/ lunes 5 de agosto de 2019

El mensaje del PIB a la 4T

La semana que terminó entregó una dosis de cifras que, en principio, debió permitir la elaboración de un análisis objetivo sobre la situación que enfrentan la economía y sociedad mexicana.

El magro crecimiento del PIB anunciado por el Inegi fue el más relevante y esperado sobre el estado que guarda la economía. De igual forma, el más polémico.

La variación trimestral de 0.1 por ciento o el aumento anual de 0.4 por ciento contienen un mensaje claro y poco debatible: la desaceleración propició un estancamiento que ya cubre el primer semestre de 2019.

Hay un segundo aspecto a considerar: no hay una perspectiva de cambio en dicha tendencia: el tercer trimestre del año continuará reportando información poco favorable para la segunda economía de América Latina.

Se puede entender la posición política que se desprendiódel resultado citado: la visión desde el gobierno no puede ser otra que observar el vaso medio lleno. El 0.1 por ciento se presentó como un éxito que alejó al fantasma de la recesión, pero ¿realmente se puede considerar que es correcto?

Se debe tener claro, el Inegi publicó el PIB adelantado, una medición con información muy preliminar, una métrica que se modificará el próximo 23 de agosto cuando el Inegi cuente con más datos sobre lo que ocurrió en el segundo trimestre, particularmente en junio. No debería existir sorpresa si la cifra pasa a terreno negativo, ¿por qué es posible? Se debe recordar que el Indicador Global de la Actividad Económica de abril y mayo arrojó un crecimiento promedio ligeramente inferior a cero por ciento.

Por lo tanto, si lo publicado para el PIB es correcto, junio debió arrojar un crecimiento relativamente vigoroso para elevar el promedio a 0.4 por ciento en el trimestre.

Pero ¿qué pasó en junio? El IMSS reportó una reducción de 14 mil trabajadores afiliados a la institución. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público informó una caída en la inversión física y el gasto operativo de todo el sector público federal, así como en la recaudación de IVA y en sus ingresos petroleros.

El Inegi publicó la fuerte contracción en la importación de bienes de capital (inversión en maquinaria y equipo) y en la compra al exterior de insumos intermedios. Todo ello es un indicativo de lo que ocurrió en el sector industrial, tanto en materia de producción como en comercio al por mayor y transporte.

El organismo mostró que la tasa de desocupación comenzó a elevarse modestamente, pero que la precarización del mercado laboral se incrementó sustancialmente.

Todo ello afecta las compras en el mercado interno.

Lo más probable es que las cifras del PIB que se publicarán en agosto tenderán a presentar un resultado distinto a 0.1 por ciento, de otra forma la contabilidad nacional tendrá que presentar una explicación razonable, una que la información disponible no permite observar.

Hay un hecho adicional a considerar: el anuncio del programa contingente de reactivación económica realizado por el Gobierno de México. Los 485 mil millones de pesos del programa no son una cifra menor, en realidad reflejan que la economía se encuentra fuera del escenario oficial previsto.

Por ello, será necesario que el discurso político ceda espacio a la estrategia económica de reactivación. Sin mayor crecimiento, la 4T no podrá implementar exitosamente sus programas de gobierno, no contará con la estabilidad económica, social y política que ello requiere.

La semana que terminó entregó una dosis de cifras que, en principio, debió permitir la elaboración de un análisis objetivo sobre la situación que enfrentan la economía y sociedad mexicana.

El magro crecimiento del PIB anunciado por el Inegi fue el más relevante y esperado sobre el estado que guarda la economía. De igual forma, el más polémico.

La variación trimestral de 0.1 por ciento o el aumento anual de 0.4 por ciento contienen un mensaje claro y poco debatible: la desaceleración propició un estancamiento que ya cubre el primer semestre de 2019.

Hay un segundo aspecto a considerar: no hay una perspectiva de cambio en dicha tendencia: el tercer trimestre del año continuará reportando información poco favorable para la segunda economía de América Latina.

Se puede entender la posición política que se desprendiódel resultado citado: la visión desde el gobierno no puede ser otra que observar el vaso medio lleno. El 0.1 por ciento se presentó como un éxito que alejó al fantasma de la recesión, pero ¿realmente se puede considerar que es correcto?

Se debe tener claro, el Inegi publicó el PIB adelantado, una medición con información muy preliminar, una métrica que se modificará el próximo 23 de agosto cuando el Inegi cuente con más datos sobre lo que ocurrió en el segundo trimestre, particularmente en junio. No debería existir sorpresa si la cifra pasa a terreno negativo, ¿por qué es posible? Se debe recordar que el Indicador Global de la Actividad Económica de abril y mayo arrojó un crecimiento promedio ligeramente inferior a cero por ciento.

Por lo tanto, si lo publicado para el PIB es correcto, junio debió arrojar un crecimiento relativamente vigoroso para elevar el promedio a 0.4 por ciento en el trimestre.

Pero ¿qué pasó en junio? El IMSS reportó una reducción de 14 mil trabajadores afiliados a la institución. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público informó una caída en la inversión física y el gasto operativo de todo el sector público federal, así como en la recaudación de IVA y en sus ingresos petroleros.

El Inegi publicó la fuerte contracción en la importación de bienes de capital (inversión en maquinaria y equipo) y en la compra al exterior de insumos intermedios. Todo ello es un indicativo de lo que ocurrió en el sector industrial, tanto en materia de producción como en comercio al por mayor y transporte.

El organismo mostró que la tasa de desocupación comenzó a elevarse modestamente, pero que la precarización del mercado laboral se incrementó sustancialmente.

Todo ello afecta las compras en el mercado interno.

Lo más probable es que las cifras del PIB que se publicarán en agosto tenderán a presentar un resultado distinto a 0.1 por ciento, de otra forma la contabilidad nacional tendrá que presentar una explicación razonable, una que la información disponible no permite observar.

Hay un hecho adicional a considerar: el anuncio del programa contingente de reactivación económica realizado por el Gobierno de México. Los 485 mil millones de pesos del programa no son una cifra menor, en realidad reflejan que la economía se encuentra fuera del escenario oficial previsto.

Por ello, será necesario que el discurso político ceda espacio a la estrategia económica de reactivación. Sin mayor crecimiento, la 4T no podrá implementar exitosamente sus programas de gobierno, no contará con la estabilidad económica, social y política que ello requiere.

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