/ martes 3 de mayo de 2022

El futuro de Francia

Por Yussef Núñez Menéndez

El pasado 24 de abril, la ciudadanía francesa optó por dar continuidad a la integración europea, cooperación regional y seguridad colectiva con Occidente. Emmanuel Macron disputó la reelección contra su antigua rival, la ultraderechista Marine Le Pen. Si bien la segunda jornada electoral repitió las candidaturas de 2017, los resultados y circunstancias fueron totalmente diferentes.

Para conveniencia de Occidente, Macron se convirtió en el primer presidente en ganar la reelección de la Quinta República Francesa en los últimos veinte años. Sin embargo, la repartición electoral permite analizar el rumbo en el que se dirige Francia a mediano y largo plazo. Para comprender la trayectoria e inclinaciones de la ciudadanía francesa es importante entender ¿por qué ganó Macron? Y ¿hacia dónde va Francia?

En 2017 Macron representaba una cara nueva y energética, fuera de la élite política. Conforme ha evolucionado su mandato ha perdido esta estrategia electoral; es más, ahora él representa al statu quo nacional y regional. La presidencia de Macron ha tenido múltiples retos, desde el movimiento de los chalecos amarillos, la resistencia a la vacuna contra la Covid-19 y, ahora, la invasión rusa a Ucrania.

Después de dos años de pandemia, recesiones económicas y el surgimiento del mayor enfrentamiento bélico en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, la alternativa nacionalista que ofrece Le Pen asustó a la mayoría de la ciudadanía francesa. Es decir, el voto, más que apoyar a Macron, fue un rechazo al plan de nación que ofrece Le Pen bajo las circunstancias actuales. No obstante, esta mayoría de 17% de diferencia también refleja el mayor éxito del nacionalismo contemporáneo en Francia.

Macron habrá ganado la reelección, pero la verdadera ganadora fue la ultraderecha y nacionalismo francés y esto fue visible desde la primera ronda electoral. Entre ambos nacionalistas, Le Pen y Zemmour, juntaron 30.2% de los votos. Es decir, la ideología obtuvo 2.75% más votos que Macron. Paralelamente, el ultraizquierdista y tercer lugar, Jean-Luc Mélenchon, obtuvo 21.95% del apoyo electoral. Claramente, la tendencia francesa son los extremos del espectro político. La ideología centrista de Macron carece de una personalidad que pueda continuar el proyecto nacional en las siguientes elecciones, donde los extremos disputarán el Palacio de Elíseos.

Desde la polarización socioeconómica o las distantes realidades geográficas; la gentrificación y migración; nivel de escolaridad y; el rechazo o aceptación a la cooperación internacional son tan sólo algunos de los factores que han llevado al extremo la política francesa.

El segundo mandato de Emmanuel Macron deberá, como mencionó en su discurso de victoria, hacer todo lo posible por unificar a una población dividida. El centro y los moderados cada vez son menos y, lamentablemente, la realidad francesa es tan solo un caso más del auge del populismo del siglo XXI. El autoritarismo populista ha hecho metástasis en todo el mundo y en su paso socava con el modelo democrático occidental. La tarea de Macron no es fácil, pero será un ejemplo, tanto en sus aciertos como en sus errores en esta lucha contra el malestar social.

*Yussef Núñez Menéndez es licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Anáhuac México y analista de política internacional.

Por Yussef Núñez Menéndez

El pasado 24 de abril, la ciudadanía francesa optó por dar continuidad a la integración europea, cooperación regional y seguridad colectiva con Occidente. Emmanuel Macron disputó la reelección contra su antigua rival, la ultraderechista Marine Le Pen. Si bien la segunda jornada electoral repitió las candidaturas de 2017, los resultados y circunstancias fueron totalmente diferentes.

Para conveniencia de Occidente, Macron se convirtió en el primer presidente en ganar la reelección de la Quinta República Francesa en los últimos veinte años. Sin embargo, la repartición electoral permite analizar el rumbo en el que se dirige Francia a mediano y largo plazo. Para comprender la trayectoria e inclinaciones de la ciudadanía francesa es importante entender ¿por qué ganó Macron? Y ¿hacia dónde va Francia?

En 2017 Macron representaba una cara nueva y energética, fuera de la élite política. Conforme ha evolucionado su mandato ha perdido esta estrategia electoral; es más, ahora él representa al statu quo nacional y regional. La presidencia de Macron ha tenido múltiples retos, desde el movimiento de los chalecos amarillos, la resistencia a la vacuna contra la Covid-19 y, ahora, la invasión rusa a Ucrania.

Después de dos años de pandemia, recesiones económicas y el surgimiento del mayor enfrentamiento bélico en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, la alternativa nacionalista que ofrece Le Pen asustó a la mayoría de la ciudadanía francesa. Es decir, el voto, más que apoyar a Macron, fue un rechazo al plan de nación que ofrece Le Pen bajo las circunstancias actuales. No obstante, esta mayoría de 17% de diferencia también refleja el mayor éxito del nacionalismo contemporáneo en Francia.

Macron habrá ganado la reelección, pero la verdadera ganadora fue la ultraderecha y nacionalismo francés y esto fue visible desde la primera ronda electoral. Entre ambos nacionalistas, Le Pen y Zemmour, juntaron 30.2% de los votos. Es decir, la ideología obtuvo 2.75% más votos que Macron. Paralelamente, el ultraizquierdista y tercer lugar, Jean-Luc Mélenchon, obtuvo 21.95% del apoyo electoral. Claramente, la tendencia francesa son los extremos del espectro político. La ideología centrista de Macron carece de una personalidad que pueda continuar el proyecto nacional en las siguientes elecciones, donde los extremos disputarán el Palacio de Elíseos.

Desde la polarización socioeconómica o las distantes realidades geográficas; la gentrificación y migración; nivel de escolaridad y; el rechazo o aceptación a la cooperación internacional son tan sólo algunos de los factores que han llevado al extremo la política francesa.

El segundo mandato de Emmanuel Macron deberá, como mencionó en su discurso de victoria, hacer todo lo posible por unificar a una población dividida. El centro y los moderados cada vez son menos y, lamentablemente, la realidad francesa es tan solo un caso más del auge del populismo del siglo XXI. El autoritarismo populista ha hecho metástasis en todo el mundo y en su paso socava con el modelo democrático occidental. La tarea de Macron no es fácil, pero será un ejemplo, tanto en sus aciertos como en sus errores en esta lucha contra el malestar social.

*Yussef Núñez Menéndez es licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Anáhuac México y analista de política internacional.

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