/ domingo 15 de marzo de 2020

COVID-19

Al declarar como pandemia el Covid-19, el Director General de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, manifestó su profunda preocupación por los alarmantes niveles de propagación y la severidad del patógeno, al igual que por los “niveles alarmantes de inacción” por parte de varios gobiernos: “En los días por venir, esperamos ver el número de casos de Covid-19, el número de muertes y el número de países infectados subir aún más”.

Sólo para cuantificar la gravedad de la situación, expuso la situación de los dos países hasta hoy más afectados: al 31 de enero, había menos de 10 mil casos de contagio confirmados en China y 213 muertes; hasta hace unos días, según cifras oficiales, el total de casos ahí rebasó los 80 mil, además de 3 mil 158 fallecimientos –en un país que aplicó medidas draconianas de cuarentena, prohibiendo la circulación de decenas de millones de personas, el número de personas contagiadas y muertas se multiplicó por 8 y por 14, respectivamente, en un lapso de 40 días-.

Por su parte, en Italia, el segundo país del mundo más afectado hasta hoy, de los 17 casos y un fallecimiento que se tenían registrados al 21 de febrero, son casi 13 mil los enfermos y casi mil fallecimientos: en 19 días, Italia –toda la península- luce hoy desolada.

Estamos ante una enfermedad altamente contagiosa, cuya propagación costará miles de vidas.

Estados Unidos ha suspendido los vuelos entre los países europeos, a excepción de los provenientes del Reino Unido, medida que costará miles de millones de dólares, considerando el impacto financiero mundial.

En unos cuentos días, México pasó de siete a 32 pacientes: en 48 horas, se duplicó el número de personas con COVID-19 y los casos sospechosos también se incrementaron; indudablemente, en los próximos días veremos cómo las cifras se irán incrementado, tal como lo hemos visto en varias partes del mundo -120 países-; sin embargo, las autoridades del país parecen en calma: mientras en China, Italia, Francia, España y Estados Unidos suspenden todas las actividades colectivas, el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell -hombre fuerte de Andrés López en la materia-, ha encausando el problema a decisiones erráticas y tardías al malinformar a la nación respecto al estado real de la epidemia.

No obstante, está peor aun su jefe, el Prejidente López quien en una de sus mañaneras dijo que “lo del coronavirus y eso de que uno no se puede abrazar… hay que abrazarse, no pasa nada”… basta escucharlo para conocer el grado de irresponsabilidad e ignorancia de la persona que dirige la Nación.

Baste recordar la epidemia de influenza en el 2009 cuando se estableció un protocolo de emergencia para los responsables del gobierno con funciones estratégicas: los aislaron para evitar contagios.

Según un modelo matemático desarrollado por investigadores de la UNAM, será entre el 20 y 30 de marzo cuando veremos la magnitud del contagio, cuestión de días. Mientras tanto, a lavarnos las manos y usar gel antibacterial, una rutina a nuestro alcance, que si la entendemos y hacemos nuestra, deberá hacer diferencia.

Al declarar como pandemia el Covid-19, el Director General de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, manifestó su profunda preocupación por los alarmantes niveles de propagación y la severidad del patógeno, al igual que por los “niveles alarmantes de inacción” por parte de varios gobiernos: “En los días por venir, esperamos ver el número de casos de Covid-19, el número de muertes y el número de países infectados subir aún más”.

Sólo para cuantificar la gravedad de la situación, expuso la situación de los dos países hasta hoy más afectados: al 31 de enero, había menos de 10 mil casos de contagio confirmados en China y 213 muertes; hasta hace unos días, según cifras oficiales, el total de casos ahí rebasó los 80 mil, además de 3 mil 158 fallecimientos –en un país que aplicó medidas draconianas de cuarentena, prohibiendo la circulación de decenas de millones de personas, el número de personas contagiadas y muertas se multiplicó por 8 y por 14, respectivamente, en un lapso de 40 días-.

Por su parte, en Italia, el segundo país del mundo más afectado hasta hoy, de los 17 casos y un fallecimiento que se tenían registrados al 21 de febrero, son casi 13 mil los enfermos y casi mil fallecimientos: en 19 días, Italia –toda la península- luce hoy desolada.

Estamos ante una enfermedad altamente contagiosa, cuya propagación costará miles de vidas.

Estados Unidos ha suspendido los vuelos entre los países europeos, a excepción de los provenientes del Reino Unido, medida que costará miles de millones de dólares, considerando el impacto financiero mundial.

En unos cuentos días, México pasó de siete a 32 pacientes: en 48 horas, se duplicó el número de personas con COVID-19 y los casos sospechosos también se incrementaron; indudablemente, en los próximos días veremos cómo las cifras se irán incrementado, tal como lo hemos visto en varias partes del mundo -120 países-; sin embargo, las autoridades del país parecen en calma: mientras en China, Italia, Francia, España y Estados Unidos suspenden todas las actividades colectivas, el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell -hombre fuerte de Andrés López en la materia-, ha encausando el problema a decisiones erráticas y tardías al malinformar a la nación respecto al estado real de la epidemia.

No obstante, está peor aun su jefe, el Prejidente López quien en una de sus mañaneras dijo que “lo del coronavirus y eso de que uno no se puede abrazar… hay que abrazarse, no pasa nada”… basta escucharlo para conocer el grado de irresponsabilidad e ignorancia de la persona que dirige la Nación.

Baste recordar la epidemia de influenza en el 2009 cuando se estableció un protocolo de emergencia para los responsables del gobierno con funciones estratégicas: los aislaron para evitar contagios.

Según un modelo matemático desarrollado por investigadores de la UNAM, será entre el 20 y 30 de marzo cuando veremos la magnitud del contagio, cuestión de días. Mientras tanto, a lavarnos las manos y usar gel antibacterial, una rutina a nuestro alcance, que si la entendemos y hacemos nuestra, deberá hacer diferencia.

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