/ jueves 1 de agosto de 2019

¿Cómo dijo?

El difícil trabajo del corrector


Cuesta trabajo decirlo, cuando te preguntan: “¿Y a qué te dedicas?” “Pues soy corrector de textos”. “¡Madre mía! ¿Y cómo le haces?”“¿Pues cómo que cómo? Pues así, corrigiendo”. Lo que pasa es que se trata de una profesión que se infravalora, es decir, no se le da el valor que debería dársele. Tiene mucho valor su trabajo porque a nadie le gustaría entregar un escrito —el manual de usuario de un aparato, un folleto de una empresa, un informe presidencial o cualquier otra cosa— con uno o varios errores, porque podría arruinarse su buena imagen o incluso en casos más graves, que se malinterprete la información y pueda pasar una tragedia. ¿O le gustaría a usted que hubiera un error en el manual de vuelo del avión comercial en el que viaja, sobre todo si existe una emergencia? A mí no.

En teoría todos los textos que “ven la luz del día” deberían de haber sido revisados por un corrector de textos, mas no siempre es así. Yo creo que la mala fama de la profesión proviene en gran parte del hecho que a nadie le gusta que lo corrijan y el hecho de que se llame “corrector” ya considera que existe al menos un error.

No por nada muchos de los que hacen este trabajo han optado por no describirse a sí mismos como “correctores” y mejor se ponen: “asesores lingüísticos”, porque ya sabe usted que “asesor” suena más nice, más fifí… vaya, más elegante, lo que permite que puedan cobrar mucho más —como el caso de los asesores de imagen, de finanzas, de mercadotecnia, etc.— y así no involucran el concepto de corregir en el nombre.

La labor de estos hombres y mujeres merece reconocimiento, porque es una actividad más compleja de lo que el resto del mundo cree. “N’ombre, yo no batallo, yo uso el autocorrector de mi computadora y también el de mi teléfono inteligente y con eso tengo…” Pues yo le diría que muy inteligente que digamos, no es… me refiero a su teléfono, por supuesto. Para empezar, está mal que se llamen auto correctores, porque el prefijo auto- significa “a sí mismo”, nada más que nos hemos acostumbrado a usarlo con el sentido de “automático”, como lo usan los norteamericanos. El auto corrector, en realidad, sería el que se corrige a sí mismo, no a los demás.

Posiblemente el llamado autocorrector del programa que usamos para escribir en la computadora sea capaz de detectar una buena cantidad de errores gramaticales, algún acento mal aplicado o incluso un signo que falte. Sin embargo, muchas veces no es capaz de distinguir el contexto en el que usamos tal palabra y se confunde con palabras similares, además de que es incapaz de decidir si el estilo lingüístico utilizado es el más adecuado para el lector.

Para hacerlo bien, tiene que ser hecho por un ser humano y además, que sea un buen corrector… perdón, un magnífico “asesor del lenguaje”. ¡Sí señor!

Consultorio Verbal comodijo2@hotmail.com Twitter: @comodijo

PREGUNTA DEL PÚBLICO: Sofía del Carmen pregunta: “¿Cuándo se deben usar mayúsculas en los títulos de obras? Por ejemplo: Cien años de soledad de García Márquez”.

RESPUESTA: En los títulos de obras lleva mayúscula al inicio la primera palabra y los nombres propios, pero no llevan los verbos, los pronombres ni las preposiciones y artículos. Por ejemplo, lo correcto sería: Me gusta leer Cien años de soledad, de García Márquez. Está mal si lo pone así: Me gusta leer Cien Años de Soledad de García Márquez.

AHORA PREGUNTO: La expresión en latín Dominustecum, ¿qué quiere decir?

  • Técnica dominante.
  • Un dominó.
  • Dios te acompañe.
  • Bríndanos protección.

RESPUESTA: c. Dominustecum en latín significa “Dios te acompañe” o “el Señor esté contigo”.

Frase de lógica para despedirme: Un portero es un jugador de futbol que cuida un espacio en el que nunca hubo una puerta. ¿Cómo dijo? Hasta la próxima.

