/ viernes 5 de julio de 2019

La realidad virtual de AMLO

En el mundo actual, al hablar de “realidad virtual” hacemos referencia a aquel entorno que da la apariencia de ser real y que es construido a partir del extraordinario potencial que hoy nos brindan la tecnología y la era digital, dándonos la sensación de formar parte de ese mundo creado de manera ilusoria.

Comento lo anterior, porque el pasado lunes 1o de julio, durante la celebración del triunfo electoral de 2018, el Presidente Andrés Manuel López Obrador construyó a los mexicanos una realidad política, económica y social virtuales y, lo que es peor, los asistentes al Zócalo capitalino -que no representan nada frente a los 30 millones de votos obtenidos- se lo creyeron y lo aplaudieron.

Ese 1o de julio no podía haber llegado a AMLO en mejor momento. Más que una celebración, el evento representó la oportunidad del Presidente para intentar atajar el desencanto y malestar que siguen presentes en la sociedad por la ausencia de resultados en los principales temas de la agenda nacional.

Así es, pues ya circulan encuestas y estudios de opinión que dan cuenta de un declive en la aprobación de su gestión. Más de la mitad de los mexicanos considera que el gobierno de AMLO ha sido poco exitoso en el combate a la delincuencia y en la disminución de la pobreza; que una mayoría asume que la inseguridad sigue siendo el principal problema a vencer y después le sigue la economía; que crece la percepción de que el país va por el rumbo equivocado; que la gente empieza a sentir menos esperanza y más enojo, en fin, todo esto forma parte de los balances que se vienen haciendo en círculos de análisis y opinión respecto a la 4T.

Por eso para AMLO era importante el 1o de julio, era clave construir un escenario para decirle a los mexicanos que vamos bien, para contagiarlos de su “optimismo”, tal y como lo hacía a lo largo de sus casi 18 años que estuvo en campaña.

Pero para que esa “realidad virtual” sobre la marcha del país que buscó transmitir López Obrador fuera creíble entre sus seguidores, había que blindarla, evadiendo aquellos hechos y datos que no coinciden con la visión gubernamental y de los cuales muchos mexicanos no se enteran.

Por ejemplo, que el primer semestre de 2019 terminó siendo el más violento del que se tenga conocimiento al registrarse 17 mil 65 víctimas por homicidio doloso y feminicidio; esto equivale a un promedio de más de 2 mil 800 muertes por mes. El crimen organizado y los diferentes grupos delictivos literalmente siguen haciendo de las suyas a lo largo y ancho del país. El Presidente asegura que México se va a convertir en una “potencia económica con dimensión social” y grandeza moral y cultural. Yo en realidad espero que así suceda, pero detrás de su “realidad virtual” está el hecho de que la inversión pública se encuentra en una tendencia a la baja, las calificadoras internacionales han colocado a México en una perspectiva negativa y lo mismo ha pasado con la calificación de la deuda de Pemex; y, por si fuera poco, nadie en su sano juicio, dentro o fuera del país, se atreve a sostener la meta gubernamental de un crecimiento del 2 por ciento este año. En el primer trimestre, la economía retrocedió 0.2 por ciento y cada mes que pasa los analistas recortan los pronósticos, la última estimación lo ubican apenas por arriba del 1 %.

Y por si esto fuera poco, AMLO confirma su compromiso de luchar por la democracia; sin embargo, detrás de esto, siguen las consultas a mano alzada con audiencias a modo para justificar decisiones importantes. Así como, la iniciativa de Morena para reducir el 50 por ciento de financiamiento público a los partidos políticos, que en el fondo persigue el objetivo de reducir los márgenes de acción de las fuerzas políticas; mientras, el partido en el poder –que por cierto, tuvo una importante pérdida de votos en los comicios locales de junio pasado– pretende ampliar sus bases de apoyo a través de los programas clientelares oficiales y de regalar dinero, como en algún momento lo sostuve.

