/ miércoles 15 de abril de 2020

Centro de Barrio | 40 Máxima

Hace unas semanas describimos en este espacio la preocupación que nos causan las calles vacías y locos corriendo sobre ellas. En los últimos 15 días he manejado una sola vez. Tomé el Eje 2 Poniente. Primero, una camioneta Porsche me rebasó a alta velocidad. Luego, calles adelante, había vehículos “orillados” producto de un choque. Regresé a casa y no manejé más.

Esta semana leía una nota que habla de la reducción de incidentes viales durante el periodo de contingencia sanitaria. Según Reforma, durante marzo hubo 5,752 hechos de tránsito, 800 menos que el mismo mes del año anterior, en el que, por cierto, la Semana Santa ocurrió en abril. De la gravedad no sabemos. Hasta ahí, debería reducir mis preocupaciones. Sin embargo, me llama la atención un dato.

El Secretario de Movilidad de Ciudad de México presentó en su tuiter algunas gráficas sobre la reducción del número de usuarios en el transporte público y del tráfico vehicular. En una una semana típica, los días más congestionados son viernes y sábado, en los cuales el nivel de tránsito llega al “100%”. Conforme a la gráfica, ya con el encierro obligado de la pandemia, la circulación vehicular se desploma. Los días de mayor circulación vehícular en la semana del 17 al 22 de marzo, representan una reducción de más del 60%; y en la semana del 23 al 29 de marzo el desplome es de 80%, lo mismo del 30 de marzo al 5 de abril.

Es decir, con 80% menos autos en la calle, los accidentes de tránsito se reducen menos del 15%. Sé que una cifra (accidentes) refiere al mes completo, y la otra (tráfico) está representada por semanas. De cualquier manera no hay un comportamiento lineal y si no lo hay esto representa dos cosas. Por un lado, la congestión evita siniestros en las calles; por otro lado, la que deducimos, los automovilistas están manejando mucho más rápido como consecuencia de las calles vacías.

Cuando viajo, tengo una teoría: lo que veas en tu viaje es lo que ocurre con regularidad en el sitio que estás visitando, por más raro que parezca. En una ocasión estuve 48 horas en Casablanca, Marruecos. El primer día, por la noche, salí a caminar sin rumbo. La gente conduce horrible, rápido, sin precaución. De pronto me tocó presenciar un choque. ¿Eso qué significa, bajo mi teoría? Que la gente choca con frecuencia en Casablanca. La colisión que hubo en Pilares y Gabriel Mancera, el día que manejé, me representa lo mismo.

En un gran acuerdo del Gobierno de México y los hospitales privados, éstos atenderán a enfermos de otros padecimientos para concentrar los esfuerzos gubernamentales en el COVID-19. Sin embargo, no quisiéramos ocupar respiradores para pacientes de traumatismos en este momento. Las precauciones exigen medidas extraordinarias. Todos los gobiernos locales deben enviar mensajes de prudencia al manejar, para evitar estos riesgos.

En Ciudad de México la velocidad máxima en avenidas es de 50 km/h. Durante las siguientes semanas, bajemos las velocidades y sancionemos a infractores, al fin que no hay tráfico: máxima 40 en vías primarias, 30 en secundarias y 70 en vías de acceso controlado. Esto será un mensaje que salvará vidas no sólo por los incidentes de tránsito sino también al evitar posibles contagios en hospitales. Claro, esto exige gobiernos menos reactivos.

Hace unas semanas describimos en este espacio la preocupación que nos causan las calles vacías y locos corriendo sobre ellas. En los últimos 15 días he manejado una sola vez. Tomé el Eje 2 Poniente. Primero, una camioneta Porsche me rebasó a alta velocidad. Luego, calles adelante, había vehículos “orillados” producto de un choque. Regresé a casa y no manejé más.

Esta semana leía una nota que habla de la reducción de incidentes viales durante el periodo de contingencia sanitaria. Según Reforma, durante marzo hubo 5,752 hechos de tránsito, 800 menos que el mismo mes del año anterior, en el que, por cierto, la Semana Santa ocurrió en abril. De la gravedad no sabemos. Hasta ahí, debería reducir mis preocupaciones. Sin embargo, me llama la atención un dato.

El Secretario de Movilidad de Ciudad de México presentó en su tuiter algunas gráficas sobre la reducción del número de usuarios en el transporte público y del tráfico vehicular. En una una semana típica, los días más congestionados son viernes y sábado, en los cuales el nivel de tránsito llega al “100%”. Conforme a la gráfica, ya con el encierro obligado de la pandemia, la circulación vehicular se desploma. Los días de mayor circulación vehícular en la semana del 17 al 22 de marzo, representan una reducción de más del 60%; y en la semana del 23 al 29 de marzo el desplome es de 80%, lo mismo del 30 de marzo al 5 de abril.

Es decir, con 80% menos autos en la calle, los accidentes de tránsito se reducen menos del 15%. Sé que una cifra (accidentes) refiere al mes completo, y la otra (tráfico) está representada por semanas. De cualquier manera no hay un comportamiento lineal y si no lo hay esto representa dos cosas. Por un lado, la congestión evita siniestros en las calles; por otro lado, la que deducimos, los automovilistas están manejando mucho más rápido como consecuencia de las calles vacías.

Cuando viajo, tengo una teoría: lo que veas en tu viaje es lo que ocurre con regularidad en el sitio que estás visitando, por más raro que parezca. En una ocasión estuve 48 horas en Casablanca, Marruecos. El primer día, por la noche, salí a caminar sin rumbo. La gente conduce horrible, rápido, sin precaución. De pronto me tocó presenciar un choque. ¿Eso qué significa, bajo mi teoría? Que la gente choca con frecuencia en Casablanca. La colisión que hubo en Pilares y Gabriel Mancera, el día que manejé, me representa lo mismo.

En un gran acuerdo del Gobierno de México y los hospitales privados, éstos atenderán a enfermos de otros padecimientos para concentrar los esfuerzos gubernamentales en el COVID-19. Sin embargo, no quisiéramos ocupar respiradores para pacientes de traumatismos en este momento. Las precauciones exigen medidas extraordinarias. Todos los gobiernos locales deben enviar mensajes de prudencia al manejar, para evitar estos riesgos.

En Ciudad de México la velocidad máxima en avenidas es de 50 km/h. Durante las siguientes semanas, bajemos las velocidades y sancionemos a infractores, al fin que no hay tráfico: máxima 40 en vías primarias, 30 en secundarias y 70 en vías de acceso controlado. Esto será un mensaje que salvará vidas no sólo por los incidentes de tránsito sino también al evitar posibles contagios en hospitales. Claro, esto exige gobiernos menos reactivos.

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