/ miércoles 2 de marzo de 2022

La Cuauhtémoc: administración de pelotas y sin rumbo

Sin embargo se mueve


Pareciera que se ha instalado todo un sistema para recortarnos el espíritu, para convertirnos en tierra fértil del autoritarismo.

Juan Gelman


Surgida de la tenebra política tejida en pos de sostener cotos de poder y de presión política, el resultado del proceso electoral de 2021 en la Alcaldía Cuauhtémoc colocó en la titularidad de su Gobierno a una candidata prácticamente desconocida, apoyada por la alianza confesa entre PRD, PAN y PRI con una conjura oculta que apunta a intereses distintos y muy distantes a las palestras política e ideológica.

El sorprendente triunfo de Sandra Cuevas sobre una curtida y experimentada Dolores Padierna hizo correr mucha tinta entre los sesudos analistas políticos del país y de la capital, muchos de los cuales no quisieron aventurarse a calificar el triunfo de la candidata aliancista y prefirieron focalizarse en el fracaso de la candidata morenista.

Sin embargo, sus primeros desplantes y el excesivo boato exhibido desde el “coctel del triunfo” hasta la “toma de protesta” culminaron con un montaje escenográfico y elitista que preconizaba una “administración-producto” más que un gobierno contrastante con el trienio anterior y el gobierno de la Ciudad.

Las voces de alerta y de reclamo comenzaron a aflorar ante importantes usurpaciones de funciones dentro del marco jurídico de la Ciudad de México, así como del federal. Un tema de enorme inquietud fue, por ejemplo, sus intromisiones sobre inmuebles sujetos a la tutela del Inah o el Inbal (como el Foro Lindbergh, o la estatua del Dr. Liceaga), cuyas autoridades respetuosamente tuvieron que recordarle sus límites a la administración de la alcaldía.

Conforme avanzan los días, esta alcaldía ha mostrado un desasosiego inaudito en toda la historia de esta demarcación, pues en el lapso de un trimestre los cambios súbitos de titulares y equipos muestran y demuestran un gobierno manejado patrimonialmente y, por ende, a capricho personal de la titular, quien a escasos meses de su toma de poder se proclama “dueña” de la Cuauhtémoc, y en función a esa enfermiza postura injuria vulgarmente a todo aquel individuo o colectivo que no se doblegue a sus caprichos.

La alcaldesa siente que contar con el apoyo de un viejo publicista como Alazraki, y con otros siniestros personajes de diversas raleas, le permite manejar a su antojo al otrora “Corazón democrático de México” y así, con esos aliados y ese ánimo vengativo que la viene caracterizando, inició una serie de reprobables acciones sobre uno de los más álgidos temas de la vida capitalina: el comercio popular en el Centro Histórico de la Ciudad, el cual está regido desde hace décadas por una Bando Presidencial que normó esta actividad “en función a zonas restringidas y permisivas y determina las formas y temporalidades del uso de la vía pública sujeto a ferias y romerías”; al Bando lo complementan la Declaratoria Federal del Centro Histórico de la Ciudad de México, se agrupación en perímetros A y B, y el listado de sus inmuebles catalogados, fundamentos que a su vez completa las acciones de la Autoridad del Centro Histórico como instrumento de la garantía de respeto a la Declaratoria de Patrimonio de la Humanidad otorgada – y verificada puntualmente- por la UNESCO en 1987.

Pese a todo lo anterior, recientemente la Alcaldesa exhibió su prepotencia ante dos mandos policiales a los que, con artimañas, citó en sus oficinas con motivo de una confrontación sobre el reordenamiento del comercio en las calles de Correo Mayor y Circunvalación, en dicha cita denigró a un director del Sector 52 y al responsable territorial de la alcaldía, a quienes tildó de “traidores” y, tras indicarles que ella es “la dueña”, los vejó plantándoles sendas bofetadas, esto sin señalar que por sus instrucciones los cómplices de este abuso también golpearon a los servidores públicos adscritos a la Secretaria de Seguridad Pública de la Ciudad.

Y ante la inminencia de su comparecencia judicial este pasado 28 de febrero, ella conmemoró el 497 aniversario luctuoso del prócer azteca Cuauhtémoc, la titular de la Alcaldía que lleva su nombre prefirió chicanear ante la Justicia haciendo cambio de abogado, truquear una convocatoria vecinal en su contra y exhibir su gusto por humillar a sus “seguidores” a quienes desde el balcón de su oficina lanzó pelotas de colores con billetes de $ 500 pesos pegados con Diurex, como consta en las múltiples evidencias que circularon por redes y medios locales y nacionales.

Tras el silencio que medio entre la denuncia policial y este show, la alcaldía politiza un tema eminentemente judicial, pretendiendo con su narrativa lo que el poeta y dilecto vecino Juan Gelman expresó acerca del autoritarismo que, bajo la dictadura militar argentina, él vio y padeció en carne propia.


