/ lunes 12 de agosto de 2019

La pobreza de México

El costo de la dependencia ha sido muy elevado para México. Estar supeditado a la “fuerza centrípeta” de Estados

Unidos ha pasado factura a la sociedad. No obstante, la subordinación al ciclo económico estadounidense no es lo más preocupante, en realidad es la punta del iceberg.

Lo más delicado es la ausencia de un Proyecto de Nación de largo plazo que genere cohesión a la diversidad que existe en el país.

De acuerdo con el Coneval, durante 2018, en México 52.4 millones de personas estaban en situación de pobreza, casi tres millones más que en 2008.

Lo preocupante fue que 61.1 millones de mexicanos no tuvieron ingresos suficientes para superar la línea de pobreza por ingreso: 6.4 millones más en ese lapso.

Todo ocurrió al mismo tiempo que se incrementó el presupuesto federal para el Ramo Administrativo etiquetado como Desarrollo Social: en 2007 fueron 35 mil millones de pesos; en 2013 superó 95 mil millones y en 2018 llegó a 106.6 mil millones de pesos.

La suma de los recursos presupuestados al Desarrollo Social entre 2008 y 2018 superó el billón de pesos. A pesar de ello, el número de pobres en México aumentó.

Lo anterior demuestra que el gasto social no puede resolver las fallas del modelo económico: en el caso de México, el bajo crecimiento, la informalidad, la precarización del mercado laboral y la ausencia de un entorno de seguridad adecuado para que las empresas aumenten su productividad, competitividad y beneficio social.

Pero la pobreza de México no se debe observar sólo en las cifras que cada dos años publica el Coneval, en realidad es más importante preguntarse por qué no se han atendido eficazmente las causas de la marginación.

Sin lugar a duda la marginación y precariedad tienen raíces históricas, no sólo atribuibles al modelo neoliberal.

El mal desempeño de los últimos 40 años, con el correspondiente daño al tejido social, sí es atribuible a un modelo que sigue vigente en la política económica.

La ausencia de un programa de desarrollo con visión de largo plazo, que tenga como objetivo central el interés nacional, que comprenda que la globalización es un mecanismo para alcanzar mayor desarrollo y no un objetivo, y que comprenda la necesidad de contar con una estrecha colaboración entre los sectores público, privado, académico y con la sociedad en general, representa una de las mayores carencias en nuestro México.

Actualmente, el país no participa como líder global porque no ha tenido la capacidad de resolver sus problemas históricos.

La agenda del país se separa de las tendencias tecnológicas, educativas, empresariales y aun de gobierno que dan fortaleza a las naciones desarrolladas. En realidad, converge a las antes denominadas subdesarrollo.

La pobreza de México es subordinarse a paradigmas foráneos, es la ausencia de un gobierno eficaz y de un sistema productivo globalmente competitivo formado por empresas nacionales.

La pobreza de México ha sido no contar con un Proyecto de Nación que resuelva la división que causaron las guerras intestinas del siglo XIX y que la Revolución de 1910 no logró solventar.

En pleno siglo XXI aún debemos definir un futuro para alcanzar un México Socialmente Incluyente con sólidas Bases Productivas y Competitivas.

El costo de la dependencia ha sido muy elevado para México. Estar supeditado a la “fuerza centrípeta” de Estados

Unidos ha pasado factura a la sociedad. No obstante, la subordinación al ciclo económico estadounidense no es lo más preocupante, en realidad es la punta del iceberg.

Lo más delicado es la ausencia de un Proyecto de Nación de largo plazo que genere cohesión a la diversidad que existe en el país.

De acuerdo con el Coneval, durante 2018, en México 52.4 millones de personas estaban en situación de pobreza, casi tres millones más que en 2008.

Lo preocupante fue que 61.1 millones de mexicanos no tuvieron ingresos suficientes para superar la línea de pobreza por ingreso: 6.4 millones más en ese lapso.

Todo ocurrió al mismo tiempo que se incrementó el presupuesto federal para el Ramo Administrativo etiquetado como Desarrollo Social: en 2007 fueron 35 mil millones de pesos; en 2013 superó 95 mil millones y en 2018 llegó a 106.6 mil millones de pesos.

La suma de los recursos presupuestados al Desarrollo Social entre 2008 y 2018 superó el billón de pesos. A pesar de ello, el número de pobres en México aumentó.

Lo anterior demuestra que el gasto social no puede resolver las fallas del modelo económico: en el caso de México, el bajo crecimiento, la informalidad, la precarización del mercado laboral y la ausencia de un entorno de seguridad adecuado para que las empresas aumenten su productividad, competitividad y beneficio social.

Pero la pobreza de México no se debe observar sólo en las cifras que cada dos años publica el Coneval, en realidad es más importante preguntarse por qué no se han atendido eficazmente las causas de la marginación.

Sin lugar a duda la marginación y precariedad tienen raíces históricas, no sólo atribuibles al modelo neoliberal.

El mal desempeño de los últimos 40 años, con el correspondiente daño al tejido social, sí es atribuible a un modelo que sigue vigente en la política económica.

La ausencia de un programa de desarrollo con visión de largo plazo, que tenga como objetivo central el interés nacional, que comprenda que la globalización es un mecanismo para alcanzar mayor desarrollo y no un objetivo, y que comprenda la necesidad de contar con una estrecha colaboración entre los sectores público, privado, académico y con la sociedad en general, representa una de las mayores carencias en nuestro México.

Actualmente, el país no participa como líder global porque no ha tenido la capacidad de resolver sus problemas históricos.

La agenda del país se separa de las tendencias tecnológicas, educativas, empresariales y aun de gobierno que dan fortaleza a las naciones desarrolladas. En realidad, converge a las antes denominadas subdesarrollo.

La pobreza de México es subordinarse a paradigmas foráneos, es la ausencia de un gobierno eficaz y de un sistema productivo globalmente competitivo formado por empresas nacionales.

La pobreza de México ha sido no contar con un Proyecto de Nación que resuelva la división que causaron las guerras intestinas del siglo XIX y que la Revolución de 1910 no logró solventar.

En pleno siglo XXI aún debemos definir un futuro para alcanzar un México Socialmente Incluyente con sólidas Bases Productivas y Competitivas.

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