/ viernes 5 de junio de 2020

Más pobreza por el Covid-19

En una reciente colaboración, compartí con todos ustedes algunas de las consecuencias que la Pandemia ha tenido para todos los países, desde la pérdida de vidas humanas, hasta lo que ya es un consenso global: la recesión económica más grande de las últimas décadas a nivel mundial.

Como resultado de lo anterior, quedan canceladas las aspiraciones de crecimiento económico de la mayoría de las naciones -que será negativo prácticamente para todos los países de Latinoamérica- y el bienestar social sufre un severo retroceso.

Los sectores sociales más desfavorecidos son los principales afectados y entre éstos, se encuentran aquellos que no han logrado salir de la pobreza y la pobreza extrema; así como también los que ahora se sumarán a esta condición. Su entorno será de una profundización de la desigualdad, marginación y exclusión.

La causa principal que agrava su situación es la falta de ingreso, derivado ya sea de la pérdida de fuentes de trabajo, la reducción del salario o la precariedad laboral. Esta última, si bien ya se encontraba en una tendencia de deterioro, ahora castigará mucho más las condiciones laborales de las miles de trabajadoras y trabajadores que logren conservar sus empleos.

Tan sólo en el mes de abril y, de acuerdo con datos del IMSS, se perdieron un poco más de 555 mil empleos, lo que nos da una idea de la contundencia con que la pandemia afecta a las empresas y a los trabajadores. El Covid-19 se convirtió en la gran amenaza para la viabilidad de las pequeñas y medianas empresas, así como para miles de mexicanos a quienes, en los dos últimos meses, les cambió la vida al quedarse sin trabajo.

Los resultados de la encuesta telefónica del INEGI sobre Ocupación y Empleo, que se anunciaron esta semana, complican el escenario: durante el mes de abril, salieron del mercado laboral 12 millones de trabajadores debido a la suspensión laboral temporal por la “cuarentena”. Sin embargo, esto tiene lugar sin la percepción de ingresos y también, sin la certeza de reincorporarse nuevamente al trabajo.

Otro factor que se suma a este panorama es la pobreza, que tenderá a aumentar. Hace unos días, el CONEVAL dio a conocer que alrededor de 13.3 y 15 millones de personas podrían caer en la pobreza si el gobierno no pone en marcha acciones para detener la pérdida de empleos y la reducción de los ingresos de las familias.

Estos datos que comento no son aislados, ni mucho menos aparecen desvinculados entre sí; prácticamente cualquier estudio serio anticipa escenarios críticos.

La CEPAL prevé importantes incrementos en los niveles de pobreza, pobreza extrema y desigualdad para casi todos los países, pero particularmente para México, Nicaragua, Ecuador, Argentina y Brasil.

Está por demás decir que quienes más sufrirán las consecuencias son los niños, las niñas y adolescentes; jóvenes, personas mayores de 60 años e indígenas.

La falta de ingresos en los hogares, provocaría, entre otros problemas: desnutrición infantil, búsqueda de trabajo a muy temprana edad, aumento de la carga de tareas domésticas o de cuidado no remunerado para niñas y adolescentes.

Los jóvenes verán reducidas sus oportunidades de continuidad educativa e inserción laboral. Para las personas mayores de 60 años la situación es más crítica, considerando sus necesidades alimentarias, la imposibilidad de acceder a atención especializada en salud o la incapacidad económica para hacer frente a una enfermedad. Y bueno, también hay otros grupos a quienes les esperan tiempos muy difíciles: indígenas, migrantes y personas con discapacidad, entre otros.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, precisa que la pandemia nos llegó en un contexto de precariedad económica. Desde años atrás el crecimiento era bajo. En México el año pasado quedó en menos cero. Sin embargo, con la pandemia, la pobreza nos pegará más fuerte.

Lo anterior nos lleva al tema central: ¿qué hacer?

Para la CEPAL, es fundamental proteger los ingresos y esto exige posponer los gastos, dado que las necesidades presupuestales serán mayores. En nuestro país, se ha insistido en cancelar o posponer obras como Dos Bocas, Santa Lucia y el Tren Maya, para tener espacio presupuestal y enfrentar la crisis.

En este contexto, las propuestas van desde otorgar -hasta el mes de diciembre de este año- un salario mínimo a 10.2 millones de personas entre los 18 a 67 años que no están cubiertos por ningún programa, hasta respaldar a las pequeñas empresas con el propósito de que conserven su capacidad productiva, generen valor y el país tenga movilidad.

Se trata de un nuevo enfoque, mirar hacia adentro, al fortalecimiento del mercado interno. La CEPAL aborda un punto que es clave: lo que apuntala a las economías son las y los trabajadores. Desde esta perspectiva, se requiere crear capacidades en los ingresos, apuntalar a los hogares y a las empresas pequeñas para que no desaparezcan. Sólo así, se estará en condiciones de empezar a hacer frente a esta crisis.


