/ sábado 6 de enero de 2024

La Moviola | Priscilla o la chick flick emancipada

Sin regodeos, exageraciones feministas ni victimizantes pero sí mucha inteligencia en el relato, una buena dosis de sensibilidad en tono sutil y sobre todo una melancolía inherente en el entorno, gracias entre otras cosas a la fotografía de Philipe Le Sourd, fluye Priscilla (Sofía Coppola , 2023). El filme, de exhibición limitada en cines y que se podrá ver pronto en Mubi, explora la relación entre el más grande ídolo de la cultura pop Elvis Presley y Priscilla Presley, desde la visión y perspectiva de esta última quien por cierto funge como productora.

Priscilla, basada en el libro Elvis And Me, publicado en 1985 y escrito por la única esposa de rey del rock, es un filme en forma y fondo de Coppola: bello y sutil en la forma; doloroso en el fondo. Dos personajes que en algún punto se sostienen y navegan en sus abismos. La radiografía de lo hueco de la fama: ahí están Somewhere de 2010 y Lost In Translation en 2003. La directora es una elegante escultora de la melancolía. En su cine para efectos emotivos importa la forma, el fondo y la sutileza, nunca el exceso.

Pero Priscilla, es también y sobre todo como base, como centro, una historia de amor. Una chick flick melancólica, un cuento de hadas de trayectoria amarga. Inicia donde los relatos convencionales del género terminan y en donde la emancipación y el amor propio serán la meta final. Ahí radica la transgresión.

Elvis (Jacob Elordi, muy bien sin necesidad de estridencias ni números musicales), no se puede decir que seduce a la adolescente Priscilla (Cailee Spaeny, también impecable y sobre quien recae el peso del relato, ya que aparece en casi todas las escenas), en una base militar en Alemania, mientras hace su publicitado servicio militar.

La chica, quien vive con sus padres también en el sector militar ya que el padre ha sido trasladado, queda impresionada pero no se desborda, por lo menos no de forma externa. Esto llama la atención del ídolo. La relación se sostiene en secreto un tiempo hasta que Elvis regresa a Estados Unidos para recuperar su corona.

Tiempo después, Presley se las arregla para llevar a vivir a la chica con él. La mete a la escuela católica, al principio la cuida. Hasta que descubrimos que detrás del ídolo hay una vida atormentada por el vacío de la fama que traslada a su relación de pareja.

Priscilla, dista mucho de ser un filme de indiscreciones. Es verdad que vemos a un Elvis agobiado por su cultura de la Norteamérica blanca profunda sobre todo con su obsesión por la religión, sus problemas con la aceptación de una relación de pareja plena, en el plano sexual de manera específica, lo cual puede ser la mayor socarronería feminista, pero la película tiene misericordia con su principal antagonista. En el fondo vemos un relato de dolor, dolores y soledades que no se complementan.

En realidad, no es otra cara de la Pelvis, sino otra manera de ver al género. Desde el punto de vista de sus seres cercanos. De cierta forma, es un relato monosílabo de una historia contada mil veces. Los únicos personajes en escena que cuentan son Priscilla y Elvis, Graceland en todo momento tiene gorrones patéticos, pero son parte de una escenografía que muestran el ambiente.

Por supuesto, no tiene la grandilocuencia de Elvis (Lurhman, 2022), pero no le hace falta, porque la sutileza como narradora de Coppola agobia en su melancolía.

Sí es, al final, un cuento de redención femenina, pero honesto en su propuesta y sobre todo doloroso. Tuvo su estreno en el 80 Festival de Cine de Venecia.

Inicia bien el año con este filme.


Sin regodeos, exageraciones feministas ni victimizantes pero sí mucha inteligencia en el relato, una buena dosis de sensibilidad en tono sutil y sobre todo una melancolía inherente en el entorno, gracias entre otras cosas a la fotografía de Philipe Le Sourd, fluye Priscilla (Sofía Coppola , 2023). El filme, de exhibición limitada en cines y que se podrá ver pronto en Mubi, explora la relación entre el más grande ídolo de la cultura pop Elvis Presley y Priscilla Presley, desde la visión y perspectiva de esta última quien por cierto funge como productora.

Priscilla, basada en el libro Elvis And Me, publicado en 1985 y escrito por la única esposa de rey del rock, es un filme en forma y fondo de Coppola: bello y sutil en la forma; doloroso en el fondo. Dos personajes que en algún punto se sostienen y navegan en sus abismos. La radiografía de lo hueco de la fama: ahí están Somewhere de 2010 y Lost In Translation en 2003. La directora es una elegante escultora de la melancolía. En su cine para efectos emotivos importa la forma, el fondo y la sutileza, nunca el exceso.

Pero Priscilla, es también y sobre todo como base, como centro, una historia de amor. Una chick flick melancólica, un cuento de hadas de trayectoria amarga. Inicia donde los relatos convencionales del género terminan y en donde la emancipación y el amor propio serán la meta final. Ahí radica la transgresión.

Elvis (Jacob Elordi, muy bien sin necesidad de estridencias ni números musicales), no se puede decir que seduce a la adolescente Priscilla (Cailee Spaeny, también impecable y sobre quien recae el peso del relato, ya que aparece en casi todas las escenas), en una base militar en Alemania, mientras hace su publicitado servicio militar.

La chica, quien vive con sus padres también en el sector militar ya que el padre ha sido trasladado, queda impresionada pero no se desborda, por lo menos no de forma externa. Esto llama la atención del ídolo. La relación se sostiene en secreto un tiempo hasta que Elvis regresa a Estados Unidos para recuperar su corona.

Tiempo después, Presley se las arregla para llevar a vivir a la chica con él. La mete a la escuela católica, al principio la cuida. Hasta que descubrimos que detrás del ídolo hay una vida atormentada por el vacío de la fama que traslada a su relación de pareja.

Priscilla, dista mucho de ser un filme de indiscreciones. Es verdad que vemos a un Elvis agobiado por su cultura de la Norteamérica blanca profunda sobre todo con su obsesión por la religión, sus problemas con la aceptación de una relación de pareja plena, en el plano sexual de manera específica, lo cual puede ser la mayor socarronería feminista, pero la película tiene misericordia con su principal antagonista. En el fondo vemos un relato de dolor, dolores y soledades que no se complementan.

En realidad, no es otra cara de la Pelvis, sino otra manera de ver al género. Desde el punto de vista de sus seres cercanos. De cierta forma, es un relato monosílabo de una historia contada mil veces. Los únicos personajes en escena que cuentan son Priscilla y Elvis, Graceland en todo momento tiene gorrones patéticos, pero son parte de una escenografía que muestran el ambiente.

Por supuesto, no tiene la grandilocuencia de Elvis (Lurhman, 2022), pero no le hace falta, porque la sutileza como narradora de Coppola agobia en su melancolía.

Sí es, al final, un cuento de redención femenina, pero honesto en su propuesta y sobre todo doloroso. Tuvo su estreno en el 80 Festival de Cine de Venecia.

Inicia bien el año con este filme.