/ viernes 22 de octubre de 2021

Hojas de Papel Volando | ¿La de octubre es la más hermosa?

A ver, esta noche de octubre cierre sus ojos e imagínese que la Luna, nuestra Luna de todos los días de toda nuestra vida, de pronto no está. Se ha ido. Ha desaparecido. Ya no más la luna lunera, cascabelera...

Y que las noches serán noche de a deveras, archi oscuras y temibles: un hoyo negro insospechado, negrura total cada tarde a la puesta del sol y ya sin nadie que nos mire, nos ilumine y nos cuide. Perdidos en el espacio sideral.

¿Qué sentiría si no estuviera? Su abandono nos llenaría de consternación, de sorpresa, de presagios indescriptibles, de mala vibra, pero sobre todo de tristeza... sí... de mucha tristeza, porque estamos acostumbrados a que está ahí siempre, mirándonos fijamente. Sonriente y luminosa.

No es un asunto de equilibrio entre factores galácticos. Que por supuesto tiene sus razones de ser; pero sí es asunto de nuestra propia cosmovisión, de nuestra propia identidad como seres humanos y de una familia que hemos construido con el Universo, porque nos sabemos parte de él, de una constelación y de un presente y futuro en esa inmensidad que es el Universo y en el cual la Tierra flota como pelota de goma, azul y blanca.

Uhhh, sí: “Cuando la luna se pone re grandota como una pelotota que alumbra el callejón ... Es el toro enamorado de la luna ... Yo no te pido la luna, tan sólo quiero amarte ... Yo no le canto a la luna, porque alumbre nada más; le canto porque ella sabe de mi largo caminar ... De las lunas, la de octubre es más hermosa, porque en ella se refleja la quietud...” Uhhh... tantas églogas pastoriles y campiranas, urbanas y marea arriba-marea abajo.

Eso es, a la Luna la queremos mucho. La miramos como la encarnación de nuestros propios sueños silenciosos y casi místicos. Mirarla en noches de luna llena es mirarla de frente con cariño. Verla brillante, radiante y guapa como es que es, nos llena de ilusión y de fraternidad. Sí, de fraternidad. Y a veces, muchas veces, de melancolía.

Como si la tuviéramos a la mano y con su mirada nos dijera que también nos quiere, que nos conoce, que sabe nuestros sueños, ilusiones y nuestros pecadillos; y nos ilumina con su luz plateada, que es como la de las luciérnagas que son cocuyos.

Y todo esto viene al caso para recordar que según el compositor jalisciense José Antonio Michel “De las Lunas, la de octubre es más hermosa...”. Y le creímos y le creemos. Y nos preguntamos ¿deveras la Luna de octubre es la más hermosa? Y contestamos que sí.

Porque para los cursis, románticos, soñadores, ilusos, tranquilos, esto es así. Los mexicanos así lo hemos decidido, aunque nos hagamos como que nada, que eso no va con nosotros, que nos va mejor aquello del “nací despreciando la vida y la muerte...”. Pero cuando se la mira nos quedamos quietos, engarrotados, ensoñados, ilusos, melancólicos.

En todo caso ¿será cierto que la de octubre es la Luna más hermosa? ¡Que hable la ciencia!

Resulta que no. Los científicos de todo el mundo dicen que la Luna siempre es igual y la misma; su luminosidad y su resplandor y su nitidez son siempre idénticas. Que siempre es una y única.

Lo que ocurre, según los sabios que en el mundo han sido, es que en octubre puede vérsele mejor porque es cuando en nuestro hemisferio prácticamente ha terminado el tiempo de lluvias y de conglomerados nubísticos –de nubes-.

La doctora Julieta Fierro lo dice así: “La Luna de octubre se observa más hermosa y esplendorosa pues las lluvias de julio, agosto y septiembre se alejan del territorio mexicano y con ello el cielo está despejado”.

De acuerdo con la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), “cada día la Luna aparece unos 50 minutos más tarde, pero cerca del equinoccio de otoño este tiempo se reduce a los 30 minutos porque el inicio de la estación coincide con una trayectoria orbital del satélite en la que forma un ángulo estrecho con el horizonte nocturno”. (¡Gulp!)

