/ jueves 27 de enero de 2022

¿Cuál es la salud del presidente?

La mejor manera de refutar al que no tiene razón es dejarlo hablar.

Sydney Smith


El presidente López Obrador ha informado que está mejor de salud, lo cual es una buena noticia, nuestras serias y profundas discrepancias con él y su proyecto político no nos llevan a desearle ningún mal personal. Sin embargo, sus dichos no son acompañados con pruebas de un diagnóstico médico favorable, requisito necesario para quien es el titular del poder Ejecutivo Federal.

Recordemos que AMLO se ha negado reiteradamente a informar el estado de su salud integral. Hasta ahora no sabemos si en cualquier momento vuelva a sufrir un percance, máxime sus factores de riesgo que son públicos. Otro elemento que llama la atención en el manejo de la salud del presidente, es la falta de oficio que se tiene en el círculo íntimo de Palacio Nacional. Primero el vocero, Jesús Ramírez Cuevas, difundió la versión de que AMLO había asistido a una “revisión de rutina”. Después tuvo que salir el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, para admitir que se había tratado de una intervención quirúrgica de emergencia. Este comportamiento de quienes tienen la obligación de dar certidumbre acerca del presidente sólo exhibe esa necesidad de difundir la imagen de un líder fuerte y casi inmortal. Es posible también que, este tipo de declaraciones hayan sido ordenadas por el propio tabasqueño, partiendo de la vena fundamentalista que lo caracteriza. En cualquier caso, se vivieron momentos con un gran vacío de información, de omisión y silencio.

En su reaparición pública, López Obrador, dio a conocer que tiene un “testamento político”, en caso de su muerte. Esta postura dibuja de cuerpo entero a AMLO. No cree en lo que dice el artículo 84 de la Constitución en caso de la falta absoluta del presidente. ¿Por qué? No, su mensaje es que él es dueño único del futuro y de su movimiento, nadie más. Deja albaceas para que lo administren. Su herencia política ya la definió. Seguramente está en ese misterioso documento el candidato presidencial que habrá de sustituirlo. Nada de encuestas, ni cualquier otro método electivo. La feligresía de Morena tendrá que someterse a la sagrada “voluntad del señor”. Sin chistar.

Hace unos días, el director de la Facultad de Derecho de la UNAM, Raúl Contreras, precisó que ese presunto testamento no tiene valor jurídico. En realidad, estamos en presencia de quien después de muerto quiere seguir gobernando. Exactamente al estilo de Lenin, Hitler, Franco, Perón, Chávez, etcétera. Ese es el perfil de quien despacha en Palacio Nacional. ¿A eso hay que atenernos? Cuidado.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter:@pedro_penaloz

La mejor manera de refutar al que no tiene razón es dejarlo hablar.

Sydney Smith


El presidente López Obrador ha informado que está mejor de salud, lo cual es una buena noticia, nuestras serias y profundas discrepancias con él y su proyecto político no nos llevan a desearle ningún mal personal. Sin embargo, sus dichos no son acompañados con pruebas de un diagnóstico médico favorable, requisito necesario para quien es el titular del poder Ejecutivo Federal.

Recordemos que AMLO se ha negado reiteradamente a informar el estado de su salud integral. Hasta ahora no sabemos si en cualquier momento vuelva a sufrir un percance, máxime sus factores de riesgo que son públicos. Otro elemento que llama la atención en el manejo de la salud del presidente, es la falta de oficio que se tiene en el círculo íntimo de Palacio Nacional. Primero el vocero, Jesús Ramírez Cuevas, difundió la versión de que AMLO había asistido a una “revisión de rutina”. Después tuvo que salir el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, para admitir que se había tratado de una intervención quirúrgica de emergencia. Este comportamiento de quienes tienen la obligación de dar certidumbre acerca del presidente sólo exhibe esa necesidad de difundir la imagen de un líder fuerte y casi inmortal. Es posible también que, este tipo de declaraciones hayan sido ordenadas por el propio tabasqueño, partiendo de la vena fundamentalista que lo caracteriza. En cualquier caso, se vivieron momentos con un gran vacío de información, de omisión y silencio.

En su reaparición pública, López Obrador, dio a conocer que tiene un “testamento político”, en caso de su muerte. Esta postura dibuja de cuerpo entero a AMLO. No cree en lo que dice el artículo 84 de la Constitución en caso de la falta absoluta del presidente. ¿Por qué? No, su mensaje es que él es dueño único del futuro y de su movimiento, nadie más. Deja albaceas para que lo administren. Su herencia política ya la definió. Seguramente está en ese misterioso documento el candidato presidencial que habrá de sustituirlo. Nada de encuestas, ni cualquier otro método electivo. La feligresía de Morena tendrá que someterse a la sagrada “voluntad del señor”. Sin chistar.

Hace unos días, el director de la Facultad de Derecho de la UNAM, Raúl Contreras, precisó que ese presunto testamento no tiene valor jurídico. En realidad, estamos en presencia de quien después de muerto quiere seguir gobernando. Exactamente al estilo de Lenin, Hitler, Franco, Perón, Chávez, etcétera. Ese es el perfil de quien despacha en Palacio Nacional. ¿A eso hay que atenernos? Cuidado.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter:@pedro_penaloz

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