/ martes 26 de mayo de 2020

Michael Jordan, los deportes sin competencia y la frustración millennial

Aumenta el número de escuelas con deportes no competitivos. Todos ganan. Nadie pierde. ¿Qué pensaría Michael Jordan de esto?

Una búsqueda rápida de vacantes en cualquier sitio de empleos en México suele desplegar un requisito compartido para los postulantes, sin importar el giro o descripción de las funciones laborales: tolerancia a la frustración.

Aunque ha sido un requisito clave para el desarrollo profesional de las personas a lo largo de la historia, se le ha puesto nombre y apellido a esta cualidad a medida que la generación millennial se ha integrado al mercado laboral.

Expertos como el psicólogo Alejandro de Barbieri, exponen que la generación millennial -la cual ya está formada por muchos padres de familia- creció en un ambiente de sobreprotección, mismo que sembró las bases de un estilo de vida que pretende “retrasar la adultez” o bien, hacerse cargo de sí mismo.

Las lecciones que estas descripciones han dejado pueden no haber permeado del todo en las dinámicas actuales de crianza y formación académica y social. Un ejemplo es el que reveló Families Online, la encuestadora de Reino Unido. En un estudio publicado en 2017, la empresa advirtió que algunos padres de familia y educadores han perdido de vista la importancia de la competencia.

“Los jóvenes deben aprender que perder es completamente normal. Cincuenta y siete por ciento de los padres encuestados dijeron que sus preescolares y primarias organizan deportes ‘no competitivos’”. En pocas palabras, no hay perdedores.

El 82% pedía volver a los días de competencia deportiva, argumentando que los niños deben darse cuenta de que "no siempre se puede ganar en todo en la vida y a veces hay que perder".

El 76% no aprobó los eventos "no competitivos" y los padres creían que "una competencia saludable ayudaba a los niños individualmente a esforzarse por mejorar y desafiarse a sí mismos".

El 53% dijo que se sentían "cómodos" con la potencial derrota de su hijo, creyendo que no era "algo malo" porque ayuda a desarrollar la capacidad de recuperación y la confianza.

Basados en una tendencia global reciente, como es el documental “The Last Dance” sobre Michael Jordan (que promedió alrededor de 6 millones de espectadores estadounidenses en cada uno de sus 10 capítulos, sin contar los servicios de streaming), se pueden desprender posturas en torno a la competencia deportiva.

A lo largo del documental, que de inmediato ocupó el primer lugar en lo más visto de Netflix México, uno de los mejores basquetbolistas en la historia -el mejor, para muchos- deja claro que su hambre por ganar y sobreponerse a sus adversarios lo llevo a ser una leyenda. El testimonio de sus excompañeros y rivales valida estas hazañas y el envión que llevó a Jordan a ser un fenómeno mundial.

Muchos millennials crecieron viendo a Jordan. Y, si las cifras de espectadores son un indicativo del alcance que ha tenido su mentalidad, podríamos estar ante una guía para padres e hijos sobre el impacto que tiene la preparación y el esfuerzo, además de la ambición por ser mejores que los demás en cualquier proyecto que compare talentos y habilidades… aunque las tendencias modernas lo hayan minimizado.

Una búsqueda rápida de vacantes en cualquier sitio de empleos en México suele desplegar un requisito compartido para los postulantes, sin importar el giro o descripción de las funciones laborales: tolerancia a la frustración.

Aunque ha sido un requisito clave para el desarrollo profesional de las personas a lo largo de la historia, se le ha puesto nombre y apellido a esta cualidad a medida que la generación millennial se ha integrado al mercado laboral.

Expertos como el psicólogo Alejandro de Barbieri, exponen que la generación millennial -la cual ya está formada por muchos padres de familia- creció en un ambiente de sobreprotección, mismo que sembró las bases de un estilo de vida que pretende “retrasar la adultez” o bien, hacerse cargo de sí mismo.

Las lecciones que estas descripciones han dejado pueden no haber permeado del todo en las dinámicas actuales de crianza y formación académica y social. Un ejemplo es el que reveló Families Online, la encuestadora de Reino Unido. En un estudio publicado en 2017, la empresa advirtió que algunos padres de familia y educadores han perdido de vista la importancia de la competencia.

“Los jóvenes deben aprender que perder es completamente normal. Cincuenta y siete por ciento de los padres encuestados dijeron que sus preescolares y primarias organizan deportes ‘no competitivos’”. En pocas palabras, no hay perdedores.

El 82% pedía volver a los días de competencia deportiva, argumentando que los niños deben darse cuenta de que "no siempre se puede ganar en todo en la vida y a veces hay que perder".

El 76% no aprobó los eventos "no competitivos" y los padres creían que "una competencia saludable ayudaba a los niños individualmente a esforzarse por mejorar y desafiarse a sí mismos".

El 53% dijo que se sentían "cómodos" con la potencial derrota de su hijo, creyendo que no era "algo malo" porque ayuda a desarrollar la capacidad de recuperación y la confianza.

Basados en una tendencia global reciente, como es el documental “The Last Dance” sobre Michael Jordan (que promedió alrededor de 6 millones de espectadores estadounidenses en cada uno de sus 10 capítulos, sin contar los servicios de streaming), se pueden desprender posturas en torno a la competencia deportiva.

A lo largo del documental, que de inmediato ocupó el primer lugar en lo más visto de Netflix México, uno de los mejores basquetbolistas en la historia -el mejor, para muchos- deja claro que su hambre por ganar y sobreponerse a sus adversarios lo llevo a ser una leyenda. El testimonio de sus excompañeros y rivales valida estas hazañas y el envión que llevó a Jordan a ser un fenómeno mundial.

Muchos millennials crecieron viendo a Jordan. Y, si las cifras de espectadores son un indicativo del alcance que ha tenido su mentalidad, podríamos estar ante una guía para padres e hijos sobre el impacto que tiene la preparación y el esfuerzo, además de la ambición por ser mejores que los demás en cualquier proyecto que compare talentos y habilidades… aunque las tendencias modernas lo hayan minimizado.

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