Otros creen que la Luna de octubre está más luminosa, aunque en realidad se debe al “perigeo”, que es el punto de mayor cercanía entre el astro y la tierra y que el brillo especial que notamos del astro también tiene un razonamiento:

Se debe a que la Luna no posee atmósfera y por tanto, la línea que en su superficie separa la región iluminada de la oscura (“llamada terminador”) es perfectamente nítida desde la Tierra. “Si tuviera atmósfera el terminador sería borroso y mostraría un ligero resplandor como el que se observa en los crepúsculos terrestres”, expone Astronomía Moderna Feinstein, de Argentina.

Algunas personas le atribuyen a la Luna ciertas cualidades mágicas, pero lo que si es cierto es que ejerce una continua influencia física sobre la Tierra, como es el fenómeno de las mareas, debido a que la fuerza de atracción gravitatoria lunar produce una leve deformación en la superficie terrestre, dicen los sabios.

Así que los astrónomos aseguren que la Luna de octubre es la misma que la de febrero o la de julio.

Pero nada. Ni esto nos quitará la ilusión de que la Luna de octubre es la más hermosa, porque así la vemos, porque así la esperamos cada noche y así nos entendemos con ella y ella nos dice que sí, que en octubre sale a pasear con nosotros.

En todo caso, la Luna ha sido objeto de observación científica desde que el hombre tomó conciencia de que está conectado con el Universo y que, en el Universo, hay una Luna que nos acompaña siempre, toda la vida, desde el surgimiento a la consolidación humana; en tiempos de paz como en tiempos de guerra –aunque la tarea de hacerse cargo de estas guerras se la deja al planeta Marte, especialista en estos menesteres--.

Grandes compositores han hecho de la Luna su inspiración: La sonata para piano No. 14 en do sostenido menor ‘Quasi una fantasia’, Op. 27, No. 2, conocida como “Claro de luna”, fue escrita por Ludwig van Beethoven en 1801, o “Claro de luna”, una pieza para piano escrita por Claude Debussy en 1890 y que forma parte de la Suite Bergamasque.

La literatura mundial es prolífica en obras fantásticas o románticas o puramente narrativas relativas a la Luna, en la que ella es sujeto, verbo y complemento:

Por ejemplo, “Claro de luna” que es un cuento del escritor francés Guy de Maupassant, de 1882. "¿No era que Dios permitía el amor al rodearlo de un esplendor así? ¿Y qué tal “De la Tierra a la Luna” una novela de Julio Verne, publicada en 1865?

Dante describe en “La Divina Comedia”, en el canto II del Paraíso cuando el poeta y Beatriz llegan a la Luna. Dante describe las nueve esferas del cielo, la primera de las cuales es la Luna y luego el razonamiento que hace Beatriz para explicar las manchas de la Luna.

Tantas, muchísimas obras más. Todas las artes se han ocupado en ensalzar a la Luna: ensayos, crónicas, poemas...

Federico García Lorca clama: “¡Que no quiero verla! Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. ¡Que no quiero verla! La luna de par en par. Caballo de nubes quietas, y la plaza gris del sueño, con sauces en las barreras. ¡Que no quiero verla!”

En tanto Carl Sagan afirma: "El cosmos es todo lo que es, todo lo que fue y todo lo que alguna vez será. Nuestras más ligeras contemplaciones del cosmos nos hacen estremecer: sentimos como una suerte de cosquilleo nos llena los nervios, una voz muda, una ligera sensación... Al observar a la luna sabemos que nos aproximamos al más grande de los misterios".

Un misterio que tiene un diámetro ecuatorial de 3 mil 476 km, es el quinto satélite más grande del sistema solar y está a una distancia promedio de 384 mil 400 km.

Y poco a poco nos acercamos a ese misterio. El 20 de julio de 1969 la misión Apolo 11 de EU, que duró 8 días, 3 horas, 18 minutos y 35 segundos, colocó a los primeros hombres en la Luna: Neil Armstrong y Edwin F. Aldrin, en tanto que Michael Collins estratégicamente se mantuvo en la nave. Fue una de las mayores hazañas en la historia de la humanidad. "Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad".

Como quiera que sea una cosa es cierta y está archi probada científicamente: La Luna no es de queso y en la Luna no hay conejos.

Y sí, porque así lo hemos decidido en México, en consulta popular, a mano alzada: “De las lunas la de octubre es más hermosa, porque en ella se refleja la quietud, de dos almas que han querido ser dichosas, al arrullo de su plena juventud...”


