/ martes 19 de diciembre de 2017

Las expectativas del electorado

Las precampañas presidenciales arrancaron en una atmósfera gélida, el mal clima azota a casi todo el país y las propuestas de los candidatos no terminan de calentar el ambiente electoral. En la vía pública prevalece el pesimismo por el encarecimiento de los productos alimenticios, la falta de empleos bien remunerados, la corrupción en los tres niveles de gobierno y un temor frente a la inseguridad que padecemos desde el 11 de diciembre del 2006, ese fatídico día oficialmente estalló la guerra del Estado contra el narcotráfico. Nadie podrá olvidar esa fecha que selló el destino de muchos. Después de miles de muertos, el poder legislativo ha impulsado la Ley de Seguridad Interior, la cual dará un marco jurídico a los militares y a los marinos. La clase media se movilizó y exigió que no se militarice a México. A esto se añade una amenaza externa, el próximo año el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) sufrirá severas modificaciones gracias a la presión que ejerce el mandatario estadounidense Donald Trump .Un duro golpe para los neoliberales mexicanos.

En este contexto, es comprensible que los ciudadanos se muestren apáticos ante las promesas de los políticos de un crecimiento económico sostenible, sus palabras huecas no encuentran eco en una población que fue cimbrada hasta la conciencia por el terremoto del pasado 19 de septiembre. Resultará difícil que se movilicen las masas a favor de algún candidato por lo que veremos alianzas atípicas bajo el principio elemental de alcanzar el poder. Prevalecerá el llamado al voto útil, el mismo que fue utilizado por primera vez en el 2000 e indujo al triunfo de Vicente Fox. Sin duda se prevé una elección cerrada, los candidatos independientes que logren alcanzar las firmas y participen, podrían declinar en las últimas semanas a favor del PRI. ¿Será suficiente para que el tricolor retenga el poder?

Por lo que se refiere al contenido de las campañas estarán saturadas de falsas promesas y será más importante desprestigiar al adversario que proponer un proyecto de nación. En teoría el Instituto Nacional Electoral (INE) estaría llamado a convertirse en un contrapeso, el problema es que el juez electoral se encuentra desprestigiado debido a varias razones entre ellas lo costoso que resulta mantener su burocracia y principalmente que este órgano electoral no defienda los intereses de los ciudadanos sino el de los partidos políticos que lo secuestraron.

Es el retrato de un sistema político fragmentado, en plena crisis y parece encontrarse en un callejón sin salida. Es el fracaso de la transición democrática que empezó con la administración de Vicente Fox (2000-2006) El PRI sobrevivió en este periodo a través de sus diputados federales y senadores, de las gubernaturas y de las presidencias municipales que gobernó. Además de que las estructuras de los sindicatos no sufrieron ninguna modificación se mantuvieron bajo los liderazgos del pasado.

No obstante, del 2012 al 2107 la corrupción carcomió a los priistas, generando una ausencia de credibilidad ante la opinión pública y esto se combinó con la inseguridad en la que vivimos. El malestar de inconformidad creció dentro de la sociedad. Estas circunstancias tienen al gobierno Federal contra la pared en el proceso electoral, la cuestión es: ¿Podrán ser capaces de reinventarse con José Antonio Meade Kuribreña? o ¿La sociedad los arrojará al bote de la basura de la historia? Todo es posible, mientras se compre el voto difícilmente se consolidará la democracia. ¿La oposición entiende la profundidad del reto o es igual de ciega que su oponente?

tenorio_hector@hotmail.com

Las precampañas presidenciales arrancaron en una atmósfera gélida, el mal clima azota a casi todo el país y las propuestas de los candidatos no terminan de calentar el ambiente electoral. En la vía pública prevalece el pesimismo por el encarecimiento de los productos alimenticios, la falta de empleos bien remunerados, la corrupción en los tres niveles de gobierno y un temor frente a la inseguridad que padecemos desde el 11 de diciembre del 2006, ese fatídico día oficialmente estalló la guerra del Estado contra el narcotráfico. Nadie podrá olvidar esa fecha que selló el destino de muchos. Después de miles de muertos, el poder legislativo ha impulsado la Ley de Seguridad Interior, la cual dará un marco jurídico a los militares y a los marinos. La clase media se movilizó y exigió que no se militarice a México. A esto se añade una amenaza externa, el próximo año el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) sufrirá severas modificaciones gracias a la presión que ejerce el mandatario estadounidense Donald Trump .Un duro golpe para los neoliberales mexicanos.

En este contexto, es comprensible que los ciudadanos se muestren apáticos ante las promesas de los políticos de un crecimiento económico sostenible, sus palabras huecas no encuentran eco en una población que fue cimbrada hasta la conciencia por el terremoto del pasado 19 de septiembre. Resultará difícil que se movilicen las masas a favor de algún candidato por lo que veremos alianzas atípicas bajo el principio elemental de alcanzar el poder. Prevalecerá el llamado al voto útil, el mismo que fue utilizado por primera vez en el 2000 e indujo al triunfo de Vicente Fox. Sin duda se prevé una elección cerrada, los candidatos independientes que logren alcanzar las firmas y participen, podrían declinar en las últimas semanas a favor del PRI. ¿Será suficiente para que el tricolor retenga el poder?

Por lo que se refiere al contenido de las campañas estarán saturadas de falsas promesas y será más importante desprestigiar al adversario que proponer un proyecto de nación. En teoría el Instituto Nacional Electoral (INE) estaría llamado a convertirse en un contrapeso, el problema es que el juez electoral se encuentra desprestigiado debido a varias razones entre ellas lo costoso que resulta mantener su burocracia y principalmente que este órgano electoral no defienda los intereses de los ciudadanos sino el de los partidos políticos que lo secuestraron.

Es el retrato de un sistema político fragmentado, en plena crisis y parece encontrarse en un callejón sin salida. Es el fracaso de la transición democrática que empezó con la administración de Vicente Fox (2000-2006) El PRI sobrevivió en este periodo a través de sus diputados federales y senadores, de las gubernaturas y de las presidencias municipales que gobernó. Además de que las estructuras de los sindicatos no sufrieron ninguna modificación se mantuvieron bajo los liderazgos del pasado.

No obstante, del 2012 al 2107 la corrupción carcomió a los priistas, generando una ausencia de credibilidad ante la opinión pública y esto se combinó con la inseguridad en la que vivimos. El malestar de inconformidad creció dentro de la sociedad. Estas circunstancias tienen al gobierno Federal contra la pared en el proceso electoral, la cuestión es: ¿Podrán ser capaces de reinventarse con José Antonio Meade Kuribreña? o ¿La sociedad los arrojará al bote de la basura de la historia? Todo es posible, mientras se compre el voto difícilmente se consolidará la democracia. ¿La oposición entiende la profundidad del reto o es igual de ciega que su oponente?

tenorio_hector@hotmail.com

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