/ viernes 9 de junio de 2017

Detrás del Rusiagate (II)

En mi colaboración de la semana pasada hablé del documental titulado “Part 1: The Russians” (Los sospechosos amigos de Donald Trump. Parte 1: los rusos) realizado por la empresa holandesa Zembla TV, integrada por periodistas de investigación independientes. Mientras escribo estas líneas el exdirector del FBI, James Comey está declarando ante la Comisión del Senado y no sé aún qué giro va a tomar el escándalo sobre la injerencia de Rusia en las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses. Sin embargo, independientemente del curso que tome el asunto, continúo con la información del documental holandés porque “haiga sido como haiga sido”, Trump está metido hasta el cuello con lo más granado de la mafia y la oligarquía rusas. Los nombres Tevfik Arif, Felix Sater y Alexander Mazkiévich, entre otros, pertenecen a individuos con un negro historial y todos han sido socios de Trump. El experto en delitos fiscales, Fred Oberlander, dice que cualquier empresa que comete fraudes es parte del crimen organizado y sus socios son cómplices de ese delito que se castiga con cárcel. Entre los socios de Bayrock sobresale el nombre de Tevfik Arif, una kazajstano que hizo una gran fortuna en la industria del cromo, después diversificó sus negocios fundando un emporio hotelero administrado mediante una compleja red operativa que utiliza empresas fantasma en Holanda para lavar dinero. En 2001, Arif funda Bayrock en Nueva York y encuentra al socio perfecto: Donald Trump, a quien ningún banco le prestaría ni un dólar. Bayrock empieza a operar desde la Torre Trump. Arif tiene el dinero y Trump, la fama; incluso tiene su serie de televisión, El aprendiz, donde aprovecha para promocionar su famoso desarrollo Trump Soho, en el que está asociado con Arif y otras aunténticas fichitas. ¿Sabía el magnate del famoso copete con quién se había asociado? ¡Por supuesto! En correos electrónicos de Bayrock salta el nombre de otro “ilustre” socio: Felix Sater. Nacido en Rusia en 1966, llegó a Brooklyn en los 70 con su padre, Mijail Shafarovsky, aunque cambió su apellido por Sater, el FBI descubrió que era lugarteniente de la “familia” de Simeon Molguilevich, un desalmado mafioso que durante años ha estado -y sigue estando-entre los diez más buscados por el FBI. (Como dato adicional, varios miembros del cartel de Molguilevich habían comprado o rentado departamentos en Trump Soho). El padre, Mijaíl, fue arrestado por extorsión y Felix cometió un fraude con acciones de empresas que cotizan en la bolsa, inflando su valor mediante información falsa. Cuando el FBI lo descubrió, huyó a Rusia. Luego regresó a Nueva York y tuvo que enfrentar el juicio, hizo un trato a cambio de inmunidad y delató a sus cómplices, así reapareció como socio de Bayrock. No obstante, en varios correos de Bayrock se menciona el peligro de que el pasado de Sater se descubriera y se solicita que su nombre desapareciera de los documentos. En su primera comparecencia ante la comisión del Senado, Comey no contestó si sabía que Sater había sido hallado culpable de fraude por 40 millones de dólares ni de si Donald Trump conocía del pasado delictivo de su exsocio ruso, pero lo sabía porque en 2007 del New York times publicó el negro historial de Sater. Trump no tuvo más remedio que prometer “investigar a fondo” sobre Sater. ¿Y qué pasó? Esperen el próximo capítulo de esta especie de novela por entregas.

andreacatano@gmail.com

En mi colaboración de la semana pasada hablé del documental titulado “Part 1: The Russians” (Los sospechosos amigos de Donald Trump. Parte 1: los rusos) realizado por la empresa holandesa Zembla TV, integrada por periodistas de investigación independientes. Mientras escribo estas líneas el exdirector del FBI, James Comey está declarando ante la Comisión del Senado y no sé aún qué giro va a tomar el escándalo sobre la injerencia de Rusia en las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses. Sin embargo, independientemente del curso que tome el asunto, continúo con la información del documental holandés porque “haiga sido como haiga sido”, Trump está metido hasta el cuello con lo más granado de la mafia y la oligarquía rusas. Los nombres Tevfik Arif, Felix Sater y Alexander Mazkiévich, entre otros, pertenecen a individuos con un negro historial y todos han sido socios de Trump. El experto en delitos fiscales, Fred Oberlander, dice que cualquier empresa que comete fraudes es parte del crimen organizado y sus socios son cómplices de ese delito que se castiga con cárcel. Entre los socios de Bayrock sobresale el nombre de Tevfik Arif, una kazajstano que hizo una gran fortuna en la industria del cromo, después diversificó sus negocios fundando un emporio hotelero administrado mediante una compleja red operativa que utiliza empresas fantasma en Holanda para lavar dinero. En 2001, Arif funda Bayrock en Nueva York y encuentra al socio perfecto: Donald Trump, a quien ningún banco le prestaría ni un dólar. Bayrock empieza a operar desde la Torre Trump. Arif tiene el dinero y Trump, la fama; incluso tiene su serie de televisión, El aprendiz, donde aprovecha para promocionar su famoso desarrollo Trump Soho, en el que está asociado con Arif y otras aunténticas fichitas. ¿Sabía el magnate del famoso copete con quién se había asociado? ¡Por supuesto! En correos electrónicos de Bayrock salta el nombre de otro “ilustre” socio: Felix Sater. Nacido en Rusia en 1966, llegó a Brooklyn en los 70 con su padre, Mijail Shafarovsky, aunque cambió su apellido por Sater, el FBI descubrió que era lugarteniente de la “familia” de Simeon Molguilevich, un desalmado mafioso que durante años ha estado -y sigue estando-entre los diez más buscados por el FBI. (Como dato adicional, varios miembros del cartel de Molguilevich habían comprado o rentado departamentos en Trump Soho). El padre, Mijaíl, fue arrestado por extorsión y Felix cometió un fraude con acciones de empresas que cotizan en la bolsa, inflando su valor mediante información falsa. Cuando el FBI lo descubrió, huyó a Rusia. Luego regresó a Nueva York y tuvo que enfrentar el juicio, hizo un trato a cambio de inmunidad y delató a sus cómplices, así reapareció como socio de Bayrock. No obstante, en varios correos de Bayrock se menciona el peligro de que el pasado de Sater se descubriera y se solicita que su nombre desapareciera de los documentos. En su primera comparecencia ante la comisión del Senado, Comey no contestó si sabía que Sater había sido hallado culpable de fraude por 40 millones de dólares ni de si Donald Trump conocía del pasado delictivo de su exsocio ruso, pero lo sabía porque en 2007 del New York times publicó el negro historial de Sater. Trump no tuvo más remedio que prometer “investigar a fondo” sobre Sater. ¿Y qué pasó? Esperen el próximo capítulo de esta especie de novela por entregas.

andreacatano@gmail.com

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