/ lunes 12 de junio de 2017

Fraude electoral en Coahuila

En uno de sus libros, creo que en “Ida y vuelta a Chihuahua”, el historiador Enrique Krauze afirma que el proceso de transición a la democracia dio inicio con varios y muy competidos procesos electorales en el norte del país, hacia mediados de la década de los años setenta.

Aunque Krauze no las menciona expresamente, sin duda se refiere a las elecciones municipales de Coahuila de 1978. En esa ocasión el PAN solo participó en tres municipios: Torreón, Monclova y Sabinas. En las tres tuvo tan vibrantes campañas que sacudieron las conciencias y llevaron a los votantes a las urnas. Para sorpresa del gobierno, pues no se lo esperaba, su partido perdió Torreón y Monclova.

Fiel a su costumbre, el priismo llevó a cabo maniobras desesperadas para revertir con malas artes el resultado de la votación. En plenos días prenavideños, las protestas fueron impresionantes. Como nunca, la gente salió a la calle a exigir respeto al voto. Entonces casi todos los medios de comunicación estaban totalmente cerrados y las redes sociales no existían.

A pesar de ello, en plenos días festivos y sin saber cómo se corría la voz, miles y miles de ciudadanos acudían a las plazas con decisión a exigir respeto al voto. La oposición contaba con las actas de escrutinio para acreditar su triunfo, y las que le faltaban fue porque cuando el gobierno se dio cuenta que perdía prendieron las alarmas en el Palacio de Gobierno de Saltillo y se dio la instrucción terminante de que en las casillas que aún no concluían sus labores, que ya para entonces no eran muchas, por ningún motivo se entregara copia de esas actas a los representantes panistas. Pero los datos se tenían.

En aquella época no se hacía el cómputo de todas las casillas en el órgano municipal electoral, ante la presencia de los representantes de los partidos contendientes. Se llevaban los paquetes al Congreso del estado, donde la Comisión de Gobernación a puerta cerrada y sin informar siquiera qué día, llevaba el cómputo y determinaba qué partido había ganado la elección. Así, en total opacidad, dictaminó que el PRI había ganado en Torreón. Días después, por la enorme presión ciudadana, que por cierto reprimió con gran violencia, resolvió que en Monclova había ganado Acción Nacional.

¿A qué viene recordar ahora esta historia? A que hoy, cuarenta años después, parece repetirse paso a paso la misma, como ocurrió hace casi cuarenta años. Las elecciones para gobernador de Coahuila del pasado 4 de junio las perdió el PRI. Así lo señaló el conteo rápido oficial, así lo empezó a indicar el PREP, las alarmas se activaron, seguramente seleccionaron un último lote de casillas para dejar arriba al candidato oficial y ahí detuvieron la contabilidad, faltando aún por computar -caso no visto en muchos años- el 28 por ciento de las casillas.

Todo parece indicar que el oficialismo aprovechó el lunes 5 y martes 6 para alterar un cierto número de paquetes. El miércoles, en las sesiones de cómputo aparecieron violados, clara señal de que habían sido manipulados. La oposición en bloque decide retirarse y demandar la anulación de esos comicios. La razón es más que clara: los Moreira y sus secuaces saben que su derrota significa ir a parar a la cárcel y regresar lo que han robado.

En uno de sus libros, creo que en “Ida y vuelta a Chihuahua”, el historiador Enrique Krauze afirma que el proceso de transición a la democracia dio inicio con varios y muy competidos procesos electorales en el norte del país, hacia mediados de la década de los años setenta.

Aunque Krauze no las menciona expresamente, sin duda se refiere a las elecciones municipales de Coahuila de 1978. En esa ocasión el PAN solo participó en tres municipios: Torreón, Monclova y Sabinas. En las tres tuvo tan vibrantes campañas que sacudieron las conciencias y llevaron a los votantes a las urnas. Para sorpresa del gobierno, pues no se lo esperaba, su partido perdió Torreón y Monclova.

Fiel a su costumbre, el priismo llevó a cabo maniobras desesperadas para revertir con malas artes el resultado de la votación. En plenos días prenavideños, las protestas fueron impresionantes. Como nunca, la gente salió a la calle a exigir respeto al voto. Entonces casi todos los medios de comunicación estaban totalmente cerrados y las redes sociales no existían.

A pesar de ello, en plenos días festivos y sin saber cómo se corría la voz, miles y miles de ciudadanos acudían a las plazas con decisión a exigir respeto al voto. La oposición contaba con las actas de escrutinio para acreditar su triunfo, y las que le faltaban fue porque cuando el gobierno se dio cuenta que perdía prendieron las alarmas en el Palacio de Gobierno de Saltillo y se dio la instrucción terminante de que en las casillas que aún no concluían sus labores, que ya para entonces no eran muchas, por ningún motivo se entregara copia de esas actas a los representantes panistas. Pero los datos se tenían.

En aquella época no se hacía el cómputo de todas las casillas en el órgano municipal electoral, ante la presencia de los representantes de los partidos contendientes. Se llevaban los paquetes al Congreso del estado, donde la Comisión de Gobernación a puerta cerrada y sin informar siquiera qué día, llevaba el cómputo y determinaba qué partido había ganado la elección. Así, en total opacidad, dictaminó que el PRI había ganado en Torreón. Días después, por la enorme presión ciudadana, que por cierto reprimió con gran violencia, resolvió que en Monclova había ganado Acción Nacional.

¿A qué viene recordar ahora esta historia? A que hoy, cuarenta años después, parece repetirse paso a paso la misma, como ocurrió hace casi cuarenta años. Las elecciones para gobernador de Coahuila del pasado 4 de junio las perdió el PRI. Así lo señaló el conteo rápido oficial, así lo empezó a indicar el PREP, las alarmas se activaron, seguramente seleccionaron un último lote de casillas para dejar arriba al candidato oficial y ahí detuvieron la contabilidad, faltando aún por computar -caso no visto en muchos años- el 28 por ciento de las casillas.

Todo parece indicar que el oficialismo aprovechó el lunes 5 y martes 6 para alterar un cierto número de paquetes. El miércoles, en las sesiones de cómputo aparecieron violados, clara señal de que habían sido manipulados. La oposición en bloque decide retirarse y demandar la anulación de esos comicios. La razón es más que clara: los Moreira y sus secuaces saben que su derrota significa ir a parar a la cárcel y regresar lo que han robado.

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