/ viernes 8 de septiembre de 2023

Del "te voy a desheredar" al morir intestado: mitos y realidades sobre el testamento

Tener un testamento es un logro, en especial si tomamos en cuenta que hay más de 90 millones de mexicanos quienes muy probablemente morirán intestados

Te voy a desheredar” y la amenaza se quedaba flotando ante la mirada incrédula de la esposa y los hijos. “Y nunca obtendrán un centavo de mí”. Esta escena la hemos visto con más o menos variantes en casi cualquier película, serie y hasta libros.

Desheredar no sólo era cerrar cualquier posibilidad al patrimonio: constituía una amenaza sobre dejar de ser considerado parte de la familia, de ser prácticamente un paria ante los ojos de los padres.

El tratamiento del testamento en las series, películas o cualquier otra obra de ficción siempre es en la antesala de la muerte, una forma en que se ajustaban cuentas, se daban perdones o se materializaba el castigo.

Te puede interesar: Septiembre, mes del testamento: ¿cómo escoger bien a nuestro albacea?

Mucha gente se quedó con esa sensación y por eso escuchar “testamento” es casi un sinónimo de “me voy a morir”, o peor, “ya quieren que me muera”. Necesitamos redefinir la importancia del testamento.

¿Por qué es importante el testamento?

El primer mito a eliminar es equiparar al testamento a una antesala de la muerte, cuando es un acto jurídico, solemne y personalísimo para reflejar nuestra voluntad sobre la disposición de nuestros bienes y derechos, lo que significa que no sólo tiene una dimensión jurídica sino también emocional, porque hacemos patente nuestro reconocimiento heredando a nuestros seres queridos el fruto de nuestro trabajo.

Por eso también tener un testamento es un logro, en especial si tomamos en cuenta que hay más de 90 millones de mexicanos quienes muy probablemente morirán intestados.

Ahora bien, tomemos en cuenta que no hay mexicano que no tenga un archivero, cajón de escritorio o caja con papeles “para revisar”: contratos bancarios sin beneficiarios actualizados, pólizas de seguro con beneficiarios que radican fuera del país, documentos sin certificar -como la CURP-, papeles oficiales con formas diferentes de escribir nuestro nombre.

Generalmente, el testamento entra en esa categoría y aquí hay un segundo mito. Tener testamento no es un acto único en la vida, ni un trofeo al “yo ya cumplí”.

Todo lo contrario: es una herramienta jurídica que nos permite evolucionar conforme nuestra propia vida y -al menos- debe ser revisado o actualizado en cinco momentos definitorios:

  • Nacimiento de los hijos: Al momento en que una pareja -casada o no- tenga hijos es vital el cuidado tanto del cónyuge como de los descendientes. No sólo es dejar los bienes que se tengan -ya sea dinero, alguna propiedad, derechos de autor, entre otros- también es fundamental establecer potenciales tutores que cuiden a los hijos si los dos padres faltaran. Designar tutores requiere de plena comunicación y confianza. Muchas veces, los abuelos o los tíos se enfadan por no ser la primera opción, sin embargo, además de la disposición son necesarios los recursos de tiempo, financieros y emocionales para poder hacer frente a este compromiso

  • Mayoría de edad de los hijos: Una vez que los hijos son mayores de edad, la situación familiar cambia en dos sentidos: ya no son necesarios los tutores y la pareja puede preguntarse cómo quieren ordenar su legado y quiénes son sus potenciales herederos.
    En una primera fase de familia, lo tradicional entre los cónyuges es heredar uno al otro; en una segunda etapa, generalmente se busca heredar a los hijos y esto debe quedar asentado en el testamento, de lo contrario, puede haber un doble impuesto por traslado de dominio: primero de un cónyuge al otro y luego hacia los hijos.

  • Nuevas etapas de vida: Un divorcio, un nuevo matrimonio con hijos, el inicio de un negocio, la adquisición de un nuevo bien, la firma de una deuda de largo plazo son eventos que tienen un impacto en la vida propia y del círculo cercano. Es importante que el testamento se adecúe a estas nuevas circunstancias para evitar potenciales conflictos entre los herederos.

  • Cambio generacional en la empresa familiar: Para lograr que el patrimonio familiar no muera con el fundador del negocio es fundamental la preparación de la siguiente generación para la adecuada administración de esa herencia que eventualmente tendrán. Lo tradicional es enfocar el tema en lo meramente operativo, perdiendo de vista que no es lo mismo ser administrador que ser accionista o ser dueño de la empresa.
    El testamento tiene alcances para cuidar el patrimonio compartido -aunque no sustituye las herramientas de institucionalización, como el protocolo familiar o el Consejo de Familia. Aquí lo ideal es que el testamento tenga un enfoque holístico para que todos los futuros herederos tengan una sólida comprensión de sus responsabilidades futuras en el negocio de la familia.

