/ martes 22 de octubre de 2019

Ajo y Agua | Los directivos, culpables

El futbol mexicano se encuentra en peores condiciones a las que muchos imaginaban, no sólo por lo ocurrido en Veracruz, sino también en San Luis Potosí: no me cansaré de señalar a los dirigentes, porque lo sucedido es responsabilidad de ellos.

El fin de semana presenciamos un hecho histórico en el futbol mexicano, aunque vergonzoso, ya que, penosamente y contrario a lo que inicialmente se pretendía, dejó muy mala imagen en el resto del mundo. Lo sucedido el sábado, en el estadio Luis "Pirata" Fuente, durante el encuentro entre Veracruz y Tigres, evidencia que nuestro futbol se encuentra en peores condiciones de lo que muchos creían.

A lo anterior se agregan los actos de violencia sufridos en las gradas durante el encuentro entre Atlético de San Luis y Querétaro. Ya no sólo hablamos de las malas decisiones que han tomado algunos directivos. No me canso ni me cansaré de señalarlos, porque lo sucedido dentro y fuera del terreno de juego, tanto en Veracruz como en San Luis, es responsabilidad de ellos.

Vergonzoso y hasta doloroso me resultó ver como Tigres anotó dos goles mientras los jugadores de Veracruz permanecían inmóviles, como medida de protesta al maltrato que sufren como jugadores profesionales, con retrasos en sus pagos y condiciones precarias para entrenar, como ellos mismos denunciaron al término del encuentro.

Cómo es posible que no se hayan podido poner de acuerdo antes de iniciar el partido. Tratándose del mismo idioma, no hay lugar para el malentendido entre el tiempo acordado para no jugar. Verdaderamente era algo serio, que a la larga no sólo beneficiaría a los jugadores del Veracruz, sino de todo el futbol mexicano.

¿Por qué no tenderle la mano al necesitado? Bueno, pues porque el jugador mexicano sigue siendo un peón en el juego de ajedrez entre algunos directivos. No dudo que algunos jugadores de Tigres hubieran estado dispuestos a ayudar a sus compañeros de profesión, pero debemos recordar que ellos sólo pueden seguir órdenes.

¿En qué parte del mundo podría verse un hecho como este? Sin temor a equivocarme, considero que en ninguno, al menos no a nivel profesional, porque hasta el árbitro Fernando Hernández se equivocó al no suspender el partido en cuanto vio que los equipos no estaban dispuestos a jugar. Peor aún, al reanudar el encuentro después del primer tanto, firmado por el chileno Eduardo Vargas, con tiro desde fuera del área, al igual que el francés André Pierre Gignac, quien, de esta forma, poco ética, llegó a 100 goles en nuestro futbol.

A ellos dos les pregunto dónde está el Fair Play, y también les recuerdo que no hace mucho el argentino Marcelo Bielsa, técnico del Leeds United, ordenó a sus jugadores que se dejaran anotar un gol, luego de que se hicieran presentes en el marcador mientras un jugador del Aston Villa se encontraba lesionado sobre el césped. Y no fue en un partido amistoso, fue en el que definía uno de los ascensos directos a la Primera División del futbol de Inglaterra.

Gusto me dio presenciar en directo, meses después, cómo Bielsa recibió el premio The Best, otorgado por la FIFA al Fair Play. Qué pena que en el futbol mexicano no se tengan las agallas para defender lo justo, pero peor aún que no exista solidaridad entre los jugadores. Ya sea por desinterés o falta de organización, pero volvió a quedar demostrado que en el futbol mexicano todo puede pasar, como la multipropiedad de equipos y hasta dueños con televisoras propias.

Hace un par de semanas, en este espacio, mencioné el hecho de que jugadores que militan en Europa comiencen a regresar a la Selección Nacional tras llegar a un acuerdo con la Federación Mexicana en cuanto a la repartición de ganancias por derechos de imagen. Recordarán que hice énfasis en ese acuerdo para saber si los jugadores verdaderamente habían aceptado por conveniencia o porque se habían visto obligados.

Lo sucedido en el puerto de Veracruz deja muchas cosas qué desear. Después de tantos años de lucha e injusticias, realmente parecía que la fecha 14 del Apertura 2019 quedaría escrita en la historia como el fin de semana en el que los jugadores se apoderaran del balón, pero no fue así.

Días previos, cuando se comenzó a rumorar que los jugadores del Veracruz se estaban poniendo en contacto con los capitanes de los otros equipos para pedir apoyo, realmente pensé que había llegado el momento para unirnos y llevar nuestro futbol a una mejor etapa, pero sólo confirmó que necesitamos más que una revolución.

Siempre lo he dicho y lo sostengo, porque tengo las amígdalas para alzar la voz, como también lo hago para exigir a las autoridades mayores medidas de seguridad en nuestros estadios. No cabe duda de que lo que está aconteciendo en el futbol mexicano es el fiel reflejo de cómo esta nuestra sociedad.

Lo que debió ser un partido en paz, con la previa plantación de un olivo, se vio manchado por una fuerte pelea entre aficionados del Atlético de San Luis y Querétaro, que terminó en la invasión del terreno de juego, poniendo en riesgo la vida de familias enteras, que acuden acompañadas de sus hijos para mostrarles las cosas maravillosas que tiene este deporte.

