/ sábado 5 de junio de 2021

El peso de uno solo

A lo largo del mundo se realinean prioridades e intenciones personales hacia una forma de vida que nos permita enfrentar con mejores herramientas un escenario como el que hemos vivido este año y medio.

Desde la forma de trabajar, pasando por la de comunicarnos, hasta la de movernos por el planeta, millones de seres humanos están decididos a no ser los mismos una vez que puedan retornar a las calles con mayor seguridad sanitaria.

Esos cambios de actitud traerán modificaciones económicas a gran escala, que se sumará a las adaptaciones que tendremos que hacer en general para atender cualquier brote epidémico que, hoy sabemos, puede extenderse rápidamente y sin fronteras.

Quiénes seremos una vez que dejemos las restricciones sanitarias y hacia dónde nos dirijimos son las preguntas que se responderan pronto en muchas naciones.

Con todo y la pandemia, han surgido cambios que advierten una coordinación social distinta, más enfocada en tratar de resolver problemas de fondo y en darle sentido a la vida a partir de mejorar la relación con el entorno inmediato.

Lo cierto es que los avances civiles que experimentamos en muchas ocasiones inician en el peso que tiene un individuo o un grupo reducido en comparación con el resto de nosotros para impulsar nuevos comportamientos.

Estos van pasando de persona a persona y toman fuerza para que el nuevo hábito de asiente en una mayoría que lo convierte en una regla que se respeta.

Es un efecto parecido a las porras en los estadios o a la repetición de esa "ola" que inventamos en México para demostrar al mundo que no importa la cantidad de personas, con la motivación suficiente éstas pueden colaborar.

Pero hasta la mejor celebración masiva comienza con una o algunas personas que toman esa iniciativa. Creo que al mundo le pasa igual y hay un puñado que ha "contagiado" a cientos, ellos a miles, y posiblemente luego a millones que estamos llegando a conclusiones similares.

Cuidar los recursos finitos del planeta, diseñar nuevos espacios públicos y privados, preservar la salud con buenas prácticas de alimentación y ejercicio, trabajar cerca de la familia, son intenciones y acciones que se están volviendo requisitos de vida de muchas y de muchos.

Revisar las prioridades profesionales y empatarlas con las personales, siempre una meta difícil, sobre todo para grupos específicos de la población, puede ser el gran aporte que deje la pandemia. Aprovechar la coyuntura y ajustar modelos y esquemas en el mundo puede también ser un punto de quiebre en la manera en que producimos y consumimos.

Además, debemos estar atentos a los impactos que niñas y niños, adolescentes y jóvenes han tenido durante esta emergencia para atender fenómenos educativos y de convivencia que pudieran haberse visto alterados por estos meses de confinamiento.

Ellos han enfrentado una experiencia que recordarán por muchos años, pero que no debe ser una que marque, sino que apoye a una formación de conciencia que, tal vez,otras generaciones no tuvimos.

Atravesar por estas nuevas condiciones puede establecer esas coincidencias entre edades, puentes generacionales que no teníamos y que en otros momento no eran concebibles.

Al fin y al cabo, todos hemos estado juntos en esto, a veces en el mismo espacio donde aprovechamos para conocernos y entendernos.

Este nuevo núcleo social, este poder de uno o de unos que de está gestando en hogares y vecindarios podría convertirse en un parteaguas para una verdadera colaboración ciudadana preocupada por el bien común.

Todos los días leemos reportes de sociedades que están modificando las fibras más complejas de su identidad para abrir otras vías de entendimiento y comunidad.

De ser positivas y enfocadas en una convivencia en paz y tranquilidad, estas modificaciones que trajo el virus que nos puso al borde en cada rincón del mundo, pueden ser los cimientos de una época de progreso y prosperidad para nosotros. Cada uno aportemos lo que nos toca.


A lo largo del mundo se realinean prioridades e intenciones personales hacia una forma de vida que nos permita enfrentar con mejores herramientas un escenario como el que hemos vivido este año y medio.

Desde la forma de trabajar, pasando por la de comunicarnos, hasta la de movernos por el planeta, millones de seres humanos están decididos a no ser los mismos una vez que puedan retornar a las calles con mayor seguridad sanitaria.

Esos cambios de actitud traerán modificaciones económicas a gran escala, que se sumará a las adaptaciones que tendremos que hacer en general para atender cualquier brote epidémico que, hoy sabemos, puede extenderse rápidamente y sin fronteras.

Quiénes seremos una vez que dejemos las restricciones sanitarias y hacia dónde nos dirijimos son las preguntas que se responderan pronto en muchas naciones.

Con todo y la pandemia, han surgido cambios que advierten una coordinación social distinta, más enfocada en tratar de resolver problemas de fondo y en darle sentido a la vida a partir de mejorar la relación con el entorno inmediato.

Lo cierto es que los avances civiles que experimentamos en muchas ocasiones inician en el peso que tiene un individuo o un grupo reducido en comparación con el resto de nosotros para impulsar nuevos comportamientos.

Estos van pasando de persona a persona y toman fuerza para que el nuevo hábito de asiente en una mayoría que lo convierte en una regla que se respeta.

Es un efecto parecido a las porras en los estadios o a la repetición de esa "ola" que inventamos en México para demostrar al mundo que no importa la cantidad de personas, con la motivación suficiente éstas pueden colaborar.

Pero hasta la mejor celebración masiva comienza con una o algunas personas que toman esa iniciativa. Creo que al mundo le pasa igual y hay un puñado que ha "contagiado" a cientos, ellos a miles, y posiblemente luego a millones que estamos llegando a conclusiones similares.

Cuidar los recursos finitos del planeta, diseñar nuevos espacios públicos y privados, preservar la salud con buenas prácticas de alimentación y ejercicio, trabajar cerca de la familia, son intenciones y acciones que se están volviendo requisitos de vida de muchas y de muchos.

Revisar las prioridades profesionales y empatarlas con las personales, siempre una meta difícil, sobre todo para grupos específicos de la población, puede ser el gran aporte que deje la pandemia. Aprovechar la coyuntura y ajustar modelos y esquemas en el mundo puede también ser un punto de quiebre en la manera en que producimos y consumimos.

Además, debemos estar atentos a los impactos que niñas y niños, adolescentes y jóvenes han tenido durante esta emergencia para atender fenómenos educativos y de convivencia que pudieran haberse visto alterados por estos meses de confinamiento.

Ellos han enfrentado una experiencia que recordarán por muchos años, pero que no debe ser una que marque, sino que apoye a una formación de conciencia que, tal vez,otras generaciones no tuvimos.

Atravesar por estas nuevas condiciones puede establecer esas coincidencias entre edades, puentes generacionales que no teníamos y que en otros momento no eran concebibles.

Al fin y al cabo, todos hemos estado juntos en esto, a veces en el mismo espacio donde aprovechamos para conocernos y entendernos.

Este nuevo núcleo social, este poder de uno o de unos que de está gestando en hogares y vecindarios podría convertirse en un parteaguas para una verdadera colaboración ciudadana preocupada por el bien común.

Todos los días leemos reportes de sociedades que están modificando las fibras más complejas de su identidad para abrir otras vías de entendimiento y comunidad.

De ser positivas y enfocadas en una convivencia en paz y tranquilidad, estas modificaciones que trajo el virus que nos puso al borde en cada rincón del mundo, pueden ser los cimientos de una época de progreso y prosperidad para nosotros. Cada uno aportemos lo que nos toca.