  • Nuevos miembros de la familia: Ninguna decisión personal -propia o ajena- puede ser motivo de sanción en un testamento y aquí nos referimos a ejemplos como el casamiento de una de nuestras hijas con un hombre que no nos gusta o que el hijo decida emprender su carrera conforme sus intereses en vez de enfocarse a ser el próximo director general de nuestro negocio.

El testamento no debe ser una camisa de fuerza ni un instrumento de control para condicionar a nuestros herederos. Lo ideal siempre será partir de los principios de de la herencia que trasciende: armonía, responsabilidad, empatía y protección para evitar un rompimiento familiar que no sólo implique un distanciamiento o un extrañamiento, sino la quiebra de un patrimonio que costó el trabajo y la dedicación de generaciones anteriores.

Además de estos momentos que imponen repensar nuestro legado, se suma el último mito a quitar: no hay un “derecho de nacimiento” a la herencia.

Mientras que en Francia, Alemania, España, Italia, Argentina, Bolivia y Chile existe “la legítima”, donde considera a los hijos, esposa y en algunos casos, a los padres como herederos obligados de una porción del patrimonio, en México tenemos la libre disposición de la herencia.

El trámite del testamento lo puede hacer cualquier ciudadano mayor de 16 años, aún si no tiene propiedades ni herederos al momento de realizarlo. | Foto: Victoria Valtierra / Cuartoscuro

Esta libre disposición de la herencia permite que las personas dispongan libremente de su patrimonio, aunque la tradición y la cultura genera las expectativas sobre los hijos, que son inevitables, y por eso es fundamental dejar de ver al testamento como un “derecho” pero tampoco es una amenaza cuando las cosas no salen como queremos.

Lo ideal siempre será contar con asesoría para tener una planeación para establecer las condiciones para promover paz, tranquilidad y concordia entre los herederos, entendiendo que la armonía no es la ausencia del conflicto sino la capacidad de manejarlo de una manera asertiva.

Una adecuada planeación testamentaria no es para evitar los roces familiares- van a ser inevitables- sino tomar la decisión correcta desde un punto de vista objetivo.

Bajo este principio, el testamento nunca es un documento escrito en piedra, inmutable y rígido, porque nuestra vida tampoco lo es. Es un instrumento de planificación en el que las familias se pueden apoyar para dejar un legado que trascienda de manera efectiva y positiva.

*Guillermo Monroy es experto en herencias, legados y fideicomisos. Autor del libro “Cómo hacer que su herencia trascienda”. Contacto: gmonroy@horizontemx.com


Te voy a desheredar” y la amenaza se quedaba flotando ante la mirada incrédula de la esposa y los hijos. “Y nunca obtendrán un centavo de mí”. Esta escena la hemos visto con más o menos variantes en casi cualquier película, serie y hasta libros.

Desheredar no sólo era cerrar cualquier posibilidad al patrimonio: constituía una amenaza sobre dejar de ser considerado parte de la familia, de ser prácticamente un paria ante los ojos de los padres.

El tratamiento del testamento en las series, películas o cualquier otra obra de ficción siempre es en la antesala de la muerte, una forma en que se ajustaban cuentas, se daban perdones o se materializaba el castigo.

Te puede interesar: Septiembre, mes del testamento: ¿cómo escoger bien a nuestro albacea?

Mucha gente se quedó con esa sensación y por eso escuchar “testamento” es casi un sinónimo de “me voy a morir”, o peor, “ya quieren que me muera”. Necesitamos redefinir la importancia del testamento.

¿Por qué es importante el testamento?

El primer mito a eliminar es equiparar al testamento a una antesala de la muerte, cuando es un acto jurídico, solemne y personalísimo para reflejar nuestra voluntad sobre la disposición de nuestros bienes y derechos, lo que significa que no sólo tiene una dimensión jurídica sino también emocional, porque hacemos patente nuestro reconocimiento heredando a nuestros seres queridos el fruto de nuestro trabajo.

Por eso también tener un testamento es un logro, en especial si tomamos en cuenta que hay más de 90 millones de mexicanos quienes muy probablemente morirán intestados.

Ahora bien, tomemos en cuenta que no hay mexicano que no tenga un archivero, cajón de escritorio o caja con papeles “para revisar”: contratos bancarios sin beneficiarios actualizados, pólizas de seguro con beneficiarios que radican fuera del país, documentos sin certificar -como la CURP-, papeles oficiales con formas diferentes de escribir nuestro nombre.

Generalmente, el testamento entra en esa categoría y aquí hay un segundo mito. Tener testamento no es un acto único en la vida, ni un trofeo al “yo ya cumplí”.

