/ miércoles 6 de enero de 2021

Centro de Barrio | Otra quimera

Si bien ha habido fuertes diferencias entre los distintos gobiernos democráticos de Ciudad de México, en esencia hemos sido gobernados por el mismo proyecto. Desde el triunfo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en 1997 hasta el gobierno de Claudia Sheinbaum, ha dominado una perspectiva social muy fuerte, en donde se ha buscado dotar a la población más vulnerable de beneficios sociales sin elevar sustancialmente los cobros.

A pesar de las diferencias que día con día manifiestan Sheinbaum y su equipo con el gobierno precedente, hay más cambio de estilo que de fondo. A lo largo de estos años se han acumulado apoyos económicos a población vulnerable, se han creado comedores comunitarios, se han abierto centros sociales aunque el nombre haya cambiado, como ahora con los Pilares.

Sin embargo, la Ciudad de México está llena de problemas estructurales que sólo se han ido pateando a lo largo de estos 24 años. No sabemos en qué colonia o en qué paso a desnivel de Periférico, pero en 2021 habrá algunas inundaciones; continuaremos con miles de personas que dedican horas a transportarse desde barrios de la Periferia hasta los centros laborales, sin que hayamos dado un solo paso en la planeación de un gran sistema de transporte. Sabemos que a muchos hogares faltará el agua, que habrá asaltos y violencia, desde peleas de barrio, hasta conductores idiotas que se bajan a luchar entre sí o a amedrentar ciclistas y peatones que reclamaron precaución.

También habrá problemas que disminuyan su impacto negativo y otros que se acendren. Gobiernos voluntaristas que cuestionen a sus predecesores, pero al mismo tiempo sin la sencillez para abordar una discusión democrática de los problemas: lo podemos ver en la cara de fastidio que pone la Jefa de Gobierno cuando alguien la cuestiona, desde la ciudadanía o desde la prensa. Recién el Congreso de la Ciudad de México fue capaz de sesionar en la víspera de Navidad para castigar a un órgano autónomo por no subordinarse al Ejecutivo. Es decir, ni siquiera hemos podido normalizar las prácticas democráticas.

A lo largo de este tiempo la segunda fuerza ha sido Acción Nacional. Este partido ha tenido un rol muy relevante en la Asamblea Legislativa, en el Congreso Constituyente y ahora en el nuevo Congreso; han influido en leyes pero no han representado un Proyecto Alternativo de Ciudad.

Cuatro partidos tienen hoy el gran reto de innovar en este sentido. Me refiero a Movimiento Ciudadano, que quedó desdibujado en la elección de 2018 y hoy parte de cero; Redes Sociales Progresistas, Encuentro Solidario y Fuerza Social por México. Oigo voces que simpatizan ahora por MC, los otros tres, con corporativismos magisterial, religioso y sindical, no parecen prometer mucho, pero podría cambiar de opinión.

Más allá de las coaliciones que veremos de cara a la elección del 6 de junio, lo que hace falta es escuchar otra quimera. La que nos gobierna tiene muchas más limitaciones que atributos. Podrá haber gobiernos mejores que otros, pero los problemas sólo se patean. Clamo por esa nueva quimera, algo que genere entusiasmo por la transformación tanto en la dotación de servicios, en el desarrollo de la infraestructura como en la convivencia urbana.

Si bien ha habido fuertes diferencias entre los distintos gobiernos democráticos de Ciudad de México, en esencia hemos sido gobernados por el mismo proyecto. Desde el triunfo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en 1997 hasta el gobierno de Claudia Sheinbaum, ha dominado una perspectiva social muy fuerte, en donde se ha buscado dotar a la población más vulnerable de beneficios sociales sin elevar sustancialmente los cobros.

A pesar de las diferencias que día con día manifiestan Sheinbaum y su equipo con el gobierno precedente, hay más cambio de estilo que de fondo. A lo largo de estos años se han acumulado apoyos económicos a población vulnerable, se han creado comedores comunitarios, se han abierto centros sociales aunque el nombre haya cambiado, como ahora con los Pilares.

Sin embargo, la Ciudad de México está llena de problemas estructurales que sólo se han ido pateando a lo largo de estos 24 años. No sabemos en qué colonia o en qué paso a desnivel de Periférico, pero en 2021 habrá algunas inundaciones; continuaremos con miles de personas que dedican horas a transportarse desde barrios de la Periferia hasta los centros laborales, sin que hayamos dado un solo paso en la planeación de un gran sistema de transporte. Sabemos que a muchos hogares faltará el agua, que habrá asaltos y violencia, desde peleas de barrio, hasta conductores idiotas que se bajan a luchar entre sí o a amedrentar ciclistas y peatones que reclamaron precaución.

También habrá problemas que disminuyan su impacto negativo y otros que se acendren. Gobiernos voluntaristas que cuestionen a sus predecesores, pero al mismo tiempo sin la sencillez para abordar una discusión democrática de los problemas: lo podemos ver en la cara de fastidio que pone la Jefa de Gobierno cuando alguien la cuestiona, desde la ciudadanía o desde la prensa. Recién el Congreso de la Ciudad de México fue capaz de sesionar en la víspera de Navidad para castigar a un órgano autónomo por no subordinarse al Ejecutivo. Es decir, ni siquiera hemos podido normalizar las prácticas democráticas.

A lo largo de este tiempo la segunda fuerza ha sido Acción Nacional. Este partido ha tenido un rol muy relevante en la Asamblea Legislativa, en el Congreso Constituyente y ahora en el nuevo Congreso; han influido en leyes pero no han representado un Proyecto Alternativo de Ciudad.

Cuatro partidos tienen hoy el gran reto de innovar en este sentido. Me refiero a Movimiento Ciudadano, que quedó desdibujado en la elección de 2018 y hoy parte de cero; Redes Sociales Progresistas, Encuentro Solidario y Fuerza Social por México. Oigo voces que simpatizan ahora por MC, los otros tres, con corporativismos magisterial, religioso y sindical, no parecen prometer mucho, pero podría cambiar de opinión.

Más allá de las coaliciones que veremos de cara a la elección del 6 de junio, lo que hace falta es escuchar otra quimera. La que nos gobierna tiene muchas más limitaciones que atributos. Podrá haber gobiernos mejores que otros, pero los problemas sólo se patean. Clamo por esa nueva quimera, algo que genere entusiasmo por la transformación tanto en la dotación de servicios, en el desarrollo de la infraestructura como en la convivencia urbana.