/ lunes 11 de mayo de 2020

Obrador y su “familia mexicana”

¿Se imagina usted la trascendencia de que el Presidente solape la terrible realidad de que dos tercios de mujeres en este país sufren algún tipo de violencia por razón de su género? ¿y que la impunidad del feminicidio es sólo explicable por la magnitud de la omisión del Estado? Vergonzoso.

López Obrador señala en su cada vez más desgastada y mitómana mañanera, que la familia mexicana se distingue por su fraternidad y, por lo tanto, no puede ser cierto que las estén siendo violentadas en este confinamiento al que nos obliga la pandemia, porque desde su concepción chovinista tramposa, en México no sucede lo que en otros países, evidenciando una ignorancia supina respecto de que las causas de la violencia contra las mujeres no tiene nacionalidad, y sí un mismo origen de discriminación y desigualdad ancestral más allá del idioma, color de piel, condición social o fronteras.

Pretender encubrir la existencia de la violencia familiar que, con seguridad sufren muchas mujeres por parte de su violentador en este “quédate en casa”, es humillante.

Ante esta falta de respeto a todas nosotras y desde diversas organizaciones civiles de mujeres, de mujeres feministas y defensoras de derechos humanos, levantamos la voz recordándole que apenas el 7 y 8 de marzo salimos a protestar y exigir nuestro derecho a acceder a una vida sin violencias y de manera enérgica justicia frente al feminicidio; para decirlo claro: la violencia contra las mujeres, es un delito.

Sabiendo y negándola lo anterior, viéndolo crecer mes con mes y hacer caso omiso y no impedirlo siendo autoridad, es apología de delito.

Las mujeres integrantes de diversos partidos y de las inscritas en la organización civil no gubernamental y del movimiento feminista, no olvidamos nuestra historia y exigimos a las autoridades respeto al Estado de Derecho que hemos construido.

Lamentablemente las feministas que están en este gobierno, conocidas por su ímpetu insistencialista en otros sexenios, hoy las observamos aisladas, marginadas y sin influencia ante un mandatario que habla de una hipotética familia fraterna, mandando un patético mensaje a los poderes y los otros órdenes de gobierno.

Hoy muchos pueden tener la excusa para no ver el terror que muchas mujeres enfrentan al no poder huir o siquiera tomar el teléfono para pedir ayuda, porque son vigiladas las 24 horas; solo así se explica que no haya denuncias, vaya, es cuestión de sentido común.

Pero López Obrador es sumamente conservador y reactivo a los avances emancipadores de las mujeres y sus derechos; nos concibe desde un prototipo de sumisión y abnegación que es inadmisible.

Conviene recordar la contradicción de tesis del 92 (Octava Epoca de la Corte nacional) que legitimó la violación conyugal argumentando es un derecho derivado de un contrato civil, y la tesis del 94 ya en la Novena Epoca de la SCJN que corrigió esa ignominia haciendo justicia a las mujeres violadas por su cónyuge, ponencia de la que formó parte por cierto, preponderantemente la ex Ministra Sánchez Cordero.

¿Quiénes esbozan una sonrisa al oír al Presidente? No son las mujeres que no pueden levantar el teléfono para denunciar, que no pueden huir a ninguna parte y que hoy están sometidas por su violentador; esos tipos quienes hoy recibieron un espaldarazo del Presidente machista.

¿Se imagina usted la trascendencia de que el Presidente solape la terrible realidad de que dos tercios de mujeres en este país sufren algún tipo de violencia por razón de su género? ¿y que la impunidad del feminicidio es sólo explicable por la magnitud de la omisión del Estado? Vergonzoso.

López Obrador señala en su cada vez más desgastada y mitómana mañanera, que la familia mexicana se distingue por su fraternidad y, por lo tanto, no puede ser cierto que las estén siendo violentadas en este confinamiento al que nos obliga la pandemia, porque desde su concepción chovinista tramposa, en México no sucede lo que en otros países, evidenciando una ignorancia supina respecto de que las causas de la violencia contra las mujeres no tiene nacionalidad, y sí un mismo origen de discriminación y desigualdad ancestral más allá del idioma, color de piel, condición social o fronteras.

Pretender encubrir la existencia de la violencia familiar que, con seguridad sufren muchas mujeres por parte de su violentador en este “quédate en casa”, es humillante.

Ante esta falta de respeto a todas nosotras y desde diversas organizaciones civiles de mujeres, de mujeres feministas y defensoras de derechos humanos, levantamos la voz recordándole que apenas el 7 y 8 de marzo salimos a protestar y exigir nuestro derecho a acceder a una vida sin violencias y de manera enérgica justicia frente al feminicidio; para decirlo claro: la violencia contra las mujeres, es un delito.

Sabiendo y negándola lo anterior, viéndolo crecer mes con mes y hacer caso omiso y no impedirlo siendo autoridad, es apología de delito.

Las mujeres integrantes de diversos partidos y de las inscritas en la organización civil no gubernamental y del movimiento feminista, no olvidamos nuestra historia y exigimos a las autoridades respeto al Estado de Derecho que hemos construido.

Lamentablemente las feministas que están en este gobierno, conocidas por su ímpetu insistencialista en otros sexenios, hoy las observamos aisladas, marginadas y sin influencia ante un mandatario que habla de una hipotética familia fraterna, mandando un patético mensaje a los poderes y los otros órdenes de gobierno.

Hoy muchos pueden tener la excusa para no ver el terror que muchas mujeres enfrentan al no poder huir o siquiera tomar el teléfono para pedir ayuda, porque son vigiladas las 24 horas; solo así se explica que no haya denuncias, vaya, es cuestión de sentido común.

Pero López Obrador es sumamente conservador y reactivo a los avances emancipadores de las mujeres y sus derechos; nos concibe desde un prototipo de sumisión y abnegación que es inadmisible.

Conviene recordar la contradicción de tesis del 92 (Octava Epoca de la Corte nacional) que legitimó la violación conyugal argumentando es un derecho derivado de un contrato civil, y la tesis del 94 ya en la Novena Epoca de la SCJN que corrigió esa ignominia haciendo justicia a las mujeres violadas por su cónyuge, ponencia de la que formó parte por cierto, preponderantemente la ex Ministra Sánchez Cordero.

¿Quiénes esbozan una sonrisa al oír al Presidente? No son las mujeres que no pueden levantar el teléfono para denunciar, que no pueden huir a ninguna parte y que hoy están sometidas por su violentador; esos tipos quienes hoy recibieron un espaldarazo del Presidente machista.

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