Todo lo contrario: es una herramienta jurídica que nos permite evolucionar conforme nuestra propia vida y -al menos- debe ser revisado o actualizado en cinco momentos definitorios:

  • Nacimiento de los hijos: Al momento en que una pareja -casada o no- tenga hijos es vital el cuidado tanto del cónyuge como de los descendientes. No sólo es dejar los bienes que se tengan -ya sea dinero, alguna propiedad, derechos de autor, entre otros- también es fundamental establecer potenciales tutores que cuiden a los hijos si los dos padres faltaran. Designar tutores requiere de plena comunicación y confianza. Muchas veces, los abuelos o los tíos se enfadan por no ser la primera opción, sin embargo, además de la disposición son necesarios los recursos de tiempo, financieros y emocionales para poder hacer frente a este compromiso

  • Mayoría de edad de los hijos: Una vez que los hijos son mayores de edad, la situación familiar cambia en dos sentidos: ya no son necesarios los tutores y la pareja puede preguntarse cómo quieren ordenar su legado y quiénes son sus potenciales herederos.
    En una primera fase de familia, lo tradicional entre los cónyuges es heredar uno al otro; en una segunda etapa, generalmente se busca heredar a los hijos y esto debe quedar asentado en el testamento, de lo contrario, puede haber un doble impuesto por traslado de dominio: primero de un cónyuge al otro y luego hacia los hijos.

  • Nuevas etapas de vida: Un divorcio, un nuevo matrimonio con hijos, el inicio de un negocio, la adquisición de un nuevo bien, la firma de una deuda de largo plazo son eventos que tienen un impacto en la vida propia y del círculo cercano. Es importante que el testamento se adecúe a estas nuevas circunstancias para evitar potenciales conflictos entre los herederos.

  • Cambio generacional en la empresa familiar: Para lograr que el patrimonio familiar no muera con el fundador del negocio es fundamental la preparación de la siguiente generación para la adecuada administración de esa herencia que eventualmente tendrán. Lo tradicional es enfocar el tema en lo meramente operativo, perdiendo de vista que no es lo mismo ser administrador que ser accionista o ser dueño de la empresa.
    El testamento tiene alcances para cuidar el patrimonio compartido -aunque no sustituye las herramientas de institucionalización, como el protocolo familiar o el Consejo de Familia. Aquí lo ideal es que el testamento tenga un enfoque holístico para que todos los futuros herederos tengan una sólida comprensión de sus responsabilidades futuras en el negocio de la familia.

  • Nuevos miembros de la familia: Ninguna decisión personal -propia o ajena- puede ser motivo de sanción en un testamento y aquí nos referimos a ejemplos como el casamiento de una de nuestras hijas con un hombre que no nos gusta o que el hijo decida emprender su carrera conforme sus intereses en vez de enfocarse a ser el próximo director general de nuestro negocio.

El testamento no debe ser una camisa de fuerza ni un instrumento de control para condicionar a nuestros herederos. Lo ideal siempre será partir de los principios de de la herencia que trasciende: armonía, responsabilidad, empatía y protección para evitar un rompimiento familiar que no sólo implique un distanciamiento o un extrañamiento, sino la quiebra de un patrimonio que costó el trabajo y la dedicación de generaciones anteriores.

Además de estos momentos que imponen repensar nuestro legado, se suma el último mito a quitar: no hay un “derecho de nacimiento” a la herencia.

Mientras que en Francia, Alemania, España, Italia, Argentina, Bolivia y Chile existe “la legítima”, donde considera a los hijos, esposa y en algunos casos, a los padres como herederos obligados de una porción del patrimonio, en México tenemos la libre disposición de la herencia.

El trámite del testamento lo puede hacer cualquier ciudadano mayor de 16 años, aún si no tiene propiedades ni herederos al momento de realizarlo. | Foto: Victoria Valtierra / Cuartoscuro

Esta libre disposición de la herencia permite que las personas dispongan libremente de su patrimonio, aunque la tradición y la cultura genera las expectativas sobre los hijos, que son inevitables, y por eso es fundamental dejar de ver al testamento como un “derecho” pero tampoco es una amenaza cuando las cosas no salen como queremos.

Lo ideal siempre será contar con asesoría para tener una planeación para establecer las condiciones para promover paz, tranquilidad y concordia entre los herederos, entendiendo que la armonía no es la ausencia del conflicto sino la capacidad de manejarlo de una manera asertiva.

Una adecuada planeación testamentaria no es para evitar los roces familiares- van a ser inevitables- sino tomar la decisión correcta desde un punto de vista objetivo.

Bajo este principio, el testamento nunca es un documento escrito en piedra, inmutable y rígido, porque nuestra vida tampoco lo es. Es un instrumento de planificación en el que las familias se pueden apoyar para dejar un legado que trascienda de manera efectiva y positiva.

*Guillermo Monroy es experto en herencias, legados y fideicomisos. Autor del libro “Cómo hacer que su herencia trascienda”. Contacto: gmonroy@horizontemx.com


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