitar severamente las libertades civiles.

Y finalmente, a dos años de pandemia no se asoma un final concreto. Le estamos apostando a que el virus se vaya diluyendo en una nueva normalidad intranquila.

Más bien entre los que sobreviven hay una agotamiento respecto a los usos y costumbres que la pandemia obligó a adoptar. Eso de que a todo se acostumbra uno es cierto a medias, ya no saludamos de beso pero también ya estuvo suave del encierro y de vivir con miedo.

Es más, los casos andan por los cielos y la gente se está peleando por alcanzar un boleto para el concierto de Bad Bunny en el Estadio Azteca como si ya no existiese virus.

No sé usted, pero yo sí necesito respuestas sobre lo que todo esto ha significado, quién cometió errores, abusó del poder, qué va a pasar y cómo puede evitarse.

Esa falta de explicación, asignación de culpas y de resolución que plaga al género zombi afecta esta nueva sensibilidad mía desarrollada en los últimos dos años. Necesito un cierre satisfactorio en mis maratones de Netflix, si no para eso le pongo a las noticias.

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