/ lunes 2 de abril de 2018

La deuda con México II

El proceso electoral ha comenzado y las promesas de campaña comienzan a surgir gracias al marco presupuestal e institucional. El problema de fondo es que los resultados electorales no se traducen en una función pública eficaz: esta última no corresponde con el gasto millonario en campañas.

¿Cómo olvidar el crecimiento de 7% ofertado por Fox o el Bienestar para la Familia de Ernesto Zedillo? ¿Qué pasó con la Presidencia del Empleo, la de Felipe Calderón, o el lema de José López Portillo, ya en funciones, de prepararse para administrar la abundancia. ¿En dónde quedó la Renovación Moral de la Sociedad, de Miguel de la Madrid o el Arriba y Adelante, de Luis Echeverría?

Esas promesas tuvieron un elemento en común: no se cumplieron. Algunos argumentan que fue por la crisis que vino de afuera. Otros porque ya nos saquearon, unos más porque les heredaron una economía sujetada con alfileres o que se debe esperar más tiempo para que las reformas estructurales comiencen a funcionar.

Apelando al haiga sido como haiga sido, el resultado es el mismo: un país con los recursos humanos y naturales para alcanzar altos niveles de desarrollo y bienestar, pero donde los resultados son de precarización laboral y empresarial.

La democracia electoral no tuvo el impacto esperado en la economía y la sociedad. En los años 70 y 80 las crisis económicas convivieron con procesos electorales en donde existía un solo partido capaz de ganar la presidencia de México. Fue hasta 1988 cuando eso cambió, pero aun así se presentó la recesión de 1995.

La apertura electoral y económica registrada entre 1986 y 1994 no bastaron para que México volviera a la senda del crecimiento pérdida con la crisis de 1982. Se firmaron múltiples tratados comerciales e instrumentaron todas las recomendaciones del FMI, el Banco Mundial, la OMC y la OCDE ¿el resultado? Desde 1994 el PIB crece 2.5% en promedio anual.

En cambio, hay más pobres en México a pesar de los cambios poco transparentes a las estadísticas del INEGI. La informalidad sigue dominando el mercado laboral y pocas empresas tienen una probabilidad mayor a 40% de sobrevivir cinco años.

¿Qué pasa con el presupuesto adjudicado al proceso electoral? Cada sexenio alcanza marcas históricas y se canaliza a nuevos partidos políticos, únicamente dos tienen una historia que se remonta mas allá de 1988.

El Estado Corporativo ha prevalecido, la elección del año 2000 lo cimbró pero no lo eliminó. Por ello la deuda con México, con su población y con sus empresas continúa en aumento: se debe crear una nación con crecimiento económico superior al 5%, en donde la pobreza y la informalidad no sean el común denominador social y en donde la lucha contra la corrupción sea una vocación de la administración pública en sus tres niveles de gobierno.

Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico

El proceso electoral ha comenzado y las promesas de campaña comienzan a surgir gracias al marco presupuestal e institucional. El problema de fondo es que los resultados electorales no se traducen en una función pública eficaz: esta última no corresponde con el gasto millonario en campañas.

¿Cómo olvidar el crecimiento de 7% ofertado por Fox o el Bienestar para la Familia de Ernesto Zedillo? ¿Qué pasó con la Presidencia del Empleo, la de Felipe Calderón, o el lema de José López Portillo, ya en funciones, de prepararse para administrar la abundancia. ¿En dónde quedó la Renovación Moral de la Sociedad, de Miguel de la Madrid o el Arriba y Adelante, de Luis Echeverría?

Esas promesas tuvieron un elemento en común: no se cumplieron. Algunos argumentan que fue por la crisis que vino de afuera. Otros porque ya nos saquearon, unos más porque les heredaron una economía sujetada con alfileres o que se debe esperar más tiempo para que las reformas estructurales comiencen a funcionar.

Apelando al haiga sido como haiga sido, el resultado es el mismo: un país con los recursos humanos y naturales para alcanzar altos niveles de desarrollo y bienestar, pero donde los resultados son de precarización laboral y empresarial.

La democracia electoral no tuvo el impacto esperado en la economía y la sociedad. En los años 70 y 80 las crisis económicas convivieron con procesos electorales en donde existía un solo partido capaz de ganar la presidencia de México. Fue hasta 1988 cuando eso cambió, pero aun así se presentó la recesión de 1995.

La apertura electoral y económica registrada entre 1986 y 1994 no bastaron para que México volviera a la senda del crecimiento pérdida con la crisis de 1982. Se firmaron múltiples tratados comerciales e instrumentaron todas las recomendaciones del FMI, el Banco Mundial, la OMC y la OCDE ¿el resultado? Desde 1994 el PIB crece 2.5% en promedio anual.

En cambio, hay más pobres en México a pesar de los cambios poco transparentes a las estadísticas del INEGI. La informalidad sigue dominando el mercado laboral y pocas empresas tienen una probabilidad mayor a 40% de sobrevivir cinco años.

¿Qué pasa con el presupuesto adjudicado al proceso electoral? Cada sexenio alcanza marcas históricas y se canaliza a nuevos partidos políticos, únicamente dos tienen una historia que se remonta mas allá de 1988.

El Estado Corporativo ha prevalecido, la elección del año 2000 lo cimbró pero no lo eliminó. Por ello la deuda con México, con su población y con sus empresas continúa en aumento: se debe crear una nación con crecimiento económico superior al 5%, en donde la pobreza y la informalidad no sean el común denominador social y en donde la lucha contra la corrupción sea una vocación de la administración pública en sus tres niveles de gobierno.

Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico

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