Sin embargo se mueve


Pareciera que se ha instalado todo un sistema para recortarnos el espíritu, para convertirnos en tierra fértil del autoritarismo.

Juan Gelman


Surgida de la tenebra política tejida en pos de sostener cotos de poder y de presión política, el resultado del proceso electoral de 2021 en la Alcaldía Cuauhtémoc colocó en la titularidad de su Gobierno a una candidata prácticamente desconocida, apoyada por la alianza confesa entre PRD, PAN y PRI con una conjura oculta que apunta a intereses distintos y muy distantes a las palestras política e ideológica.

El sorprendente triunfo de Sandra Cuevas sobre una curtida y experimentada Dolores Padierna hizo correr mucha tinta entre los sesudos analistas políticos del país y de la capital, muchos de los cuales no quisieron aventurarse a calificar el triunfo de la candidata aliancista y prefirieron focalizarse en el fracaso de la candidata morenista.

Sin embargo, sus primeros desplantes y el excesivo boato exhibido desde el “coctel del triunfo” hasta la “toma de protesta” culminaron con un montaje escenográfico y elitista que preconizaba una “administración-producto” más que un gobierno contrastante con el trienio anterior y el gobierno de la Ciudad.

Las voces de alerta y de reclamo comenzaron a aflorar ante importantes usurpaciones de funciones dentro del marco jurídico de la Ciudad de México, así como del federal. Un tema de enorme inquietud fue, por ejemplo, sus intromisiones sobre inmuebles sujetos a la tutela del Inah o el Inbal (como el Foro Lindbergh, o la estatua del Dr. Liceaga), cuyas autoridades respetuosamente tuvieron que recordarle sus límites a la administración de la alcaldía.

Conforme avanzan los días, esta alcaldía ha mostrado un desasosiego inaudito en toda la historia de esta demarcación, pues en el lapso de un trimestre los cambios súbitos de titulares y equipos muestran y demuestran un gobierno manejado patrimonialmente y, por ende, a capricho personal de la titular, quien a escasos meses de su toma de poder se proclama “dueña” de la Cuauhtémoc, y en función a esa enfermiza postura injuria vulgarmente a todo aquel individuo o colectivo que no se doblegue a sus caprichos.

La alcaldesa siente que contar con el apoyo de un viejo publicista como Alazraki, y con otros siniestros personajes de diversas raleas, le permite manejar a su antojo al otrora “Corazón democrático de México” y así, con esos aliados y ese ánimo vengativo que la viene caracterizando, inició una serie de reprobables acciones sobre uno de los más álgidos temas de la vida capitalina: el comercio popular en el Centro Histórico de la Ciudad, el cual está regido desde hace décadas por una Bando Presidencial que normó esta actividad “en función a zonas restringidas y permisivas y determina las formas y temporalidades del uso de la vía pública sujeto a ferias y romerías”; al Bando lo complementan la Declaratoria Federal del Centro Histórico de la Ciudad de México, se agrupación en perímetros A y B, y el listado de sus inmuebles catalogados, fundamentos que a su vez completa las acciones de la Autoridad del Centro Histórico como instrumento de la garantía de respeto a la Declaratoria de Patrimonio de la Humanidad otorgada – y verificada puntualmente- por la UNESCO en 1987.

Pese a todo lo anterior, recientemente la Alcaldesa exhibió su prepotencia ante dos mandos policiales a los que, con artimañas, citó en sus oficinas con motivo de una confrontación sobre el reordenamiento del comercio en las calles de Correo Mayor y Circunvalación, en dicha cita denigró a un director del Sector 52 y al responsable territorial de la alcaldía, a quienes tildó de “traidores” y, tras indicarles que ella es “la dueña”, los vejó plantándoles sendas bofetadas, esto sin señalar que por sus instrucciones los cómplices de este abuso también golpearon a los servidores públicos adscritos a la Secretaria de Seguridad Pública de la Ciudad.

Y ante la inminencia de su comparecencia judicial este pasado 28 de febrero, ella conmemoró el 497 aniversario luctuoso del prócer azteca Cuauhtémoc, la titular de la Alcaldía que lleva su nombre prefirió chicanear ante la Justicia haciendo cambio de abogado, truquear una convocatoria vecinal en su contra y exhibir su gusto por humillar a sus “seguidores” a quienes desde el balcón de su oficina lanzó pelotas de colores con billetes de $ 500 pesos pegados con Diurex, como consta en las múltiples evidencias que circularon por redes y medios locales y nacionales.

Tras el silencio que medio entre la denuncia policial y este show, la alcaldía politiza un tema eminentemente judicial, pretendiendo con su narrativa lo que el poeta y dilecto vecino Juan Gelman expresó acerca del autoritarismo que, bajo la dictadura militar argentina, él vio y padeció en carne propia.