/ domingo 3 de septiembre de 2023

“La letra…con sangre entra”

Y ¡vaya! que eso nos está costando la feroz disputa sobre los libros de texto gratuitos entre quienes, con mayor o menor fundamento, los critican rudamente y aquellos que los defienden a capa y espada, ambos, con o sin argumentos válidos, aunque lo cierto es que la gran mayoría de estos opinadores de banqueta ni siquiera los han ojeado u hojeado, el chiste es apoyar a la porra que cada uno pertenece. En ese sentido, apenas se empezaron a filtrar algunos contenidos de los libros y en las redes sociales los primeros ataques no se hicieron esperar, mofándose de los supuestos errores “garrafales” detectados, así como su visión de las matemáticas y de la historia, alusiones que, desde luego, no quedaron sin ser respondidas por su contraparte en el conflicto calificando de conservadores y corruptos a los detractores de los libros. La polémica que se armó no parece que concluirá en corto plazo pues los textos gratuitos ya están distribuyéndose a pesar de los amparos concedidos por los tribunales, en franca rebelión al poder jurisdiccional. El caso que se están dando hasta con la cubeta con tal motivo

Es justo recordar que la querella relacionada con los contenidos de los libros de texto gratuitos no es una novedad de estos días, pues desde su aparición en 1960, a iniciativa del entonces presidente, por cierto de formación vasconcelista, Adolfo López Mateos, el sector más reaccionario de la población mexicana de la época, esgrimiendo argumentos muy similares a los que ahora manejan algunas sociedades de padres de familia y no pocos medios de comunicación amarillistas, también los tildaron de promotores del comunismo, ideología que desde hace un buen rato es la viva representación del “coco” con que se espanta a los adultos de nuestro país, llevándolos a cometer acciones tan atroces e inadmisibles como la quema de libros.

En medio de esas dos posiciones en conflicto, encontramos de todo, desde los pocos profesionales competentes de uno y otro bando, que con argumentos sólidos refutan o defienden la aplicación de los textos en la enseñanza de nuestros hijos, hasta los ignorantes y mal intencionados que promueven su destrucción o bien, que apoyan su implementación a cambio de una torta y un refresco.

Lo más probable es que, así como los contenidos creados en 1960 se impusieron sin importar las quejas; lo prueba sin duda, el hecho de que los ahora adultos mayores en su momento fueron beneficiados con su puesta en práctica durante su aprendizaje escolar; ahora se impondrán los editados por la autoridad educativa. En ese sentido, sería un buen detalle y un signo de honradez y civilidad que en las próximas ediciones se den a la tarea de corregir los errores señalados y que técnicamente son inobjetables.

Personalmente creo que lo más grave de todo esto, no es que el gobierno en turno trate de imponer su visión de lo que debe ser el sistema educativo en nuestro país, pues de alguna forma todos lo han intentado con mayor o menor fortuna, se trate de la Revolución Mexicana o de la Cuarta Transformación, lo realmente peligroso es que, para imponerla, hoy por hoy, no se respeten las reglas previamente establecidas por las leyes o se desacaten las resoluciones jurisdiccionales, llevándonos a un caos que afecta a todos y es constitutivo de claro un ejemplo educativo para las generaciones futuras.


“Pero eso… eso es otra historia.”

napoleonef@hotmail.com

Y ¡vaya! que eso nos está costando la feroz disputa sobre los libros de texto gratuitos entre quienes, con mayor o menor fundamento, los critican rudamente y aquellos que los defienden a capa y espada, ambos, con o sin argumentos válidos, aunque lo cierto es que la gran mayoría de estos opinadores de banqueta ni siquiera los han ojeado u hojeado, el chiste es apoyar a la porra que cada uno pertenece. En ese sentido, apenas se empezaron a filtrar algunos contenidos de los libros y en las redes sociales los primeros ataques no se hicieron esperar, mofándose de los supuestos errores “garrafales” detectados, así como su visión de las matemáticas y de la historia, alusiones que, desde luego, no quedaron sin ser respondidas por su contraparte en el conflicto calificando de conservadores y corruptos a los detractores de los libros. La polémica que se armó no parece que concluirá en corto plazo pues los textos gratuitos ya están distribuyéndose a pesar de los amparos concedidos por los tribunales, en franca rebelión al poder jurisdiccional. El caso que se están dando hasta con la cubeta con tal motivo

Es justo recordar que la querella relacionada con los contenidos de los libros de texto gratuitos no es una novedad de estos días, pues desde su aparición en 1960, a iniciativa del entonces presidente, por cierto de formación vasconcelista, Adolfo López Mateos, el sector más reaccionario de la población mexicana de la época, esgrimiendo argumentos muy similares a los que ahora manejan algunas sociedades de padres de familia y no pocos medios de comunicación amarillistas, también los tildaron de promotores del comunismo, ideología que desde hace un buen rato es la viva representación del “coco” con que se espanta a los adultos de nuestro país, llevándolos a cometer acciones tan atroces e inadmisibles como la quema de libros.

En medio de esas dos posiciones en conflicto, encontramos de todo, desde los pocos profesionales competentes de uno y otro bando, que con argumentos sólidos refutan o defienden la aplicación de los textos en la enseñanza de nuestros hijos, hasta los ignorantes y mal intencionados que promueven su destrucción o bien, que apoyan su implementación a cambio de una torta y un refresco.

Lo más probable es que, así como los contenidos creados en 1960 se impusieron sin importar las quejas; lo prueba sin duda, el hecho de que los ahora adultos mayores en su momento fueron beneficiados con su puesta en práctica durante su aprendizaje escolar; ahora se impondrán los editados por la autoridad educativa. En ese sentido, sería un buen detalle y un signo de honradez y civilidad que en las próximas ediciones se den a la tarea de corregir los errores señalados y que técnicamente son inobjetables.

Personalmente creo que lo más grave de todo esto, no es que el gobierno en turno trate de imponer su visión de lo que debe ser el sistema educativo en nuestro país, pues de alguna forma todos lo han intentado con mayor o menor fortuna, se trate de la Revolución Mexicana o de la Cuarta Transformación, lo realmente peligroso es que, para imponerla, hoy por hoy, no se respeten las reglas previamente establecidas por las leyes o se desacaten las resoluciones jurisdiccionales, llevándonos a un caos que afecta a todos y es constitutivo de claro un ejemplo educativo para las generaciones futuras.


“Pero eso… eso es otra historia.”

napoleonef@hotmail.com