/ miércoles 23 de marzo de 2022

Un robot educará a los presos

En la ciudad de Lima, un androide llamado Jovam ingresó a la cárcel de Lurigancho, considerada la más poblada de Perú, para apoyar a los maestros en la educación de los reos

Jovam es un robot que recién ingresó a la cárcel limeña de Lurigancho, que es la más poblada de Perú, con el objetivo de apoyar a los maestros en la educación de los presos.

El aparato cuenta con un cuerpo de fibra de maíz, sus ojos parpadean cuando habla, y es capaz de responder a preguntas sobre objetivos de desarrollo sostenible e incluso habla el idioma alemán.

Lee también: Bot Handy 5, el robot que ayudará en las tareas domésticas

Este centro penitenciario de Lima tiene la mala fama de ser uno de los más violentos en toda América Latina. Alrededor de mil 255 reclusos han vuelto a clases presenciales para retomar sus cursos de nivel primaria, secundaria o técnicos, tras dos años de estar anclados y con materiales autoinstructivos en sus celdas de la prisión, donde además el internet está prohibido.

La llegada del robot Jovam coincidió con el regreso de las personas privadas de su libertad a las aulas.

El androide biodegradable fue fabricado con desechos electrónicos reciclados que servirá como un estímulo y complaciente didáctico para la educación de los internos de la penitenciaria.

Así lo señaló su inventor, Walter Velásquez, un joven profesor rural que es apasionado por la tecnología y la electrónica, que en el peor momento de la pandemia ya sorprendió a la comunidad educativa del país peruano con la creación de Kipi, que es la primer robot capaz de hablar quechua y de recorrer a caballo las remotas comunidades de Colcabamba, en la región andina de Huancavelica, para así acercar las lecciones allí donde ni siquiera llegan los medios como la televisión o la radio.

Al igual que su semejante Kipi, Jovam fue concebido a más de 3 mil metros de altitud, entre cuatro paredes de adobe y un techo agujereado que conforman el laboratorio de creatividad del humilde colegio Santiago Antúnez de Mayolo, ubicado en Tayacaja, una provincia peruana.

El creador de Jovam, lo diseñó a pedido de DVV International, una organización no gubernamental de Alemania que ya acumula una década promoviendo la educación en adultos en Perú, para ser donado luego de su fabricación (que demoró alrededor de siete meses) al Instituto Nacional Penitenciario (INPE), adscrito al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.

El androide biodegradable fue fabricado con desechos electrónicos reciclados / Cortesía | EFE

Según información de la agencia EFE, la función principal del robot es clara: motivar y acompañar los aprendizajes de los reos de Lurigancho en este proceso vital para su reinserción a la sociedad, comentó el director de DVV International en Perú, Walter Quispe, esto tras recordar que en el país andino existen nueve millones de ciudadanos mayores a 15 años, precisamente el 27 por ciento de su población que no culminaron la educación básica.

El coordinador de Arte y Cultura del INPE, Anibal Martel, destacó que Jovam convirtió a Lurigancho en el primer centro penitenciario del mundo en tener entre rejas a un robot.

Este penal peruano cuenta actualmente con 9 mil 28 personas privadas de su libertad, lo cual significa más del 10 por ciento de los 86 mil 825 reclusos que hay en este país. De ellos, 410 internos tienen clases de educación básica y otros 815 de educación técnico-productiva de hasta once modalidades distintas y que incluyen desde la peluquería y el textil hasta la electricidad y carpintería.

En las aulas ubicadas a pocos metros del corredor central de Lurigancho, llamado Jirón de la Unión, como la calle principal del centro histórico de Lima, Jovam se desplaza automáticamente hacia adelante y atrás, sube sus brazos y entona aleccionamientos propios del currículum nacional gracias al software que integra su cerebro, conectado a su cara digital mediante una suerte de red neuronal.

"Jovam escucha la pregunta, busca la información en su base de datos y te la brinda", declaró su creador, quien ahora anhela replicar la experiencia piloto de Lurigancho en otras cárceles del país.

La presencia de Jovam despierta de inmediato la atención de los internos del penal, quienes se le acercan a escucharlo hablar con su voz metálica, a medio camino entre el asombro y la perplejidad.

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"Es realmente maravilloso. Es genial tener un medio de comunicación que nos pueda brindar información", expresó Joel Ramírez, un preso de 29 años, natural de Lima, que lleva más de dos años y medio privado de su libertad en Lurigancho, donde estudia el último curso de primaria.