Presidente de la Academia Mexicana de Educación.

En una reciente colaboración, compartí con todos ustedes algunas de las consecuencias que la Pandemia ha tenido para todos los países, desde la pérdida de vidas humanas, hasta lo que ya es un consenso global: la recesión económica más grande de las últimas décadas a nivel mundial.

Como resultado de lo anterior, quedan canceladas las aspiraciones de crecimiento económico de la mayoría de las naciones -que será negativo prácticamente para todos los países de Latinoamérica- y el bienestar social sufre un severo retroceso.

Los sectores sociales más desfavorecidos son los principales afectados y entre éstos, se encuentran aquellos que no han logrado salir de la pobreza y la pobreza extrema; así como también los que ahora se sumarán a esta condición. Su entorno será de una profundización de la desigualdad, marginación y exclusión.

La causa principal que agrava su situación es la falta de ingreso, derivado ya sea de la pérdida de fuentes de trabajo, la reducción del salario o la precariedad laboral. Esta última, si bien ya se encontraba en una tendencia de deterioro, ahora castigará mucho más las condiciones laborales de las miles de trabajadoras y trabajadores que logren conservar sus empleos.

Tan sólo en el mes de abril y, de acuerdo con datos del IMSS, se perdieron un poco más de 555 mil empleos, lo que nos da una idea de la contundencia con que la pandemia afecta a las empresas y a los trabajadores. El Covid-19 se convirtió en la gran amenaza para la viabilidad de las pequeñas y medianas empresas, así como para miles de mexicanos a quienes, en los dos últimos meses, les cambió la vida al quedarse sin trabajo.

Los resultados de la encuesta telefónica del INEGI sobre Ocupación y Empleo, que se anunciaron esta semana, complican el escenario: durante el mes de abril, salieron del mercado laboral 12 millones de trabajadores debido a la suspensión laboral temporal por la “cuarentena”. Sin embargo, esto tiene lugar sin la percepción de ingresos y también, sin la certeza de reincorporarse nuevamente al trabajo.

Otro factor que se suma a este panorama es la pobreza, que tenderá a aumentar. Hace unos días, el CONEVAL dio a conocer que alrededor de 13.3 y 15 millones de personas podrían caer en la pobreza si el gobierno no pone en marcha acciones para detener la pérdida de empleos y la reducción de los ingresos de las familias.

Estos datos que comento no son aislados, ni mucho menos aparecen desvinculados entre sí; prácticamente cualquier estudio serio anticipa escenarios críticos.

La CEPAL prevé importantes incrementos en los niveles de pobreza, pobreza extrema y desigualdad para casi todos los países, pero particularmente para México, Nicaragua, Ecuador, Argentina y Brasil.

Está por demás decir que quienes más sufrirán las consecuencias son los niños, las niñas y adolescentes; jóvenes, personas mayores de 60 años e indígenas.

La falta de ingresos en los hogares, provocaría, entre otros problemas: desnutrición infantil, búsqueda de trabajo a muy temprana edad, aumento de la carga de tareas domésticas o de cuidado no remunerado para niñas y adolescentes.

Los jóvenes verán reducidas sus oportunidades de continuidad educativa e inserción laboral. Para las personas mayores de 60 años la situación es más crítica, considerando sus necesidades alimentarias, la imposibilidad de acceder a atención especializada en salud o la incapacidad económica para hacer frente a una enfermedad. Y bueno, también hay otros grupos a quienes les esperan tiempos muy difíciles: indígenas, migrantes y personas con discapacidad, entre otros.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, precisa que la pandemia nos llegó en un contexto de precariedad económica. Desde años atrás el crecimiento era bajo. En México el año pasado quedó en menos cero. Sin embargo, con la pandemia, la pobreza nos pegará más fuerte.

Lo anterior nos lleva al tema central: ¿qué hacer?

Para la CEPAL, es fundamental proteger los ingresos y esto exige posponer los gastos, dado que las necesidades presupuestales serán mayores. En nuestro país, se ha insistido en cancelar o posponer obras como Dos Bocas, Santa Lucia y el Tren Maya, para tener espacio presupuestal y enfrentar la crisis.

En este contexto, las propuestas van desde otorgar -hasta el mes de diciembre de este año- un salario mínimo a 10.2 millones de personas entre los 18 a 67 años que no están cubiertos por ningún programa, hasta respaldar a las pequeñas empresas con el propósito de que conserven su capacidad productiva, generen valor y el país tenga movilidad.

Se trata de un nuevo enfoque, mirar hacia adentro, al fortalecimiento del mercado interno. La CEPAL aborda un punto que es clave: lo que apuntala a las economías son las y los trabajadores. Desde esta perspectiva, se requiere crear capacidades en los ingresos, apuntalar a los hogares y a las empresas pequeñas para que no desaparezcan. Sólo así, se estará en condiciones de empezar a hacer frente a esta crisis.


Presidente de la Academia Mexicana de Educación.

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