/ domingo 25 de febrero de 2018

TLCAN y TPP-11, herencia de contradicciones

El próximo gobierno federal recibirá la herencia de una política comercial contradictoria, un rompecabezas que no será fácil de armar. La renegociación del TLCAN comenzó porque Donald Trump prometió cambios que desde su punto de vista permitirán recuperar la inversión y el empleo perdido por la migración de sus empresas manufactureras a otros países que le ofrecen menores costos de producción.

En esencia, Trump busca recuperar los procesos productivos, su visión no tiene una lógica comercial.

Por ello sus negociadores entraron en conflicto con los intereses de sus empresas trasnacionales, las que aprovecharon la globalización comercial para ubica sus procesos de manufactura en lugares que les rentables.

De igual forma ocurrió con las posturas oficiales de Canadá y México. En el primer caso porque ha permiti el desmantelamiento de su base industrial, particularmente después de la crisis del 2009. En el segundo porque bajo el fallido lema de “la mejor política industrial es la que no existe” se convirtió a México en una gran plataforma maquiladora.

El bajo contenido nacional de las exportaciones permite entender la modesta contribución del sector externo al crecimiento del PIB, el 2.5% es atribuible al mercado interno.

La falta de confianza en la política industrial y la creencia dogmática de que comprar más barato en el exterior es suficiente, entraron en conflicto con el objetivo de Estados Unidos de aumentar el contenido regional de lo Hecho en América del Norte. Después de seis difíciles rondas de negociación llegó el momento de la flexibilización, y el gobierno mexicano lanzó una señal de que está a dispuesto a ceder y que cederá a la exigencias de utilizar más insumos intermedios fabricados en México, Canadá y Estados Unidos.

No obstante existen letras pequeñas bajo esta intención, y son las que se encuentran en la próxima firma de el Acuerdo Amplio y Progresista de Asociación Transpacífico (TPP-11), lo que sobrevivió a la salida de Estados Unidos.

El TPP-11 tiene una contradicción básica con el TLCAN: busca disminuir el contenido nacional. En la práctica abre la puerta a lo elaborado por cualquiera de sus países miembros, algo que facilitará la exportación de naciones de alta productividad y competitividad que cuentan con el apoyo de sus gobiernos y que instrumentaron una política industrial durante las últimas cuatro décadas. Los ganadores serán los países del Este de Asia.

Adicionalmente se debe contemplar que varios de ellos triangulan mercancías hechas en China. Si México se adhiere al TPP-11 aceptará que con una simple etiqueta se le de trato nacional a mercancías hechas en otros países. Sí al mismo tiempo acepta aumentar el contenido regional en el TLCAN tendría que comprometerse con fabricar más insumos intermedios en la región de América del Norte y a disminuir las importaciones de Asia. ¿Cómo se harán compatibles objetivos contradictorios? Esa es la herencia que podría recibir el próximo gobierno y para la cual los aspirantes a la presidencia deben tener una respuesta.

El próximo gobierno federal recibirá la herencia de una política comercial contradictoria, un rompecabezas que no será fácil de armar. La renegociación del TLCAN comenzó porque Donald Trump prometió cambios que desde su punto de vista permitirán recuperar la inversión y el empleo perdido por la migración de sus empresas manufactureras a otros países que le ofrecen menores costos de producción.

En esencia, Trump busca recuperar los procesos productivos, su visión no tiene una lógica comercial.

Por ello sus negociadores entraron en conflicto con los intereses de sus empresas trasnacionales, las que aprovecharon la globalización comercial para ubica sus procesos de manufactura en lugares que les rentables.

De igual forma ocurrió con las posturas oficiales de Canadá y México. En el primer caso porque ha permiti el desmantelamiento de su base industrial, particularmente después de la crisis del 2009. En el segundo porque bajo el fallido lema de “la mejor política industrial es la que no existe” se convirtió a México en una gran plataforma maquiladora.

El bajo contenido nacional de las exportaciones permite entender la modesta contribución del sector externo al crecimiento del PIB, el 2.5% es atribuible al mercado interno.

La falta de confianza en la política industrial y la creencia dogmática de que comprar más barato en el exterior es suficiente, entraron en conflicto con el objetivo de Estados Unidos de aumentar el contenido regional de lo Hecho en América del Norte. Después de seis difíciles rondas de negociación llegó el momento de la flexibilización, y el gobierno mexicano lanzó una señal de que está a dispuesto a ceder y que cederá a la exigencias de utilizar más insumos intermedios fabricados en México, Canadá y Estados Unidos.

No obstante existen letras pequeñas bajo esta intención, y son las que se encuentran en la próxima firma de el Acuerdo Amplio y Progresista de Asociación Transpacífico (TPP-11), lo que sobrevivió a la salida de Estados Unidos.

El TPP-11 tiene una contradicción básica con el TLCAN: busca disminuir el contenido nacional. En la práctica abre la puerta a lo elaborado por cualquiera de sus países miembros, algo que facilitará la exportación de naciones de alta productividad y competitividad que cuentan con el apoyo de sus gobiernos y que instrumentaron una política industrial durante las últimas cuatro décadas. Los ganadores serán los países del Este de Asia.

Adicionalmente se debe contemplar que varios de ellos triangulan mercancías hechas en China. Si México se adhiere al TPP-11 aceptará que con una simple etiqueta se le de trato nacional a mercancías hechas en otros países. Sí al mismo tiempo acepta aumentar el contenido regional en el TLCAN tendría que comprometerse con fabricar más insumos intermedios en la región de América del Norte y a disminuir las importaciones de Asia. ¿Cómo se harán compatibles objetivos contradictorios? Esa es la herencia que podría recibir el próximo gobierno y para la cual los aspirantes a la presidencia deben tener una respuesta.

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