/ lunes 10 de septiembre de 2018

Renegociación del TLCAN sin Canadá

Canadá no cede a las presiones de Estados Unidos, y con ello la renegociación (modernización como le llaman los optimistas) sigue en suspenso.

El viernes pasado terminó la primera etapa de un proceso en donde se ha roto algo más que una vinculación económica.

Para los canadienses no será fácil resolver la encrucijada: atenerse a lo ya pactado entre México y Estados Unidos, y con ello conceder algunos temas que les son estratégicos o mantener una posición que vele por lo que consideran de interés nacional.

Ha quedado claro que el gobierno canadiense no solamente ha contemplado la vertiente económica en su relación con Estados Unidos.

Bajo una visión solamente económica, Canadá habría cedido rápidamente, así lo condiciona la dependencia que tiene con su principal socio comercial.

De acuerdo con las estadísticas del Census Bureau de Estados Unidos en 2017 Canadá importó 282 mil millones de dólares y exportó 300 mil millones de dólares a la primera potencia del mundo, lo cual le arrojó un saldo favorable de 17 mil millones.

El flujo comercial citado equivale a más de 36% del PIB canadiense. Para Estados Unidos apenas supera 3%.

La venta de petróleo y sus derivados, automóviles y sus partes, maquinaria y equipo, computadoras, madera, plásticos, aluminio, acero, aeronaves y sus partes, constituyen algunos de los rubros más relevantes del intercambio entre ambas naciones, fundamentalmente son productos industriales.

El intercambio comercial de las principales provincias canadienses con Estados Unidos puede representar entre el 35% y el 50% de su PIB. Lo interesante es que a pesar de dicha dependencia Canadá ha decidido mantener una postura política apegada a su visión nacional.

Sin lugar a duda que en ello ha incidido la estrategia del presidente Donald Trump, los ataques directos que ejerció sobre el primer ministro Justin Trudeau tienen como consecuencia el endurecimiento de la negociación.

Por cuestiones de política interna y externa, Canadá no puede enviar un mensaje equivocado. Ante el próximo proceso electoral interno Trudeau debe mostrar que puede dirigir a una de las principales economías del mundo y la tercera del continente americano. Seguirá negociando hasta que puede mostrar que ha logrado obtener un resultado favorable o hasta que se agote el tiempo.

Si Estados Unidos no flexibiliza su posición, la última opción podría ser el fin del actual TLCAN: el mecanismo trilateral llegaría a su fin y el presidente Trump enfrentaría el ríspido proceso de dirimir con su congreso si en realidad cuenta con la autorización legal de transformar un acuerdo trilateral en uno bilateral.

Dado que habrá elecciones en donde Trump podría perder la mayoría, existe el riesgo de que no logre sacar, de manera expedita, el acuerdo bilateral. En Canadá lo saben y también juegan con ello.

El problema para el gobierno mexicano es que apostó fuerte por el acuerdo bilateral, en la práctica se aceptó subordinar a segundo termino la relación Canadá, pero no existe la seguridad de que ello implique la entrada en vigor de un nuevo acuerdo.


Canadá no cede a las presiones de Estados Unidos, y con ello la renegociación (modernización como le llaman los optimistas) sigue en suspenso.

El viernes pasado terminó la primera etapa de un proceso en donde se ha roto algo más que una vinculación económica.

Para los canadienses no será fácil resolver la encrucijada: atenerse a lo ya pactado entre México y Estados Unidos, y con ello conceder algunos temas que les son estratégicos o mantener una posición que vele por lo que consideran de interés nacional.

Ha quedado claro que el gobierno canadiense no solamente ha contemplado la vertiente económica en su relación con Estados Unidos.

Bajo una visión solamente económica, Canadá habría cedido rápidamente, así lo condiciona la dependencia que tiene con su principal socio comercial.

De acuerdo con las estadísticas del Census Bureau de Estados Unidos en 2017 Canadá importó 282 mil millones de dólares y exportó 300 mil millones de dólares a la primera potencia del mundo, lo cual le arrojó un saldo favorable de 17 mil millones.

El flujo comercial citado equivale a más de 36% del PIB canadiense. Para Estados Unidos apenas supera 3%.

La venta de petróleo y sus derivados, automóviles y sus partes, maquinaria y equipo, computadoras, madera, plásticos, aluminio, acero, aeronaves y sus partes, constituyen algunos de los rubros más relevantes del intercambio entre ambas naciones, fundamentalmente son productos industriales.

El intercambio comercial de las principales provincias canadienses con Estados Unidos puede representar entre el 35% y el 50% de su PIB. Lo interesante es que a pesar de dicha dependencia Canadá ha decidido mantener una postura política apegada a su visión nacional.

Sin lugar a duda que en ello ha incidido la estrategia del presidente Donald Trump, los ataques directos que ejerció sobre el primer ministro Justin Trudeau tienen como consecuencia el endurecimiento de la negociación.

Por cuestiones de política interna y externa, Canadá no puede enviar un mensaje equivocado. Ante el próximo proceso electoral interno Trudeau debe mostrar que puede dirigir a una de las principales economías del mundo y la tercera del continente americano. Seguirá negociando hasta que puede mostrar que ha logrado obtener un resultado favorable o hasta que se agote el tiempo.

Si Estados Unidos no flexibiliza su posición, la última opción podría ser el fin del actual TLCAN: el mecanismo trilateral llegaría a su fin y el presidente Trump enfrentaría el ríspido proceso de dirimir con su congreso si en realidad cuenta con la autorización legal de transformar un acuerdo trilateral en uno bilateral.

Dado que habrá elecciones en donde Trump podría perder la mayoría, existe el riesgo de que no logre sacar, de manera expedita, el acuerdo bilateral. En Canadá lo saben y también juegan con ello.

El problema para el gobierno mexicano es que apostó fuerte por el acuerdo bilateral, en la práctica se aceptó subordinar a segundo termino la relación Canadá, pero no existe la seguridad de que ello implique la entrada en vigor de un nuevo acuerdo.


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