A ver, esta noche de octubre cierre sus ojos e imagínese que la Luna, nuestra Luna de todos los días de toda nuestra vida, de pronto no está. Se ha ido. Ha desaparecido. Ya no más la luna lunera, cascabelera...

Y que las noches serán noche de a deveras, archi oscuras y temibles: un hoyo negro insospechado, negrura total cada tarde a la puesta del sol y ya sin nadie que nos mire, nos ilumine y nos cuide. Perdidos en el espacio sideral.

¿Qué sentiría si no estuviera? Su abandono nos llenaría de consternación, de sorpresa, de presagios indescriptibles, de mala vibra, pero sobre todo de tristeza... sí... de mucha tristeza, porque estamos acostumbrados a que está ahí siempre, mirándonos fijamente. Sonriente y luminosa.

No es un asunto de equilibrio entre factores galácticos. Que por supuesto tiene sus razones de ser; pero sí es asunto de nuestra propia cosmovisión, de nuestra propia identidad como seres humanos y de una familia que hemos construido con el Universo, porque nos sabemos parte de él, de una constelación y de un presente y futuro en esa inmensidad que es el Universo y en el cual la Tierra flota como pelota de goma, azul y blanca.

Uhhh, sí: “Cuando la luna se pone re grandota como una pelotota que alumbra el callejón ... Es el toro enamorado de la luna ... Yo no te pido la luna, tan sólo quiero amarte ... Yo no le canto a la luna, porque alumbre nada más; le canto porque ella sabe de mi largo caminar ... De las lunas, la de octubre es más hermosa, porque en ella se refleja la quietud...” Uhhh... tantas églogas pastoriles y campiranas, urbanas y marea arriba-marea abajo.

Eso es, a la Luna la queremos mucho. La miramos como la encarnación de nuestros propios sueños silenciosos y casi místicos. Mirarla en noches de luna llena es mirarla de frente con cariño. Verla brillante, radiante y guapa como es que es, nos llena de ilusión y de fraternidad. Sí, de fraternidad. Y a veces, muchas veces, de melancolía.

Como si la tuviéramos a la mano y con su mirada nos dijera que también nos quiere, que nos conoce, que sabe nuestros sueños, ilusiones y nuestros pecadillos; y nos ilumina con su luz plateada, que es como la de las luciérnagas que son cocuyos.

Y todo esto viene al caso para recordar que según el compositor jalisciense José Antonio Michel “De las Lunas, la de octubre es más hermosa...”. Y le creímos y le creemos. Y nos preguntamos ¿deveras la Luna de octubre es la más hermosa? Y contestamos que sí.

Porque para los cursis, románticos, soñadores, ilusos, tranquilos, esto es así. Los mexicanos así lo hemos decidido, aunque nos hagamos como que nada, que eso no va con nosotros, que nos va mejor aquello del “nací despreciando la vida y la muerte...”. Pero cuando se la mira nos quedamos quietos, engarrotados, ensoñados, ilusos, melancólicos.

En todo caso ¿será cierto que la de octubre es la Luna más hermosa? ¡Que hable la ciencia!

Resulta que no. Los científicos de todo el mundo dicen que la Luna siempre es igual y la misma; su luminosidad y su resplandor y su nitidez son siempre idénticas. Que siempre es una y única.

Lo que ocurre, según los sabios que en el mundo han sido, es que en octubre puede vérsele mejor porque es cuando en nuestro hemisferio prácticamente ha terminado el tiempo de lluvias y de conglomerados nubísticos –de nubes-.

La doctora Julieta Fierro lo dice así: “La Luna de octubre se observa más hermosa y esplendorosa pues las lluvias de julio, agosto y septiembre se alejan del territorio mexicano y con ello el cielo está despejado”.

De acuerdo con la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), “cada día la Luna aparece unos 50 minutos más tarde, pero cerca del equinoccio de otoño este tiempo se reduce a los 30 minutos porque el inicio de la estación coincide con una trayectoria orbital del satélite en la que forma un ángulo estrecho con el horizonte nocturno”. (¡Gulp!)

