/ viernes 25 de agosto de 2023

[Entrevista] Arturo Sandoval valora los premios, pero más a su público

La Academia Latina de la Grabación otorgará un Premio especial a esta leyenda viviente, quien comparte con nosotros parte de sus vivencias y experiencias en la música

El amarillo abrillantado por la luna fría parecía preludiar la navegación galante entre escollos que merecían una pausa para la convocatoria de la trompeta, al paso que las redes de los arácnidos llevaban el soplo de la floresta por los laberintos de gemidos, por sospechas que se cumplimentaban picoteando en cada poro de la piel

- Paradiso, pag. 450

El primer recuerdo que tengo de su estudio es una pared repleta de cuadros, dibujos y fotos con otros músicos, pero donde sobresale un póster de un concierto que anuncia a Tito Puente.

Inmediatamente, puedo respirar el aroma de la música al ver en primer plano una trompeta al lado de Arturo Sandoval, libérrimo jazzista cubano que me permite platicar desde su casa en Nueva York.

Y mi primera pregunta es sobre si extraña el aroma y la nostalgia de la inmensa playa de Baracoa.

“Extraño todo de Cuba, pero hace 34 años que no me dejan entrar a mi país de origen. Y pienso que es una doble pérdida, tanto para mí, que quisiera ver mi país antes de morir, pero también para el pueblo cubano, que se pierde la libertad de la música que hago con tanta pasión”, me responde.


¿Y de alguna forma ha mantenido contacto con la cultura cubana desde Nueva York?

Trato de estar al tanto de las nuevas tendencias y sobre todo de los músicos jóvenes que no conocí cuando dejé la Isla. Pero escucho toda clase de música, no discrimino ningún estilo. Comencé hace 62 años, desde 1961. Al principio sólo tocaba música tradicional cubana en mi pueblito donde nací, en el interior de Cuba. Después logré una beca y estuve tres años tocando en el Conservatorio pura música clásica, ya que paradójicamente no se podía tocar nada más que música clásica en la escuela. Cuando salí de ahí toqué en una Orquesta grande tradicional y sólo unos años después alguien me enseñó el jazz … Era un periodista y me tocó un disco que era una recopilación de Charlie Parker y Dizzie Gillespie… ¡Y me cambió completamente mi mundo! Todavía no he podido entenderla completamente, pero lo sigo intentando.

Obviamente la inmensa figura de Dizzie puede provocar horas y horas de plática, pero prefiero comentarle que cuando escucho jazz mi mente viaja al universo paralelo de las palabras de uno de mis escritores favoritos: José Lezama Lima. Y pienso que aunque el régimen cubano restringe la creatividad de alguien como él, sucede con Lezama Lima como sucede con la figura de Sandoval.

“Qué curioso que menciones a Lima, porque tuve el honor de que me invitara Adriana Bosch para componer el score de un documental titulado Cartas a Eloisa, que cuenta las cartas que le escribió Lezama a su hermana en el exilio desde 1961 hasta la muerte del escritor en su casa de Trocadero, así como también relata el silencio sobre el artista posterior a su muerte… Para mí fue increíble adentrarme más en la obra de Lezama y sobresaltar su espíritu que plasmaba en las cartas a su hermana. El documental relata muy bien su vida y su obra, como lo que pasó en la historia particular política de Lezama Lima”.

¿Para ese documental compuso en piano o en la trompeta?

Creo que nunca he compuesto nada en la trompeta Siempre utilizo el piano. Incluso tengo dos conciertos para Orquesta y trompeta y ambos los hice en el piano, porque es el instrumento ideal para hacer arreglos, para componer y sobre todo para entender la música. La trompeta es limitada, mientras que el piano te permite manejar las armonías, los acordes y lograr progresiones, además de los fraseos. Creo que el piano es el mejor maestro que un músico puede tener.


Ya que lo menciona, ¿quién es su pianista favorito?

Oscar Peterson.

¿Y de clásico?

Hay una joven promesa, Yuja Wang y me gusta mucho Martha Argerich… ¡Y mi compositor favorito es Sergei Rachmaninov!

Interesante que mencionara a Argerich y el Concierto No. 2 de Rachmaninov como sus favoritos, algo en lo que coincidimos plenamente y que nos llevó unos minutos de plática, como a dos viejos amigos freaks hablando sobre sus obsesiones musicales… Luego mejor le pregunté si la sensibilidad de tocar jazz es diferente a la de hacer pop o música clásica.

Sí y no. Como dijo Duke Ellington, la música es sólo una, la buena. Toda la buena música se encuentra en un punto, pero la preparación que demandan los diferentes estilos es completamente diferente. No te puedes preparar para tocar jazz de la misma manera que para tocar un concierto clásico. Son diferentes la técnica, la proyección del sonido y las articulaciones y cómo uno proyecta las notas, por eso la preparación es completamente diferente.


