/ lunes 8 de abril de 2019

Errores de gobierno= costos sociales

La experiencia muestra la escasa precisión que tienen los arquitectos de la política económica en la formulación de sus pronósticos, al menos para el primer año de gobierno: los errores han sido constantes y de magnitud considerable ¿Quién sufre los costos? La sociedad.

Septiembre de 2008, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) envío los Criterios Generales de Política Económica al Congreso de la Unión: se previó un aumento del PIB de tres por ciento para 2009.

Desde la óptica del gobierno no existía la posibilidad de que México entrará en recesión. El titular de la SHCP había descalificado dicha contingencia: en el peor de los casos la economía sufriría de un “catarrito”.

Para octubre de 2008 la evidencia obligó a una corrección a la baja, pero prevalecía el optimismo en los pronósticos oficiales: en 2009 el PIB creció 1.8 por ciento.

¿Cuál fue la realidad? Todos conocemos lo que pasó, México atravesó la segunda peor crisis desde 1929: en 2009 la economía nacional cayó (-) 5.3 por ciento.

El error fue significativo, pero no el único. En 2000, en la transición del primer gobierno emanado de la oposición, se presentó una perspectiva de crecimiento económico positiva. Para 2001, el primer año de Vicente Fox, se pronóstico un incremento de 4.5 por ciento. Nuevamente la realidad fue distinta: hubo una caída de (-) 0.4 por ciento y México vivió dos años más de estancamiento.

Lamentablemente lo último se conjugó con otro error, el de diciembre de 1994. Existieron voces que anticiparon lo que finalmente ocurrió. Rudiger Dornbusch, el ya fallecido profesor del MIT, alertó sobre la falacia de la fortaleza del peso mexicano, básicamente su cotización era insostenible por el elevado endeudamiento de la economía nacional. No fue la única voz, pero sí la más conocida.

La negación de la realidad y el manejo inadecuado de la economía provocaron que en 1995 la economía sufriera la mayor caída desde 1929: (-) 6.3 por ciento. El error fue enorme: en los Criterios Generales de Política Económica se estimó un crecimiento de cuatro por ciento para 1995.

La anterior administración no fue la excepción, aunque la discrepancia sí fue menor: habían estimado un aumento del PIB de 3.5 por ciento y el observado fue 1.35 por ciento. Su mayor yerro estuvo en otro punto: estimó que las reformas estructurales propiciarían un crecimiento del PIB superior a cinco por ciento en 2018, el resultado del fue de solo dos por ciento.

La evidencia es contundente y la lección debería ser clara: las estimaciones macroeconómicas para el primer año de gobierno han carecido de precisión.

El resultado es austeridad: se deben hacer ajustes a la baja. En otras palabras, la sociedad y economía mexicana terminan por ser sujetas a la aplicación de recortes al gasto social y a la construcción de infraestructura.

La consecuencia es lógica, una precarización de la economía. El modesto crecimiento del PIB y la austeridad son una consecuencia de los errores de gobierno. Ello ha creado una sociedad que se ha hecho dependiente de la filantropía privada y del asistencialismo del gasto social.

¿Qué ocurrirá en este 2019? El primer ajuste a la baja ya llegó. Si se mantiene la lógica del modelo neoliberal ya se conoce la consecuencia para el segundo año de gobierno: sin cambios la inercia se impondrá, ya ha ocupado posiciones.

La experiencia muestra la escasa precisión que tienen los arquitectos de la política económica en la formulación de sus pronósticos, al menos para el primer año de gobierno: los errores han sido constantes y de magnitud considerable ¿Quién sufre los costos? La sociedad.

Septiembre de 2008, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) envío los Criterios Generales de Política Económica al Congreso de la Unión: se previó un aumento del PIB de tres por ciento para 2009.

Desde la óptica del gobierno no existía la posibilidad de que México entrará en recesión. El titular de la SHCP había descalificado dicha contingencia: en el peor de los casos la economía sufriría de un “catarrito”.

Para octubre de 2008 la evidencia obligó a una corrección a la baja, pero prevalecía el optimismo en los pronósticos oficiales: en 2009 el PIB creció 1.8 por ciento.

¿Cuál fue la realidad? Todos conocemos lo que pasó, México atravesó la segunda peor crisis desde 1929: en 2009 la economía nacional cayó (-) 5.3 por ciento.

El error fue significativo, pero no el único. En 2000, en la transición del primer gobierno emanado de la oposición, se presentó una perspectiva de crecimiento económico positiva. Para 2001, el primer año de Vicente Fox, se pronóstico un incremento de 4.5 por ciento. Nuevamente la realidad fue distinta: hubo una caída de (-) 0.4 por ciento y México vivió dos años más de estancamiento.

Lamentablemente lo último se conjugó con otro error, el de diciembre de 1994. Existieron voces que anticiparon lo que finalmente ocurrió. Rudiger Dornbusch, el ya fallecido profesor del MIT, alertó sobre la falacia de la fortaleza del peso mexicano, básicamente su cotización era insostenible por el elevado endeudamiento de la economía nacional. No fue la única voz, pero sí la más conocida.

La negación de la realidad y el manejo inadecuado de la economía provocaron que en 1995 la economía sufriera la mayor caída desde 1929: (-) 6.3 por ciento. El error fue enorme: en los Criterios Generales de Política Económica se estimó un crecimiento de cuatro por ciento para 1995.

La anterior administración no fue la excepción, aunque la discrepancia sí fue menor: habían estimado un aumento del PIB de 3.5 por ciento y el observado fue 1.35 por ciento. Su mayor yerro estuvo en otro punto: estimó que las reformas estructurales propiciarían un crecimiento del PIB superior a cinco por ciento en 2018, el resultado del fue de solo dos por ciento.

La evidencia es contundente y la lección debería ser clara: las estimaciones macroeconómicas para el primer año de gobierno han carecido de precisión.

El resultado es austeridad: se deben hacer ajustes a la baja. En otras palabras, la sociedad y economía mexicana terminan por ser sujetas a la aplicación de recortes al gasto social y a la construcción de infraestructura.

La consecuencia es lógica, una precarización de la economía. El modesto crecimiento del PIB y la austeridad son una consecuencia de los errores de gobierno. Ello ha creado una sociedad que se ha hecho dependiente de la filantropía privada y del asistencialismo del gasto social.

¿Qué ocurrirá en este 2019? El primer ajuste a la baja ya llegó. Si se mantiene la lógica del modelo neoliberal ya se conoce la consecuencia para el segundo año de gobierno: sin cambios la inercia se impondrá, ya ha ocupado posiciones.

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