/ miércoles 3 de agosto de 2022

Romerías y fraternales ferias de origen medieval

“La política y la religión volvían

peligrosos a los hombres

y el comercio los volvía sensatos”.

Edward Rutherfurd



En tanto Oaxaca de Juárez se prepara para la Octava de la Guelaguetza, fiesta ancestral que convoca a la fraternidad de las regiones que conforman el hoy estado de Oaxaca y que da lugar a una colorida fiesta, feria y tianguis en donde la convivencia de aromas, sabores, colores y música hermanan a los participantes, aquí, en Estrasburgo, como en algunas otras regiones de Francia, inicia la celebración de “La Grande Braderie” o la gran liquidación de productos agrícolas y comerciales cuyos orígenes se remontan al 15 de agosto de 1127, fecha en que el cronista flamenco Galbert Bruges consigna una primera feria con el fin de liquidar frente a las casas de agricultores, productores y comerciantes, el sobrante de cosechas y de productos embodegados.

En el caso de Alsacia, los primeros datos se ubican en una autorización del Emperador Federico I (Barba Roja), quien en 1153 otorga al abad de la villa de Altdorf organizar una feria en honor a la Asunción de María; años más tarde, en 1228, el Papa Gregorio IX reconoce el apoyo de los estrasburgueses a la Santa Sede en su lucha en contra del Emperador Federico II, otorgando la merced papal de poder organizar una feria cada 15 de agosto en honor a la patrona de la Catedral en construcción.

Un siglo más tarde, en 1336, el emperador Luis de Baviera autoriza la Gran Feria de San Martin (que duraba del 1 al 25 de noviembre) y años más tarde, en 1414, se autorizó la Feria de San Juan.

La competencia entre ciudades comerciales encuentra en la organización de romerías y ferias vertientes muy atractivas para impulsar su actividad económica, y en ello la ciudad de Lille se distingue por emitir el primer ordenamiento oficial para la organización de esos eventos, el cual data de agosto de 1446 en respuesta a la solicitud formal hecha por las diversas fraternidades o gremios a fin de “subastar o liquidar delante de nuestras casas las mercancías que ocupan lugar para la próxima cosecha y llegada de nuevos productos a nuestros establecimientos”; a tal petición correspondió una disposición reglamentaria fijando en ella la zona de la ciudad en la que esto podría llevarse a cabo, así como dimensiones de los puestos temporales, calidad y origen de la mercancía a “subastar o rematar”, control de venta para el pago de derecho del espacio de la ciudad, medidas de salud, de comportamiento y horario de operación: es así que se fija un principio de ordenamiento urbano para regular estas importantes actividades comerciales.

Con fundamento en dichas disposiciones, muchas ciudades y villas aplicaron ordenamientos similares, y en Estrasburgo se tiene constancia de la cancelación de ciertas ferias, como la de San Adelfo, cuyos excesos obligaron a su cabildo a la suspensión de la actividad a partir de 1549, en función a las quejas vecinales y a la acreditación del mal uso de la capilla de Santa Catarina como taberna ilegal, hecho que escandalizó a la población.

Es hasta 1611 que Estrasburgo ve obsequiadas sus peticiones por organizar una gran feria invernal, fue ese el año en el que se autoriza a sus gremios organizar en sus calles y plazas la “Christindelsmärik” o Feria de Navidad, cuya consolidada fama ha hecho que hasta nuestros días Estrasburgo sea considerada la Capital Mundial de la Navidad.

En tanto llegamos a esa gran fiesta, hoy 30 de julio otra feria, la “Grand Braderie” se adueñó del corazón de esta Capital Europea con más de 500 vendedores en la calle, todos los comercios establecidos con venta frente a sus tiendas, la presencia de más de 100 mil compradores venidos de todas partes y con un cálido ambiente multitudinario que acredita a plenitud la frase del novelista británico Rutherfurd, pues hoy el comercio hace sensata a la comunidad, logrando que se olviden política y religión y, sobre todo, la enorme tensión que actualmente se vive en este continente.