Presidente de la Academia Mexicana de Educación

En el mundo actual, al hablar de “realidad virtual” hacemos referencia a aquel entorno que da la apariencia de ser real y que es construido a partir del extraordinario potencial que hoy nos brindan la tecnología y la era digital, dándonos la sensación de formar parte de ese mundo creado de manera ilusoria.

Comento lo anterior, porque el pasado lunes 1o de julio, durante la celebración del triunfo electoral de 2018, el Presidente Andrés Manuel López Obrador construyó a los mexicanos una realidad política, económica y social virtuales y, lo que es peor, los asistentes al Zócalo capitalino -que no representan nada frente a los 30 millones de votos obtenidos- se lo creyeron y lo aplaudieron.

Ese 1o de julio no podía haber llegado a AMLO en mejor momento. Más que una celebración, el evento representó la oportunidad del Presidente para intentar atajar el desencanto y malestar que siguen presentes en la sociedad por la ausencia de resultados en los principales temas de la agenda nacional.

Así es, pues ya circulan encuestas y estudios de opinión que dan cuenta de un declive en la aprobación de su gestión. Más de la mitad de los mexicanos considera que el gobierno de AMLO ha sido poco exitoso en el combate a la delincuencia y en la disminución de la pobreza; que una mayoría asume que la inseguridad sigue siendo el principal problema a vencer y después le sigue la economía; que crece la percepción de que el país va por el rumbo equivocado; que la gente empieza a sentir menos esperanza y más enojo, en fin, todo esto forma parte de los balances que se vienen haciendo en círculos de análisis y opinión respecto a la 4T.

Por eso para AMLO era importante el 1o de julio, era clave construir un escenario para decirle a los mexicanos que vamos bien, para contagiarlos de su “optimismo”, tal y como lo hacía a lo largo de sus casi 18 años que estuvo en campaña.

Pero para que esa “realidad virtual” sobre la marcha del país que buscó transmitir López Obrador fuera creíble entre sus seguidores, había que blindarla, evadiendo aquellos hechos y datos que no coinciden con la visión gubernamental y de los cuales muchos mexicanos no se enteran.

Por ejemplo, que el primer semestre de 2019 terminó siendo el más violento del que se tenga conocimiento al registrarse 17 mil 65 víctimas por homicidio doloso y feminicidio; esto equivale a un promedio de más de 2 mil 800 muertes por mes. El crimen organizado y los diferentes grupos delictivos literalmente siguen haciendo de las suyas a lo largo y ancho del país. El Presidente asegura que México se va a convertir en una “potencia económica con dimensión social” y grandeza moral y cultural. Yo en realidad espero que así suceda, pero detrás de su “realidad virtual” está el hecho de que la inversión pública se encuentra en una tendencia a la baja, las calificadoras internacionales han colocado a México en una perspectiva negativa y lo mismo ha pasado con la calificación de la deuda de Pemex; y, por si fuera poco, nadie en su sano juicio, dentro o fuera del país, se atreve a sostener la meta gubernamental de un crecimiento del 2 por ciento este año. En el primer trimestre, la economía retrocedió 0.2 por ciento y cada mes que pasa los analistas recortan los pronósticos, la última estimación lo ubican apenas por arriba del 1 %.

Y por si esto fuera poco, AMLO confirma su compromiso de luchar por la democracia; sin embargo, detrás de esto, siguen las consultas a mano alzada con audiencias a modo para justificar decisiones importantes. Así como, la iniciativa de Morena para reducir el 50 por ciento de financiamiento público a los partidos políticos, que en el fondo persigue el objetivo de reducir los márgenes de acción de las fuerzas políticas; mientras, el partido en el poder –que por cierto, tuvo una importante pérdida de votos en los comicios locales de junio pasado– pretende ampliar sus bases de apoyo a través de los programas clientelares oficiales y de regalar dinero, como en algún momento lo sostuve.

Presidente de la Academia Mexicana de Educación

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