/ martes 11 de junio de 2019

Bazar de la Cultura | Clemente Orozco presente en el Museo de Arte Moderno

Por: Juan Manuel Vizuet

La crítica más directa, rigurosa y elocuente a la Revolución Mexicana surgió del arte mismo impulsado por el movimiento. José Clemente Orozco es uno de los principales exponentes de esa denuncia. Así lo patentiza su óleo Pomada y perfume, expuesto actualmente en el Museo de Arte Moderno como parte de la nueva muestra Territorios de la memoria.

Orozco fue el gran expresionista fiero del muralismo. Supo comprender la universalidad de la historia mexicana, con el pueblo como gran protagonista.

Pomada y perfume plasma una realidad no solamente mexicana, sino común a la América Latina: un dictador se atilda entre su corte de abyectos.

El título del cuadro alude a los afeites que pretendían conferirle grandeza, majestuosidad e incluso galanura al arribista, surgido de la oscuridad para encumbrarse hasta el palacio.

La guerrera, tachonada de condecoraciones por gestas imaginarias, invoca a sátrapas como Leónidas Trujillo y Fulgencio Batista, quienes ostentaban muchas más medallas que el propio Napoleón, quien sí sufrió heridas en combate.

En Pomada y perfume el peluquero se esfuerza por civilizar el aspecto del tirano, mientras un lacayo le besa los pies al "prócer"; los cortesanos, en uniformes de gala, se postran ante su caudillo. La crítica de Orozco abarca asimismo a los tiranuelos subordinados. Resulta muy significativa la coincidencia entre el pintor jalisciense y el novelista huasteco Gregorio López y Fuentes.

¡Mi general! (1934) es la autobiografía de un oportunista sin ideales ni conciencia, quien se une a "la bola" sólo para saciar su codicia y su vanidad.

Dueño de la capital, el antihéroe estrena su finísimo uniforme cortado a la medida; mas, contrariado por el contraste entre aquellas galas y su aspecto cerril, acude a un experto: "Aquel peluquero era todo un artista. Los bigotes, que eran de ésos que exploran el contenido de una taza de café, fueron tan hábilmente recortados que adquirí un aire distinguido y romántico... También las gruesas y montuosas cejas fueron reducidas a dimensiones regulares... Cuando regresé al cuartel hubo antiguos soldados míos que no me reconocieron."

La creencia de que el arte surgido de la Revolución fue su apología es pues infundada. Otras obras de Orozco siguen esa vertiente de denuncia, como el óleo Las generalas, y el fresco El banquete de los ricos.

El precio pagado por los combatientes populares es la materia del mural La trinchera, una de sus obras maestras.

Territorios de la memoria presenta 90 piezas de 59 artistas. A excepción de Orozco y de Siqueiros (presente con Nuestra imagen actual), todos pertenecen a generaciones muy posteriores.

Queda pendiente el comentario al respecto, sin embargo, por sí mismo el óleo del jalisciense merecía estos apuntes.

Por: Juan Manuel Vizuet

La crítica más directa, rigurosa y elocuente a la Revolución Mexicana surgió del arte mismo impulsado por el movimiento. José Clemente Orozco es uno de los principales exponentes de esa denuncia. Así lo patentiza su óleo Pomada y perfume, expuesto actualmente en el Museo de Arte Moderno como parte de la nueva muestra Territorios de la memoria.

Orozco fue el gran expresionista fiero del muralismo. Supo comprender la universalidad de la historia mexicana, con el pueblo como gran protagonista.

Pomada y perfume plasma una realidad no solamente mexicana, sino común a la América Latina: un dictador se atilda entre su corte de abyectos.

El título del cuadro alude a los afeites que pretendían conferirle grandeza, majestuosidad e incluso galanura al arribista, surgido de la oscuridad para encumbrarse hasta el palacio.

La guerrera, tachonada de condecoraciones por gestas imaginarias, invoca a sátrapas como Leónidas Trujillo y Fulgencio Batista, quienes ostentaban muchas más medallas que el propio Napoleón, quien sí sufrió heridas en combate.

En Pomada y perfume el peluquero se esfuerza por civilizar el aspecto del tirano, mientras un lacayo le besa los pies al "prócer"; los cortesanos, en uniformes de gala, se postran ante su caudillo. La crítica de Orozco abarca asimismo a los tiranuelos subordinados. Resulta muy significativa la coincidencia entre el pintor jalisciense y el novelista huasteco Gregorio López y Fuentes.

¡Mi general! (1934) es la autobiografía de un oportunista sin ideales ni conciencia, quien se une a "la bola" sólo para saciar su codicia y su vanidad.

Dueño de la capital, el antihéroe estrena su finísimo uniforme cortado a la medida; mas, contrariado por el contraste entre aquellas galas y su aspecto cerril, acude a un experto: "Aquel peluquero era todo un artista. Los bigotes, que eran de ésos que exploran el contenido de una taza de café, fueron tan hábilmente recortados que adquirí un aire distinguido y romántico... También las gruesas y montuosas cejas fueron reducidas a dimensiones regulares... Cuando regresé al cuartel hubo antiguos soldados míos que no me reconocieron."

La creencia de que el arte surgido de la Revolución fue su apología es pues infundada. Otras obras de Orozco siguen esa vertiente de denuncia, como el óleo Las generalas, y el fresco El banquete de los ricos.

El precio pagado por los combatientes populares es la materia del mural La trinchera, una de sus obras maestras.

Territorios de la memoria presenta 90 piezas de 59 artistas. A excepción de Orozco y de Siqueiros (presente con Nuestra imagen actual), todos pertenecen a generaciones muy posteriores.

Queda pendiente el comentario al respecto, sin embargo, por sí mismo el óleo del jalisciense merecía estos apuntes.

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