El difícil trabajo del corrector


Cuesta trabajo decirlo, cuando te preguntan: “¿Y a qué te dedicas?” “Pues soy corrector de textos”. “¡Madre mía! ¿Y cómo le haces?”“¿Pues cómo que cómo? Pues así, corrigiendo”. Lo que pasa es que se trata de una profesión que se infravalora, es decir, no se le da el valor que debería dársele. Tiene mucho valor su trabajo porque a nadie le gustaría entregar un escrito —el manual de usuario de un aparato, un folleto de una empresa, un informe presidencial o cualquier otra cosa— con uno o varios errores, porque podría arruinarse su buena imagen o incluso en casos más graves, que se malinterprete la información y pueda pasar una tragedia. ¿O le gustaría a usted que hubiera un error en el manual de vuelo del avión comercial en el que viaja, sobre todo si existe una emergencia? A mí no.

En teoría todos los textos que “ven la luz del día” deberían de haber sido revisados por un corrector de textos, mas no siempre es así. Yo creo que la mala fama de la profesión proviene en gran parte del hecho que a nadie le gusta que lo corrijan y el hecho de que se llame “corrector” ya considera que existe al menos un error.

No por nada muchos de los que hacen este trabajo han optado por no describirse a sí mismos como “correctores” y mejor se ponen: “asesores lingüísticos”, porque ya sabe usted que “asesor” suena más nice, más fifí… vaya, más elegante, lo que permite que puedan cobrar mucho más —como el caso de los asesores de imagen, de finanzas, de mercadotecnia, etc.— y así no involucran el concepto de corregir en el nombre.

La labor de estos hombres y mujeres merece reconocimiento, porque es una actividad más compleja de lo que el resto del mundo cree. “N’ombre, yo no batallo, yo uso el autocorrector de mi computadora y también el de mi teléfono inteligente y con eso tengo…” Pues yo le diría que muy inteligente que digamos, no es… me refiero a su teléfono, por supuesto. Para empezar, está mal que se llamen auto correctores, porque el prefijo auto- significa “a sí mismo”, nada más que nos hemos acostumbrado a usarlo con el sentido de “automático”, como lo usan los norteamericanos. El auto corrector, en realidad, sería el que se corrige a sí mismo, no a los demás.

Posiblemente el llamado autocorrector del programa que usamos para escribir en la computadora sea capaz de detectar una buena cantidad de errores gramaticales, algún acento mal aplicado o incluso un signo que falte. Sin embargo, muchas veces no es capaz de distinguir el contexto en el que usamos tal palabra y se confunde con palabras similares, además de que es incapaz de decidir si el estilo lingüístico utilizado es el más adecuado para el lector.

Para hacerlo bien, tiene que ser hecho por un ser humano y además, que sea un buen corrector… perdón, un magnífico “asesor del lenguaje”. ¡Sí señor!

Consultorio Verbal comodijo2@hotmail.com Twitter: @comodijo

PREGUNTA DEL PÚBLICO: Sofía del Carmen pregunta: “¿Cuándo se deben usar mayúsculas en los títulos de obras? Por ejemplo: Cien años de soledad de García Márquez”.

RESPUESTA: En los títulos de obras lleva mayúscula al inicio la primera palabra y los nombres propios, pero no llevan los verbos, los pronombres ni las preposiciones y artículos. Por ejemplo, lo correcto sería: Me gusta leer Cien años de soledad, de García Márquez. Está mal si lo pone así: Me gusta leer Cien Años de Soledad de García Márquez.

AHORA PREGUNTO: La expresión en latín Dominustecum, ¿qué quiere decir?

  • Técnica dominante.
  • Un dominó.
  • Dios te acompañe.
  • Bríndanos protección.

RESPUESTA: c. Dominustecum en latín significa “Dios te acompañe” o “el Señor esté contigo”.

Frase de lógica para despedirme: Un portero es un jugador de futbol que cuida un espacio en el que nunca hubo una puerta. ¿Cómo dijo? Hasta la próxima.

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