/ viernes 29 de julio de 2022

Homicidios a la baja 

De acuerdo con estimaciones del INEGI los homicidios dolosos han empezado a registrar una tendencia a la baja en el país; luego de varios años en los que se habían estancado en número, es decir, no subían, pero tampoco descendían de manera notoria.

Detrás de estos resultados está la dedicación de muchas y muchos servidores públicos, entre ellos miles de policías, guardias nacionales, soldados y marinos, entre otros, que todos los días dedican su trabajo -y arriesgan sus vidas- para construir la paz y la tranquilidad en todo el territorio nacional.

No es una tarea sencilla, porque demanda estar al pendiente de la seguridad pública desde muy temprano, coordinar a diferentes instancias de inmediato y actuar con rapidez, al mismo tiempo que con prudencia; además de atacar las causas que provocan las conductas antisociales que tanto nos afectan. Eso es lo que pacifica de raíz y hace que el efecto sea duradero. Prácticamente no hay descanso y eso es lo que requiere detener la violencia que se gestó durante tanto tiempo.

Las cifras son alentadoras y brindan un comienzo que también trae esperanza. No ha tardado mucho la suspicacia y la incredulidad sobre este indicador, pero será difícil desestimarlo por el rigor con el que está elaborado. A la par, es una ratificación de que la estrategia nacional funciona.

Durante muchos años la desconfianza, nuestra principal enfermedad social, hizo que hasta los mejores números llevaran una carga por la falta de legitimidad de las administraciones que las presentaban e incluso las elaboraban, porque chocaban con una realidad distinta a la de las calles.

¿Cuál es la diferencia ahora? Primero, la reunión de voluntades, que no es poco. Sentar a la mesa cada madrugada a los tres niveles de gobierno y replicar el modelo de lunes a domingo es una medida inédita en materia de seguridad. Por experiencias anteriores, como consejero presidente de una organización civil enfocada en la atención a víctimas y a la prevención del delito, tuve la oportunidad de establecer mesas de trabajo similares, cada semana, que evaluaban avances y se tomaban decisiones ante los retrocesos, y era una labor inmensa, ahora imaginemos lo que representa hacerlo a nivel del país.

En segundo lugar, la atención a los grupos sociales más vulnerables, en particular las y los jóvenes, que son la fuente de recursos humanos de organizaciones delictivas que no tienen ningún miramiento para utilizarlos y desecharlos, porque tenían claro que antes no había ninguna opción para ellos; ese proceso de descomposición se ha detenido y ahora nuestra tarea, la de todos, gobierno y ciudadanía, debe ser revertirlo completamente.

Un tercer factor son la voluntad y el compromiso para que la paz esté por encima de la violencia. Reclamo principal de los mexicanos, la inseguridad se hizo un negocio tristemente redituable que provocó la indolencia y la omisión de muchos responsables de combatir los delitos y de prevenirlos.

Los datos preliminares del INEGI (https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2022/DH/DH2021.pdf) reflejan que vamos por una ruta correcta, que diariamente elegimos todos los que estamos convencidos de que nuestro país cuenta con una riqueza social y moral que sobrepasa con crecer el deterioro ocasionado por malas decisiones y peores prácticas.

Lo que sigue es aportar para que esa tendencia siga cayendo y eso se logrará continuando con el combate a la impunidad, la coordinación de autoridades y ciudadanos, la comunicación entre gobiernos y la colaboración de todos.

De acuerdo con estimaciones del INEGI los homicidios dolosos han empezado a registrar una tendencia a la baja en el país; luego de varios años en los que se habían estancado en número, es decir, no subían, pero tampoco descendían de manera notoria.

Detrás de estos resultados está la dedicación de muchas y muchos servidores públicos, entre ellos miles de policías, guardias nacionales, soldados y marinos, entre otros, que todos los días dedican su trabajo -y arriesgan sus vidas- para construir la paz y la tranquilidad en todo el territorio nacional.

No es una tarea sencilla, porque demanda estar al pendiente de la seguridad pública desde muy temprano, coordinar a diferentes instancias de inmediato y actuar con rapidez, al mismo tiempo que con prudencia; además de atacar las causas que provocan las conductas antisociales que tanto nos afectan. Eso es lo que pacifica de raíz y hace que el efecto sea duradero. Prácticamente no hay descanso y eso es lo que requiere detener la violencia que se gestó durante tanto tiempo.

Las cifras son alentadoras y brindan un comienzo que también trae esperanza. No ha tardado mucho la suspicacia y la incredulidad sobre este indicador, pero será difícil desestimarlo por el rigor con el que está elaborado. A la par, es una ratificación de que la estrategia nacional funciona.

Durante muchos años la desconfianza, nuestra principal enfermedad social, hizo que hasta los mejores números llevaran una carga por la falta de legitimidad de las administraciones que las presentaban e incluso las elaboraban, porque chocaban con una realidad distinta a la de las calles.

¿Cuál es la diferencia ahora? Primero, la reunión de voluntades, que no es poco. Sentar a la mesa cada madrugada a los tres niveles de gobierno y replicar el modelo de lunes a domingo es una medida inédita en materia de seguridad. Por experiencias anteriores, como consejero presidente de una organización civil enfocada en la atención a víctimas y a la prevención del delito, tuve la oportunidad de establecer mesas de trabajo similares, cada semana, que evaluaban avances y se tomaban decisiones ante los retrocesos, y era una labor inmensa, ahora imaginemos lo que representa hacerlo a nivel del país.

En segundo lugar, la atención a los grupos sociales más vulnerables, en particular las y los jóvenes, que son la fuente de recursos humanos de organizaciones delictivas que no tienen ningún miramiento para utilizarlos y desecharlos, porque tenían claro que antes no había ninguna opción para ellos; ese proceso de descomposición se ha detenido y ahora nuestra tarea, la de todos, gobierno y ciudadanía, debe ser revertirlo completamente.

Un tercer factor son la voluntad y el compromiso para que la paz esté por encima de la violencia. Reclamo principal de los mexicanos, la inseguridad se hizo un negocio tristemente redituable que provocó la indolencia y la omisión de muchos responsables de combatir los delitos y de prevenirlos.

Los datos preliminares del INEGI (https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2022/DH/DH2021.pdf) reflejan que vamos por una ruta correcta, que diariamente elegimos todos los que estamos convencidos de que nuestro país cuenta con una riqueza social y moral que sobrepasa con crecer el deterioro ocasionado por malas decisiones y peores prácticas.

Lo que sigue es aportar para que esa tendencia siga cayendo y eso se logrará continuando con el combate a la impunidad, la coordinación de autoridades y ciudadanos, la comunicación entre gobiernos y la colaboración de todos.