/ domingo 24 de enero de 2021

El discurso de Joe Biden

Estados Unidos está en guerra. Pero por primera vez no es en contra de otro Estado o movimiento terrorista, sino un virus que ha cobrado la vida de 400 mil personas en aquel país.

Así lo reconoció Joe Biden al asumir la presidencia de ese país. Y no se equivoca, pues el número de víctimas iguala las muertes de estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial.

A tal grado fue la inconsciencia de Donald Trump que todavía en sus últimos minutos como presidente se enorgulleció de haber sido el único que no había hecho la guerra a nadie, pretendiendo sepultar el saldo catastrófico que arroja su mala gestión.

Pero a través de un discurso conciliador, Joe Biden ha pretendido dar vuelta a esa página negra en la historia estadounidense y lanzado una convocatoria muy sentida.

Unidad fue la palabra que pronunció en nueve ocasiones durante su intervención, pidiendo a quienes votaron por él, pero sobre todo a quienes no lo hicieron, a hacer equipo para corregir errores y superar obstáculos.

Un aspecto que fue muy bien recibido fue que el presidente estadounidense destacara el derecho a disentir, a no estar de acuerdo. Y es que durante cuatro años en aquellos rumbos la discrepancia fue criminalizada y perseguida. Se trató de una bocanada de aire fresco que busca elevar el discurso político en aquella nación, centrándose en asuntos de fondo y ya no superficiales ni coyunturales.

“Reconstruir la clase media” fue otro de los aspectos centrales de la intervención del primer mandatario estadounidense, ya que en ese sector ubica a una fuerza de recuperación de la economía, de los puestos de trabajo y también de la reconciliación política.

Y es el crecimiento económico y la creación de empleo constituyen dos de las mejores herramientas del presidente Biden para convencer a sus contrarios y lograr disminuir la polarización, pues dejando de lado los supremacistas blancos y xenófobos, muchas familias decidieron apoyar a Trumo por miedo a sufrir el deterioro de su calidad de vida. “El comunista” le decían a Joe Biden, lo que refleja la campaña sucia hecha en su contra.

“Convertir de nuevo a Estados Unidos en la principal fuerza del bien en el mundo” trae consigo un repoblamiento no solo de organizaciones internacionales abandonadas por su antecesor, sino también recuperación de áreas de influencia y de interés, lo cual va más allá de regresar a la Organización Mundial de la Salud y a la COP-26.

“Empecemos a escucharnos unos a otros, a oírnos unos a otros, a vernos unos a otros, a respetarnos unos a otros. La política no tiene por qué ser un incendio voraz que destruye todo lo que encuentra en su camino. Cualquier disenso no tiene por qué causar una guerra total”, dijo Biden de forma encomiable, pues si bien tiene la fuerza mayoritaria en ambas cámaras federales, está apostando por la construcción de acuerdos lo más cercanos posibles a la unanimidad.

Otro de los sellos distintivos es que Biden apostó por el legado histórico de Estados Unidos en lugar de centrar su potencial en la fuerza y en el dinero.

“Tenemos que poner fin a esta guerra civil que enfrenta al rojo con el azul, a lo rural con lo urbano, a los conservadores con los liberales…”.

Se trata de palabras que han venido acompañadas de hechos muy significativos.

Es necesario que en México se corrigiera el camino y no tuviéramos que esperar hasta 2024 para llamar a la reconciliación, a la unidad y a la solidaridad para salir adelante. En distinta magnitud, enfrentamos retos muy similares pero no podremos superarlos con el actual clima de división, encono, violencia e ilegalidad.


@jlcamachov

Estados Unidos está en guerra. Pero por primera vez no es en contra de otro Estado o movimiento terrorista, sino un virus que ha cobrado la vida de 400 mil personas en aquel país.

Así lo reconoció Joe Biden al asumir la presidencia de ese país. Y no se equivoca, pues el número de víctimas iguala las muertes de estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial.

A tal grado fue la inconsciencia de Donald Trump que todavía en sus últimos minutos como presidente se enorgulleció de haber sido el único que no había hecho la guerra a nadie, pretendiendo sepultar el saldo catastrófico que arroja su mala gestión.

Pero a través de un discurso conciliador, Joe Biden ha pretendido dar vuelta a esa página negra en la historia estadounidense y lanzado una convocatoria muy sentida.

Unidad fue la palabra que pronunció en nueve ocasiones durante su intervención, pidiendo a quienes votaron por él, pero sobre todo a quienes no lo hicieron, a hacer equipo para corregir errores y superar obstáculos.

Un aspecto que fue muy bien recibido fue que el presidente estadounidense destacara el derecho a disentir, a no estar de acuerdo. Y es que durante cuatro años en aquellos rumbos la discrepancia fue criminalizada y perseguida. Se trató de una bocanada de aire fresco que busca elevar el discurso político en aquella nación, centrándose en asuntos de fondo y ya no superficiales ni coyunturales.

“Reconstruir la clase media” fue otro de los aspectos centrales de la intervención del primer mandatario estadounidense, ya que en ese sector ubica a una fuerza de recuperación de la economía, de los puestos de trabajo y también de la reconciliación política.

Y es el crecimiento económico y la creación de empleo constituyen dos de las mejores herramientas del presidente Biden para convencer a sus contrarios y lograr disminuir la polarización, pues dejando de lado los supremacistas blancos y xenófobos, muchas familias decidieron apoyar a Trumo por miedo a sufrir el deterioro de su calidad de vida. “El comunista” le decían a Joe Biden, lo que refleja la campaña sucia hecha en su contra.

“Convertir de nuevo a Estados Unidos en la principal fuerza del bien en el mundo” trae consigo un repoblamiento no solo de organizaciones internacionales abandonadas por su antecesor, sino también recuperación de áreas de influencia y de interés, lo cual va más allá de regresar a la Organización Mundial de la Salud y a la COP-26.

“Empecemos a escucharnos unos a otros, a oírnos unos a otros, a vernos unos a otros, a respetarnos unos a otros. La política no tiene por qué ser un incendio voraz que destruye todo lo que encuentra en su camino. Cualquier disenso no tiene por qué causar una guerra total”, dijo Biden de forma encomiable, pues si bien tiene la fuerza mayoritaria en ambas cámaras federales, está apostando por la construcción de acuerdos lo más cercanos posibles a la unanimidad.

Otro de los sellos distintivos es que Biden apostó por el legado histórico de Estados Unidos en lugar de centrar su potencial en la fuerza y en el dinero.

“Tenemos que poner fin a esta guerra civil que enfrenta al rojo con el azul, a lo rural con lo urbano, a los conservadores con los liberales…”.

Se trata de palabras que han venido acompañadas de hechos muy significativos.

Es necesario que en México se corrigiera el camino y no tuviéramos que esperar hasta 2024 para llamar a la reconciliación, a la unidad y a la solidaridad para salir adelante. En distinta magnitud, enfrentamos retos muy similares pero no podremos superarlos con el actual clima de división, encono, violencia e ilegalidad.


@jlcamachov