/ domingo 28 de junio de 2020

Nuevos escenarios, nuevas reglas

En esta etapa en donde transitamos de la emergencia sanitaria hacia una “nueva normalidad” los objetivos son muy precisos: acotar el contagio de la epidemia y reactivar la economía. Entender que las reglas del juego han cambiado, que es urgente adaptarse a esta nueva realidad. En ese contexto ¿Cómo fortalecer la participación ciudadana en la búsqueda de la excelencia en los indicadores del bien común y el personal?

Coincidiremos que la respuesta a esta interrogante incluye un profundo cambio en la conciencia, en formas de participación de cada uno de los miembros de la población, desde los niños hasta los adultos mayores.

¿Cómo disminuir el potencial de la adversidad individual? Para meditar sobre ello traigo a manera de ejemplo tres casos de diferentes soluciones referente a lo colectivo. El primero, registrado de mi entorno escolar en la Universidad La Salle. Hace más de treinta años, padres de familia de la Escuela Preparatoria y Autoridades, iniciaron un Programa con gran significado, después remontado al ámbito de la licenciatura:

“Se aportaba una cuota periódica y en el caso de que falleciera el sostén económico que pagaba las colegiaturas, sus hijos terminaban sus estudios. Así de sencillo. Un caso, que mis padres recuerdan: “Una señora, a cargo de su hijo, se presentó a la Comunidad de Padres de Familia, llevaba una pañoleta cubriendo la falta de cabello como consecuencia de las “quimio”, expuso su prioridad y el escenario esperado y no deseado para su hijo… en el tema de las colegiaturas, se le dijo: “tranquila, tu hijo seguirá en la escuela” y así fue. Los tiempos cambian, sin duda ya son mejores y mayores concepciones.

También, escuché en mi juventud, que un grupo de compañeros de trabajo de una empresa, se pusieron de acuerdo, reunieron un fondo y compartieron riesgos relacionado con sus automóviles… se terminaron los fondos y ahí concluyó el trabajo en equipo. Se observa el punto fino, de la importancia del reaseguro, diferenciar los negocios de volumen y de precio, algunos utilizan ambos.

Expertos señalan del “reaseguro” que está vinculado a las compañías de seguros, que comparten con alguien, las cuotas y el riesgo hecho realidad, todo un mecanismo técnico, pero, captando su esencia: “muchos contribuyen con aportaciones individuales y en las pérdidas (las consecuencias negativas) al que le toca la de perder, le resulta menos oneroso… como todo, protocolos para quienes enreden el espíritu de protegernos y ayudarnos y querer “pasarse de listos”.

En esos tiempos, se comentaba que de 100 cooperativas de diversos enfoques solo un 2 o 3% perduraba. Desconozco las razones, si era tema de la oferta y demanda, de los retos de la administración financiera, o las coincidencias en metas, pero, las diferencias ideológicas y otras en el grupo que no llegaban a pertinentes negociaciones. Quizá, de lo más relevante de los indicadores, reiteramos el equilibrio entre el bien común y el personal.

En la transición después del Covid-19, la oportunidad de repasar en la “Protección y Ayuda Mutua”, ya sea, desde nuestro grupo de afinidad, de la edad, del ámbito laboral, familiar, de las vulnerabilidades o sus oportunidades, etc., tiene escenarios favorables, genera sentido de pertenencia, solidaridad y corresponsabilidad entre otros. ¿Cómo y en qué forma? Sin duda, de sus características, la fraternidad, solidaridad, la administración con expertos para lograr las mejores prácticas y focalizar los temas prioritarios. Cuidémonos, reanimemos la economía.


hazael.ruiz@hotmail.com

En esta etapa en donde transitamos de la emergencia sanitaria hacia una “nueva normalidad” los objetivos son muy precisos: acotar el contagio de la epidemia y reactivar la economía. Entender que las reglas del juego han cambiado, que es urgente adaptarse a esta nueva realidad. En ese contexto ¿Cómo fortalecer la participación ciudadana en la búsqueda de la excelencia en los indicadores del bien común y el personal?

Coincidiremos que la respuesta a esta interrogante incluye un profundo cambio en la conciencia, en formas de participación de cada uno de los miembros de la población, desde los niños hasta los adultos mayores.

¿Cómo disminuir el potencial de la adversidad individual? Para meditar sobre ello traigo a manera de ejemplo tres casos de diferentes soluciones referente a lo colectivo. El primero, registrado de mi entorno escolar en la Universidad La Salle. Hace más de treinta años, padres de familia de la Escuela Preparatoria y Autoridades, iniciaron un Programa con gran significado, después remontado al ámbito de la licenciatura:

“Se aportaba una cuota periódica y en el caso de que falleciera el sostén económico que pagaba las colegiaturas, sus hijos terminaban sus estudios. Así de sencillo. Un caso, que mis padres recuerdan: “Una señora, a cargo de su hijo, se presentó a la Comunidad de Padres de Familia, llevaba una pañoleta cubriendo la falta de cabello como consecuencia de las “quimio”, expuso su prioridad y el escenario esperado y no deseado para su hijo… en el tema de las colegiaturas, se le dijo: “tranquila, tu hijo seguirá en la escuela” y así fue. Los tiempos cambian, sin duda ya son mejores y mayores concepciones.

También, escuché en mi juventud, que un grupo de compañeros de trabajo de una empresa, se pusieron de acuerdo, reunieron un fondo y compartieron riesgos relacionado con sus automóviles… se terminaron los fondos y ahí concluyó el trabajo en equipo. Se observa el punto fino, de la importancia del reaseguro, diferenciar los negocios de volumen y de precio, algunos utilizan ambos.

Expertos señalan del “reaseguro” que está vinculado a las compañías de seguros, que comparten con alguien, las cuotas y el riesgo hecho realidad, todo un mecanismo técnico, pero, captando su esencia: “muchos contribuyen con aportaciones individuales y en las pérdidas (las consecuencias negativas) al que le toca la de perder, le resulta menos oneroso… como todo, protocolos para quienes enreden el espíritu de protegernos y ayudarnos y querer “pasarse de listos”.

En esos tiempos, se comentaba que de 100 cooperativas de diversos enfoques solo un 2 o 3% perduraba. Desconozco las razones, si era tema de la oferta y demanda, de los retos de la administración financiera, o las coincidencias en metas, pero, las diferencias ideológicas y otras en el grupo que no llegaban a pertinentes negociaciones. Quizá, de lo más relevante de los indicadores, reiteramos el equilibrio entre el bien común y el personal.

En la transición después del Covid-19, la oportunidad de repasar en la “Protección y Ayuda Mutua”, ya sea, desde nuestro grupo de afinidad, de la edad, del ámbito laboral, familiar, de las vulnerabilidades o sus oportunidades, etc., tiene escenarios favorables, genera sentido de pertenencia, solidaridad y corresponsabilidad entre otros. ¿Cómo y en qué forma? Sin duda, de sus características, la fraternidad, solidaridad, la administración con expertos para lograr las mejores prácticas y focalizar los temas prioritarios. Cuidémonos, reanimemos la economía.


hazael.ruiz@hotmail.com

domingo 28 de junio de 2020

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