Otros creen que la Luna de octubre está más luminosa, aunque en realidad se debe al “perigeo”, que es el punto de mayor cercanía entre el astro y la tierra y que el brillo especial que notamos del astro también tiene un razonamiento:

Se debe a que la Luna no posee atmósfera y por tanto, la línea que en su superficie separa la región iluminada de la oscura (“llamada terminador”) es perfectamente nítida desde la Tierra. “Si tuviera atmósfera el terminador sería borroso y mostraría un ligero resplandor como el que se observa en los crepúsculos terrestres”, expone Astronomía Moderna Feinstein, de Argentina.

Algunas personas le atribuyen a la Luna ciertas cualidades mágicas, pero lo que si es cierto es que ejerce una continua influencia física sobre la Tierra, como es el fenómeno de las mareas, debido a que la fuerza de atracción gravitatoria lunar produce una leve deformación en la superficie terrestre, dicen los sabios.

Así que los astrónomos aseguren que la Luna de octubre es la misma que la de febrero o la de julio.

Pero nada. Ni esto nos quitará la ilusión de que la Luna de octubre es la más hermosa, porque así la vemos, porque así la esperamos cada noche y así nos entendemos con ella y ella nos dice que sí, que en octubre sale a pasear con nosotros.

En todo caso, la Luna ha sido objeto de observación científica desde que el hombre tomó conciencia de que está conectado con el Universo y que, en el Universo, hay una Luna que nos acompaña siempre, toda la vida, desde el surgimiento a la consolidación humana; en tiempos de paz como en tiempos de guerra –aunque la tarea de hacerse cargo de estas guerras se la deja al planeta Marte, especialista en estos menesteres--.

Grandes compositores han hecho de la Luna su inspiración: La sonata para piano No. 14 en do sostenido menor ‘Quasi una fantasia’, Op. 27, No. 2, conocida como “Claro de luna”, fue escrita por Ludwig van Beethoven en 1801, o “Claro de luna”, una pieza para piano escrita por Claude Debussy en 1890 y que forma parte de la Suite Bergamasque.

La literatura mundial es prolífica en obras fantásticas o románticas o puramente narrativas relativas a la Luna, en la que ella es sujeto, verbo y complemento:

Por ejemplo, “Claro de luna” que es un cuento del escritor francés Guy de Maupassant, de 1882. "¿No era que Dios permitía el amor al rodearlo de un esplendor así? ¿Y qué tal “De la Tierra a la Luna” una novela de Julio Verne, publicada en 1865?

Dante describe en “La Divina Comedia”, en el canto II del Paraíso cuando el poeta y Beatriz llegan a la Luna. Dante describe las nueve esferas del cielo, la primera de las cuales es la Luna y luego el razonamiento que hace Beatriz para explicar las manchas de la Luna.

Tantas, muchísimas obras más. Todas las artes se han ocupado en ensalzar a la Luna: ensayos, crónicas, poemas...

Federico García Lorca clama: “¡Que no quiero verla! Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. ¡Que no quiero verla! La luna de par en par. Caballo de nubes quietas, y la plaza gris del sueño, con sauces en las barreras. ¡Que no quiero verla!”

En tanto Carl Sagan afirma: "El cosmos es todo lo que es, todo lo que fue y todo lo que alguna vez será. Nuestras más ligeras contemplaciones del cosmos nos hacen estremecer: sentimos como una suerte de cosquilleo nos llena los nervios, una voz muda, una ligera sensación... Al observar a la luna sabemos que nos aproximamos al más grande de los misterios".

Un misterio que tiene un diámetro ecuatorial de 3 mil 476 km, es el quinto satélite más grande del sistema solar y está a una distancia promedio de 384 mil 400 km.

Y poco a poco nos acercamos a ese misterio. El 20 de julio de 1969 la misión Apolo 11 de EU, que duró 8 días, 3 horas, 18 minutos y 35 segundos, colocó a los primeros hombres en la Luna: Neil Armstrong y Edwin F. Aldrin, en tanto que Michael Collins estratégicamente se mantuvo en la nave. Fue una de las mayores hazañas en la historia de la humanidad. "Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad".

Como quiera que sea una cosa es cierta y está archi probada científicamente: La Luna no es de queso y en la Luna no hay conejos.

Y sí, porque así lo hemos decidido en México, en consulta popular, a mano alzada: “De las lunas la de octubre es más hermosa, porque en ella se refleja la quietud, de dos almas que han querido ser dichosas, al arrullo de su plena juventud...”