“Lo que aprendí de Dizzie Gillespie fue el amor a la música… Fue una bendición haberlo conocido en La Habana y tocar con él antes de que falleciera. Es increíble cuando puedes hacerte amigo de tu ídolo y compartir escenarios y grabaciones”


¿Qué le aprendió al inmenso Dizzie Gillespie?

Lo primero que le aprendí fue el amor a la música… Siempre compartió con todos nosotros cómo vivió enamorado de la música. Fue una bendición haberlo conocido en mayo del ‘77, en La Habana. Y el siguiente año comencé a tocar con él antes que falleciera. Es increíble cuando puedes hacerte muy amigo de tu ídolo y compartir escenarios y grabaciones, eso me sucedió a mí y lo valoro enormemente… Cuando escucho sus discos siempre es una inspiración, pero mi compromiso con él y conmigo mismo es mantener viva la llama de la música que Dizzie creó, que es el bebop, uno de los más intrincados y complejos movimientos.

En ese momento me vino a la mente un Festival de Jazz en Cancún de hace algunas décadas, cuando Arturo Sandoval cerraba un día cerca de la tarde regalándonos más de cinco horas de un fantástico concierto que rebasaba por completo la organización del incipiente Festival. Arturo tocaba y tocaba, y cada encore era sólo el inicio de otra larga improvisación y de varios temas mezclados con ritmos latinos y su querido bebop.

Considerado como una leyenda viviente, Arturo Sandoval no sólo ha trascendido cómo músico, sino también como estandarte de los cubanos en el exilio, completando inclusive una serie en HBO donde Andy García lo interpreta como la gran figura cubana en el exilio.


Este año la Academia del Grammy latino lo celebra al lado de otras figuras como Santiago Santaolalla y Alex Acuña en un homenaje a su trayectoria musical.

Me da gusto el reconocimiento, por supuesto, pero lo más importante para mí es ver al público en cada uno de mis conciertos, disfrutar lo que hago para ellos… Todos los reconocimientos no se parecen a esa relación con el público y con tu pasión por hacer lo mejor posible lo que te apasiona.

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Me despedí de Arturo cómo lo hacen los viejos amigos, con un dejo de que alguna vez nos volveremos a ver, pero de que lo que hemos vivido es suficiente para construir puentes duraderos.

Arturo Sandoval ha hecho precisamente eso, construir un impresionante edificio con un amor a la tradición al haber aprendido de los mejores. Ojalá todos tuviéramos la oportunidad de tomar de nuestros maestros de la misma forma para no transformar al mundo, sino vivir en él de la mejor forma como Jose Cemí vive en su Paradiso sensual y barroco... Como el sonido de una trompeta.



El amarillo abrillantado por la luna fría parecía preludiar la navegación galante entre escollos que merecían una pausa para la convocatoria de la trompeta, al paso que las redes de los arácnidos llevaban el soplo de la floresta por los laberintos de gemidos, por sospechas que se cumplimentaban picoteando en cada poro de la piel

- Paradiso, pag. 450

El primer recuerdo que tengo de su estudio es una pared repleta de cuadros, dibujos y fotos con otros músicos, pero donde sobresale un póster de un concierto que anuncia a Tito Puente.

Inmediatamente, puedo respirar el aroma de la música al ver en primer plano una trompeta al lado de Arturo Sandoval, libérrimo jazzista cubano que me permite platicar desde su casa en Nueva York.

Y mi primera pregunta es sobre si extraña el aroma y la nostalgia de la inmensa playa de Baracoa.

“Extraño todo de Cuba, pero hace 34 años que no me dejan entrar a mi país de origen. Y pienso que es una doble pérdida, tanto para mí, que quisiera ver mi país antes de morir, pero también para el pueblo cubano, que se pierde la libertad de la música que hago con tanta pasión”, me responde.


¿Y de alguna forma ha mantenido contacto con la cultura cubana desde Nueva York?

Trato de estar al tanto de las nuevas tendencias y sobre todo de los músicos jóvenes que no conocí cuando dejé la Isla. Pero escucho toda clase de música, no discrimino ningún estilo. Comencé hace 62 años, desde 1961. Al principio sólo tocaba música tradicional cubana en mi pueblito donde nací, en el interior de Cuba. Después logré una beca y estuve tres años tocando en el Conservatorio pura música clásica, ya que paradójicamente no se podía tocar nada más que música clásica en la escuela. Cuando salí de ahí toqué en una Orquesta grande tradicional y sólo unos años después alguien me enseñó el jazz … Era un periodista y me tocó un disco que era una recopilación de Charlie Parker y Dizzie Gillespie… ¡Y me cambió completamente mi mundo! Todavía no he podido entenderla completamente, pero lo sigo intentando.

Obviamente la inmensa figura de Dizzie puede provocar horas y horas de plática, pero prefiero comentarle que cuando escucho jazz mi mente viaja al universo paralelo de las palabras de uno de mis escritores favoritos: José Lezama Lima. Y pienso que aunque el régimen cubano restringe la creatividad de alguien como él, sucede con Lezama Lima como sucede con la figura de Sandoval.