“La política y la religión volvían

peligrosos a los hombres

y el comercio los volvía sensatos”.

Edward Rutherfurd



En tanto Oaxaca de Juárez se prepara para la Octava de la Guelaguetza, fiesta ancestral que convoca a la fraternidad de las regiones que conforman el hoy estado de Oaxaca y que da lugar a una colorida fiesta, feria y tianguis en donde la convivencia de aromas, sabores, colores y música hermanan a los participantes, aquí, en Estrasburgo, como en algunas otras regiones de Francia, inicia la celebración de “La Grande Braderie” o la gran liquidación de productos agrícolas y comerciales cuyos orígenes se remontan al 15 de agosto de 1127, fecha en que el cronista flamenco Galbert Bruges consigna una primera feria con el fin de liquidar frente a las casas de agricultores, productores y comerciantes, el sobrante de cosechas y de productos embodegados.

En el caso de Alsacia, los primeros datos se ubican en una autorización del Emperador Federico I (Barba Roja), quien en 1153 otorga al abad de la villa de Altdorf organizar una feria en honor a la Asunción de María; años más tarde, en 1228, el Papa Gregorio IX reconoce el apoyo de los estrasburgueses a la Santa Sede en su lucha en contra del Emperador Federico II, otorgando la merced papal de poder organizar una feria cada 15 de agosto en honor a la patrona de la Catedral en construcción.

Un siglo más tarde, en 1336, el emperador Luis de Baviera autoriza la Gran Feria de San Martin (que duraba del 1 al 25 de noviembre) y años más tarde, en 1414, se autorizó la Feria de San Juan.

La competencia entre ciudades comerciales encuentra en la organización de romerías y ferias vertientes muy atractivas para impulsar su actividad económica, y en ello la ciudad de Lille se distingue por emitir el primer ordenamiento oficial para la organización de esos eventos, el cual data de agosto de 1446 en respuesta a la solicitud formal hecha por las diversas fraternidades o gremios a fin de “subastar o liquidar delante de nuestras casas las mercancías que ocupan lugar para la próxima cosecha y llegada de nuevos productos a nuestros establecimientos”; a tal petición correspondió una disposición reglamentaria fijando en ella la zona de la ciudad en la que esto podría llevarse a cabo, así como dimensiones de los puestos temporales, calidad y origen de la mercancía a “subastar o rematar”, control de venta para el pago de derecho del espacio de la ciudad, medidas de salud, de comportamiento y horario de operación: es así que se fija un principio de ordenamiento urbano para regular estas importantes actividades comerciales.

Con fundamento en dichas disposiciones, muchas ciudades y villas aplicaron ordenamientos similares, y en Estrasburgo se tiene constancia de la cancelación de ciertas ferias, como la de San Adelfo, cuyos excesos obligaron a su cabildo a la suspensión de la actividad a partir de 1549, en función a las quejas vecinales y a la acreditación del mal uso de la capilla de Santa Catarina como taberna ilegal, hecho que escandalizó a la población.

Es hasta 1611 que Estrasburgo ve obsequiadas sus peticiones por organizar una gran feria invernal, fue ese el año en el que se autoriza a sus gremios organizar en sus calles y plazas la “Christindelsmärik” o Feria de Navidad, cuya consolidada fama ha hecho que hasta nuestros días Estrasburgo sea considerada la Capital Mundial de la Navidad.

En tanto llegamos a esa gran fiesta, hoy 30 de julio otra feria, la “Grand Braderie” se adueñó del corazón de esta Capital Europea con más de 500 vendedores en la calle, todos los comercios establecidos con venta frente a sus tiendas, la presencia de más de 100 mil compradores venidos de todas partes y con un cálido ambiente multitudinario que acredita a plenitud la frase del novelista británico Rutherfurd, pues hoy el comercio hace sensata a la comunidad, logrando que se olviden política y religión y, sobre todo, la enorme tensión que actualmente se vive en este continente.