/ martes 17 de mayo de 2022

Refugiados ucranianos

Mtra. Almendra Ortiz de Zárate Béjar

La guerra en Ucrania está lejos de terminar. Desde que las fuerzas rusas azotaron las primeras ciudades ucranianas en febrero de este año, millones de personas huyeron del país para salvaguardar sus vidas. De acuerdo con datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en menos de tres meses, la cifra de refugiados ha superado los 6 millones de personas. Aunque en los últimos días se observa una tasa de retorno elevada, son alrededor de 1.5 millones de personas que han decidido regresar a su país de origen, a pesar de que el conflicto se mantiene vigente.

La condición de los refugiados es absolutamente desgarradora. De acuerdo con la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967, se trata de personas que no pueden volver a su territorio a causa de conflictos armados, o bien, porque son perseguidos por cuestiones ideológicas, políticas, violencia, discriminación, amenazas, o cualquier otro motivo que ponga en riesgo su vida.

De acuerdo con el ACNUR, en 2021 había más de 82 millones de refugiados en el mundo; de ellos, 48 millones fueron desplazamientos internos. Es decir, se calcula que 34 millones de personas tuvieron que solicitar asilo en otros países que fueran considerados seguros. Esto significa que el número de desplazados ucranianos alcanza casi el 20% del total de los desplazamientos de carácter internacional, lo que permite dimensionar la magnitud de la crisis.

Principalmente, las solicitudes de asilo se han presentado en Polonia, Rumania y Moldavia, donde han acogido a más de la mitad de los solicitantes. Sin embargo, otros países como Hungría, Eslovaquia y España, han observado un aumento en la llegada de ucranianos a su territorio.

Una minoría ha buscado el refugio en el continente americano, por la dificultad que el traslado conlleva. Estados Unidos contempla la llegada de 100 mil personas y México es, naturalmente, el destino que hospeda a cientos de familias que esperan recibir asilo por parte del gobierno estadounidense. El apoyo de voluntarios, organizaciones e iglesias es fundamental en este proceso que se torna una eterna espera, donde las condiciones de acogida son demasiado difíciles.

Entre colchonetas y carpas, las familias ucranianas arribaron a la alcaldía de Iztapalapa hace menos de un mes. Ahí se instalaron en un campamento con 20 sanitarios y 6 lavamanos, que hoy comparten más de 600 refugiados que han encontrado en México un espacio para descansar y atender sus necesidades básicas.

El refugio implica perder la vida que uno tenía en su lugar de origen: bienes, rutinas amistades, familiares y todo aquello que representa seguridad y certeza para un ser humano. Con más de 82 millones de refugiados en el mundo, se requiere desarrollar una cultura de acogida, donde la dignidad, la empatía y el respeto se conviertan en el eje central del asilo. Hoy el Museo Memoria y Tolerancia exhibe una exposición temporal de fotografía “Refugiados de Ucrania”, que procura impulsar la reflexión sobre las dificultades que atraviesan los refugiados. Esto significa un paso hacia adelante en esta cultura de refugio que urge impulsar en el entorno global.

* Coordinadora de la Licenciatura en Relaciones Internacionales.

Mtra. Almendra Ortiz de Zárate Béjar

La guerra en Ucrania está lejos de terminar. Desde que las fuerzas rusas azotaron las primeras ciudades ucranianas en febrero de este año, millones de personas huyeron del país para salvaguardar sus vidas. De acuerdo con datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en menos de tres meses, la cifra de refugiados ha superado los 6 millones de personas. Aunque en los últimos días se observa una tasa de retorno elevada, son alrededor de 1.5 millones de personas que han decidido regresar a su país de origen, a pesar de que el conflicto se mantiene vigente.

La condición de los refugiados es absolutamente desgarradora. De acuerdo con la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967, se trata de personas que no pueden volver a su territorio a causa de conflictos armados, o bien, porque son perseguidos por cuestiones ideológicas, políticas, violencia, discriminación, amenazas, o cualquier otro motivo que ponga en riesgo su vida.

De acuerdo con el ACNUR, en 2021 había más de 82 millones de refugiados en el mundo; de ellos, 48 millones fueron desplazamientos internos. Es decir, se calcula que 34 millones de personas tuvieron que solicitar asilo en otros países que fueran considerados seguros. Esto significa que el número de desplazados ucranianos alcanza casi el 20% del total de los desplazamientos de carácter internacional, lo que permite dimensionar la magnitud de la crisis.

Principalmente, las solicitudes de asilo se han presentado en Polonia, Rumania y Moldavia, donde han acogido a más de la mitad de los solicitantes. Sin embargo, otros países como Hungría, Eslovaquia y España, han observado un aumento en la llegada de ucranianos a su territorio.

Una minoría ha buscado el refugio en el continente americano, por la dificultad que el traslado conlleva. Estados Unidos contempla la llegada de 100 mil personas y México es, naturalmente, el destino que hospeda a cientos de familias que esperan recibir asilo por parte del gobierno estadounidense. El apoyo de voluntarios, organizaciones e iglesias es fundamental en este proceso que se torna una eterna espera, donde las condiciones de acogida son demasiado difíciles.

Entre colchonetas y carpas, las familias ucranianas arribaron a la alcaldía de Iztapalapa hace menos de un mes. Ahí se instalaron en un campamento con 20 sanitarios y 6 lavamanos, que hoy comparten más de 600 refugiados que han encontrado en México un espacio para descansar y atender sus necesidades básicas.

El refugio implica perder la vida que uno tenía en su lugar de origen: bienes, rutinas amistades, familiares y todo aquello que representa seguridad y certeza para un ser humano. Con más de 82 millones de refugiados en el mundo, se requiere desarrollar una cultura de acogida, donde la dignidad, la empatía y el respeto se conviertan en el eje central del asilo. Hoy el Museo Memoria y Tolerancia exhibe una exposición temporal de fotografía “Refugiados de Ucrania”, que procura impulsar la reflexión sobre las dificultades que atraviesan los refugiados. Esto significa un paso hacia adelante en esta cultura de refugio que urge impulsar en el entorno global.

* Coordinadora de la Licenciatura en Relaciones Internacionales.

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