“Qué curioso que menciones a Lima, porque tuve el honor de que me invitara Adriana Bosch para componer el score de un documental titulado Cartas a Eloisa, que cuenta las cartas que le escribió Lezama a su hermana en el exilio desde 1961 hasta la muerte del escritor en su casa de Trocadero, así como también relata el silencio sobre el artista posterior a su muerte… Para mí fue increíble adentrarme más en la obra de Lezama y sobresaltar su espíritu que plasmaba en las cartas a su hermana. El documental relata muy bien su vida y su obra, como lo que pasó en la historia particular política de Lezama Lima”.

¿Para ese documental compuso en piano o en la trompeta?

Creo que nunca he compuesto nada en la trompeta Siempre utilizo el piano. Incluso tengo dos conciertos para Orquesta y trompeta y ambos los hice en el piano, porque es el instrumento ideal para hacer arreglos, para componer y sobre todo para entender la música. La trompeta es limitada, mientras que el piano te permite manejar las armonías, los acordes y lograr progresiones, además de los fraseos. Creo que el piano es el mejor maestro que un músico puede tener.


Ya que lo menciona, ¿quién es su pianista favorito?

Oscar Peterson.

¿Y de clásico?

Hay una joven promesa, Yuja Wang y me gusta mucho Martha Argerich… ¡Y mi compositor favorito es Sergei Rachmaninov!

Interesante que mencionara a Argerich y el Concierto No. 2 de Rachmaninov como sus favoritos, algo en lo que coincidimos plenamente y que nos llevó unos minutos de plática, como a dos viejos amigos freaks hablando sobre sus obsesiones musicales… Luego mejor le pregunté si la sensibilidad de tocar jazz es diferente a la de hacer pop o música clásica.

Sí y no. Como dijo Duke Ellington, la música es sólo una, la buena. Toda la buena música se encuentra en un punto, pero la preparación que demandan los diferentes estilos es completamente diferente. No te puedes preparar para tocar jazz de la misma manera que para tocar un concierto clásico. Son diferentes la técnica, la proyección del sonido y las articulaciones y cómo uno proyecta las notas, por eso la preparación es completamente diferente.


“Lo que aprendí de Dizzie Gillespie fue el amor a la música… Fue una bendición haberlo conocido en La Habana y tocar con él antes de que falleciera. Es increíble cuando puedes hacerte amigo de tu ídolo y compartir escenarios y grabaciones”


¿Qué le aprendió al inmenso Dizzie Gillespie?

Lo primero que le aprendí fue el amor a la música… Siempre compartió con todos nosotros cómo vivió enamorado de la música. Fue una bendición haberlo conocido en mayo del ‘77, en La Habana. Y el siguiente año comencé a tocar con él antes que falleciera. Es increíble cuando puedes hacerte muy amigo de tu ídolo y compartir escenarios y grabaciones, eso me sucedió a mí y lo valoro enormemente… Cuando escucho sus discos siempre es una inspiración, pero mi compromiso con él y conmigo mismo es mantener viva la llama de la música que Dizzie creó, que es el bebop, uno de los más intrincados y complejos movimientos.

En ese momento me vino a la mente un Festival de Jazz en Cancún de hace algunas décadas, cuando Arturo Sandoval cerraba un día cerca de la tarde regalándonos más de cinco horas de un fantástico concierto que rebasaba por completo la organización del incipiente Festival. Arturo tocaba y tocaba, y cada encore era sólo el inicio de otra larga improvisación y de varios temas mezclados con ritmos latinos y su querido bebop.

Considerado como una leyenda viviente, Arturo Sandoval no sólo ha trascendido cómo músico, sino también como estandarte de los cubanos en el exilio, completando inclusive una serie en HBO donde Andy García lo interpreta como la gran figura cubana en el exilio.


Este año la Academia del Grammy latino lo celebra al lado de otras figuras como Santiago Santaolalla y Alex Acuña en un homenaje a su trayectoria musical.

Me da gusto el reconocimiento, por supuesto, pero lo más importante para mí es ver al público en cada uno de mis conciertos, disfrutar lo que hago para ellos… Todos los reconocimientos no se parecen a esa relación con el público y con tu pasión por hacer lo mejor posible lo que te apasiona.

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Me despedí de Arturo cómo lo hacen los viejos amigos, con un dejo de que alguna vez nos volveremos a ver, pero de que lo que hemos vivido es suficiente para construir puentes duraderos.

Arturo Sandoval ha hecho precisamente eso, construir un impresionante edificio con un amor a la tradición al haber aprendido de los mejores. Ojalá todos tuviéramos la oportunidad de tomar de nuestros maestros de la misma forma para no transformar al mundo, sino vivir en él de la mejor forma como Jose Cemí vive en su Paradiso sensual y barroco... Como el sonido de una trompeta.



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