¡Que te lo digo yo!

El futbol mexicano se encuentra en peores condiciones a las que muchos imaginaban, no sólo por lo ocurrido en Veracruz, sino también en San Luis Potosí: no me cansaré de señalar a los dirigentes, porque lo sucedido es responsabilidad de ellos.

El fin de semana presenciamos un hecho histórico en el futbol mexicano, aunque vergonzoso, ya que, penosamente y contrario a lo que inicialmente se pretendía, dejó muy mala imagen en el resto del mundo. Lo sucedido el sábado, en el estadio Luis "Pirata" Fuente, durante el encuentro entre Veracruz y Tigres, evidencia que nuestro futbol se encuentra en peores condiciones de lo que muchos creían.

A lo anterior se agregan los actos de violencia sufridos en las gradas durante el encuentro entre Atlético de San Luis y Querétaro. Ya no sólo hablamos de las malas decisiones que han tomado algunos directivos. No me canso ni me cansaré de señalarlos, porque lo sucedido dentro y fuera del terreno de juego, tanto en Veracruz como en San Luis, es responsabilidad de ellos.

Vergonzoso y hasta doloroso me resultó ver como Tigres anotó dos goles mientras los jugadores de Veracruz permanecían inmóviles, como medida de protesta al maltrato que sufren como jugadores profesionales, con retrasos en sus pagos y condiciones precarias para entrenar, como ellos mismos denunciaron al término del encuentro.

Cómo es posible que no se hayan podido poner de acuerdo antes de iniciar el partido. Tratándose del mismo idioma, no hay lugar para el malentendido entre el tiempo acordado para no jugar. Verdaderamente era algo serio, que a la larga no sólo beneficiaría a los jugadores del Veracruz, sino de todo el futbol mexicano.

¿Por qué no tenderle la mano al necesitado? Bueno, pues porque el jugador mexicano sigue siendo un peón en el juego de ajedrez entre algunos directivos. No dudo que algunos jugadores de Tigres hubieran estado dispuestos a ayudar a sus compañeros de profesión, pero debemos recordar que ellos sólo pueden seguir órdenes.

¿En qué parte del mundo podría verse un hecho como este? Sin temor a equivocarme, considero que en ninguno, al menos no a nivel profesional, porque hasta el árbitro Fernando Hernández se equivocó al no suspender el partido en cuanto vio que los equipos no estaban dispuestos a jugar. Peor aún, al reanudar el encuentro después del primer tanto, firmado por el chileno Eduardo Vargas, con tiro desde fuera del área, al igual que el francés André Pierre Gignac, quien, de esta forma, poco ética, llegó a 100 goles en nuestro futbol.

A ellos dos les pregunto dónde está el Fair Play, y también les recuerdo que no hace mucho el argentino Marcelo Bielsa, técnico del Leeds United, ordenó a sus jugadores que se dejaran anotar un gol, luego de que se hicieran presentes en el marcador mientras un jugador del Aston Villa se encontraba lesionado sobre el césped. Y no fue en un partido amistoso, fue en el que definía uno de los ascensos directos a la Primera División del futbol de Inglaterra.

Gusto me dio presenciar en directo, meses después, cómo Bielsa recibió el premio The Best, otorgado por la FIFA al Fair Play. Qué pena que en el futbol mexicano no se tengan las agallas para defender lo justo, pero peor aún que no exista solidaridad entre los jugadores. Ya sea por desinterés o falta de organización, pero volvió a quedar demostrado que en el futbol mexicano todo puede pasar, como la multipropiedad de equipos y hasta dueños con televisoras propias.

Hace un par de semanas, en este espacio, mencioné el hecho de que jugadores que militan en Europa comiencen a regresar a la Selección Nacional tras llegar a un acuerdo con la Federación Mexicana en cuanto a la repartición de ganancias por derechos de imagen. Recordarán que hice énfasis en ese acuerdo para saber si los jugadores verdaderamente habían aceptado por conveniencia o porque se habían visto obligados.

Lo sucedido en el puerto de Veracruz deja muchas cosas qué desear. Después de tantos años de lucha e injusticias, realmente parecía que la fecha 14 del Apertura 2019 quedaría escrita en la historia como el fin de semana en el que los jugadores se apoderaran del balón, pero no fue así.

Días previos, cuando se comenzó a rumorar que los jugadores del Veracruz se estaban poniendo en contacto con los capitanes de los otros equipos para pedir apoyo, realmente pensé que había llegado el momento para unirnos y llevar nuestro futbol a una mejor etapa, pero sólo confirmó que necesitamos más que una revolución.

Siempre lo he dicho y lo sostengo, porque tengo las amígdalas para alzar la voz, como también lo hago para exigir a las autoridades mayores medidas de seguridad en nuestros estadios. No cabe duda de que lo que está aconteciendo en el futbol mexicano es el fiel reflejo de cómo esta nuestra sociedad.

Lo que debió ser un partido en paz, con la previa plantación de un olivo, se vio manchado por una fuerte pelea entre aficionados del Atlético de San Luis y Querétaro, que terminó en la invasión del terreno de juego, poniendo en riesgo la vida de familias enteras, que acuden acompañadas de sus hijos para mostrarles las cosas maravillosas que tiene este deporte.

¡Que te lo digo yo!

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