/ lunes 7 de mayo de 2018

Una nación fracturada

Por un lado, se tiene al México de la pobreza, en donde estados como Chiapas, Guerrero y Oaxaca son núcleos de una marginación que recuerda la inequidad existente en los años previos a la revolución de 1917. En dichas entidades la pobreza y la informalidad rebasan 70% de la población total. Su común denominador es la precariedad. En esta circunstancia viven 53 millones de mexicanos pobres.

En otra situación están los círculos regionales de alta productividad y competitividad, desde ahí se puede exportar a cualquier lugar del mundo. Regiones en donde se desarrollaron capacidades productivas de calidad mundial, lo cual permite que México sea la economía 15 del mundo.

En el México de hoy persisten realidades contradictorias, el bienestar basado en la modernidad y la pobreza en la precariedad. México no es un país pobre, es un país de pobres.El extremo es la existencia de una población de 24 millones de mexicanos en pobreza de hambre y sólo 500 mil personas que ganan más de 10 salarios mínimos. Los primeros no tienen para comer bien, los segundos ven el presente y futuro con mayor optimismo.

¿Cuál es la realidad de México? Todas. Son el resultado de un modelo económico de polarización, uno que pasó de un Estado de Bienestar Asistencialista a uno de Liberalización Económica Dogmática. Ambos le han fallado al país, no le han permitido cerrar las brechas existentes, por el contrario, la inequidad se amplió por la ausencia de una política económica que dé resultados en materia de crecimiento y desarrollo.

Dichos modelos han fallado porque durante 50 años han sido operados por un Estado Corporativo que puede mimetizarse para garantizar su prevalencia. Puede negar sus raíces si es necesario. Del Estado Rector pasó al Estado Neoliberal. En ninguno de los casos lo ha hecho con los criterios que reclama un verdadero compromiso con la sociedad.

El problema que México enfrenta en estos momentos es que ello ha propiciado contradicciones que atentan contra la estabilidad social, que han roto los lazos solidarios de un país históricamente caracterizado por la fraternidad y calidez de su gente, como lo han demostrado cuando los desastres naturales han rebasado a las instituciones públicas: la población, empresas y sociedad han debido hacerse cargo de resolver la emergencia.

La división atenta contra la viabilidad del Estado mexicano, básicamente porque no existen los mecanismos de diálogo, el Estado Corporativo nos enseñó sólo el blanco y negro.

Hoy, el Estado Corporativo corre el riesgo de transformarse en un Estado Fallido, un riesgo que no debe correr la población de la economía 15 del mundo, mucho menos cuando se recuerda lo perdido: a inicios de la década de los años 80 formó parte de una economía que era la octava del orbe y que en la década de los 70 del siglo pasado disfrutó de un crecimiento económico superior a 6%, con una inflación inferior a 2.5%. Una estabilidad macroeconómica basada en productividad.

En el proceso electoral actual los liderazgos sociales, ciudadanos, políticos, empresariales y académicos deberán surgir para evitar una fractura mayor, México merece un futuro mejor que el de la fragmentación social.

Por un lado, se tiene al México de la pobreza, en donde estados como Chiapas, Guerrero y Oaxaca son núcleos de una marginación que recuerda la inequidad existente en los años previos a la revolución de 1917. En dichas entidades la pobreza y la informalidad rebasan 70% de la población total. Su común denominador es la precariedad. En esta circunstancia viven 53 millones de mexicanos pobres.

En otra situación están los círculos regionales de alta productividad y competitividad, desde ahí se puede exportar a cualquier lugar del mundo. Regiones en donde se desarrollaron capacidades productivas de calidad mundial, lo cual permite que México sea la economía 15 del mundo.

En el México de hoy persisten realidades contradictorias, el bienestar basado en la modernidad y la pobreza en la precariedad. México no es un país pobre, es un país de pobres.El extremo es la existencia de una población de 24 millones de mexicanos en pobreza de hambre y sólo 500 mil personas que ganan más de 10 salarios mínimos. Los primeros no tienen para comer bien, los segundos ven el presente y futuro con mayor optimismo.

¿Cuál es la realidad de México? Todas. Son el resultado de un modelo económico de polarización, uno que pasó de un Estado de Bienestar Asistencialista a uno de Liberalización Económica Dogmática. Ambos le han fallado al país, no le han permitido cerrar las brechas existentes, por el contrario, la inequidad se amplió por la ausencia de una política económica que dé resultados en materia de crecimiento y desarrollo.

Dichos modelos han fallado porque durante 50 años han sido operados por un Estado Corporativo que puede mimetizarse para garantizar su prevalencia. Puede negar sus raíces si es necesario. Del Estado Rector pasó al Estado Neoliberal. En ninguno de los casos lo ha hecho con los criterios que reclama un verdadero compromiso con la sociedad.

El problema que México enfrenta en estos momentos es que ello ha propiciado contradicciones que atentan contra la estabilidad social, que han roto los lazos solidarios de un país históricamente caracterizado por la fraternidad y calidez de su gente, como lo han demostrado cuando los desastres naturales han rebasado a las instituciones públicas: la población, empresas y sociedad han debido hacerse cargo de resolver la emergencia.

La división atenta contra la viabilidad del Estado mexicano, básicamente porque no existen los mecanismos de diálogo, el Estado Corporativo nos enseñó sólo el blanco y negro.

Hoy, el Estado Corporativo corre el riesgo de transformarse en un Estado Fallido, un riesgo que no debe correr la población de la economía 15 del mundo, mucho menos cuando se recuerda lo perdido: a inicios de la década de los años 80 formó parte de una economía que era la octava del orbe y que en la década de los 70 del siglo pasado disfrutó de un crecimiento económico superior a 6%, con una inflación inferior a 2.5%. Una estabilidad macroeconómica basada en productividad.

En el proceso electoral actual los liderazgos sociales, ciudadanos, políticos, empresariales y académicos deberán surgir para evitar una fractura mayor, México merece un futuro mejor que el de la fragmentación social.

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