El director de DVV International en Perú también está muy entusiasmado con el robot, ya que para él la aplicación de Jovam en el penal ratifica que los reos "han perdido el derecho a su libertad, pero no el derecho a la educación, que es un derecho humano”.



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Jovam es un robot que recién ingresó a la cárcel limeña de Lurigancho, que es la más poblada de Perú, con el objetivo de apoyar a los maestros en la educación de los presos.

El aparato cuenta con un cuerpo de fibra de maíz, sus ojos parpadean cuando habla, y es capaz de responder a preguntas sobre objetivos de desarrollo sostenible e incluso habla el idioma alemán.

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Este centro penitenciario de Lima tiene la mala fama de ser uno de los más violentos en toda América Latina. Alrededor de mil 255 reclusos han vuelto a clases presenciales para retomar sus cursos de nivel primaria, secundaria o técnicos, tras dos años de estar anclados y con materiales autoinstructivos en sus celdas de la prisión, donde además el internet está prohibido.

La llegada del robot Jovam coincidió con el regreso de las personas privadas de su libertad a las aulas.

El androide biodegradable fue fabricado con desechos electrónicos reciclados que servirá como un estímulo y complaciente didáctico para la educación de los internos de la penitenciaria.

Así lo señaló su inventor, Walter Velásquez, un joven profesor rural que es apasionado por la tecnología y la electrónica, que en el peor momento de la pandemia ya sorprendió a la comunidad educativa del país peruano con la creación de Kipi, que es la primer robot capaz de hablar quechua y de recorrer a caballo las remotas comunidades de Colcabamba, en la región andina de Huancavelica, para así acercar las lecciones allí donde ni siquiera llegan los medios como la televisión o la radio.

Al igual que su semejante Kipi, Jovam fue concebido a más de 3 mil metros de altitud, entre cuatro paredes de adobe y un techo agujereado que conforman el laboratorio de creatividad del humilde colegio Santiago Antúnez de Mayolo, ubicado en Tayacaja, una provincia peruana.

El creador de Jovam, lo diseñó a pedido de DVV International, una organización no gubernamental de Alemania que ya acumula una década promoviendo la educación en adultos en Perú, para ser donado luego de su fabricación (que demoró alrededor de siete meses) al Instituto Nacional Penitenciario (INPE), adscrito al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.

El androide biodegradable fue fabricado con desechos electrónicos reciclados / Cortesía | EFE

Según información de la agencia EFE, la función principal del robot es clara: motivar y acompañar los aprendizajes de los reos de Lurigancho en este proceso vital para su reinserción a la sociedad, comentó el director de DVV International en Perú, Walter Quispe, esto tras recordar que en el país andino existen nueve millones de ciudadanos mayores a 15 años, precisamente el 27 por ciento de su población que no culminaron la educación básica.

El coordinador de Arte y Cultura del INPE, Anibal Martel, destacó que Jovam convirtió a Lurigancho en el primer centro penitenciario del mundo en tener entre rejas a un robot.

Este penal peruano cuenta actualmente con 9 mil 28 personas privadas de su libertad, lo cual significa más del 10 por ciento de los 86 mil 825 reclusos que hay en este país. De ellos, 410 internos tienen clases de educación básica y otros 815 de educación técnico-productiva de hasta once modalidades distintas y que incluyen desde la peluquería y el textil hasta la electricidad y carpintería.

En las aulas ubicadas a pocos metros del corredor central de Lurigancho, llamado Jirón de la Unión, como la calle principal del centro histórico de Lima, Jovam se desplaza automáticamente hacia adelante y atrás, sube sus brazos y entona aleccionamientos propios del currículum nacional gracias al software que integra su cerebro, conectado a su cara digital mediante una suerte de red neuronal.

"Jovam escucha la pregunta, busca la información en su base de datos y te la brinda", declaró su creador, quien ahora anhela replicar la experiencia piloto de Lurigancho en otras cárceles del país.

La presencia de Jovam despierta de inmediato la atención de los internos del penal, quienes se le acercan a escucharlo hablar con su voz metálica, a medio camino entre el asombro y la perplejidad.

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"Es realmente maravilloso. Es genial tener un medio de comunicación que nos pueda brindar información", expresó Joel Ramírez, un preso de 29 años, natural de Lima, que lleva más de dos años y medio privado de su libertad en Lurigancho, donde estudia el último curso de primaria.

El director de DVV International en Perú también está muy entusiasmado con el robot, ya que para él la aplicación de Jovam en el penal ratifica que los reos "han perdido el derecho a su libertad, pero no el derecho a la educación, que es un derecho humano”.



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