/ jueves 4 de abril de 2019

Mentiras sobre el sistema de salud

Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las mentiras descaradas y las que dicen los republicanos sobre el sistema de salud.

Mick Mulvaney, el jefe de Gabinete interino de la Casa Blanca, apareció en televisión el domingo y afirmó que “todos los planes” (de salud) que Donald Trump ha presentado “cubrían las enfermedades preexistentes”. Esa es una total y absoluta mentira.

Por desgracia, las mentiras de Mulvaney acerca de las enfermedades preexistentes y que nadie perderá cobertura si el juicio en contra del Obamacare logra su objetivo, son de lo más normal conforme a los estándares republicanos, lo que nos lleva a la segunda razón por la que esta forma específica de mentir es excepcional: los republicanos no paran de repetir las mismas mentiras, una y otra vez. Aunque han prometido en repetidas ocasiones mantener la cobertura e incluir las enfermedades preexistentes, después han propuesto planes con los que decenas de millones de personas perderían su seguro de salud y los más afectados serían quienes ya sufren problemas de salud.

Ahora bien, ¿cómo podemos explicar que persista el síndrome de las mentiras republicanas sobre el sistema de salud?

En este tema, la opinión popular es clara: los estadounidenses quieren que todos tengan acceso a los servicios de salud. Ni siquiera existe una división partidista significativa: la gran mayoría de los republicanos no creen que deba permitirse que las aseguradoras les nieguen cobertura o les cobren más a quienes sufren enfermedades preexistentes.

Este apoyo público casi unánime explica la popularidad de Medicare. Después de todo, envejecer y pasar a formar parte de un grupo que en promedio gasta mucho más que el resto de la población en seguros de salud es la principal enfermedad preexistente.

El problema es que sólo hay dos opciones viables para darles cobertura a las personas que sufren enfermedades preexistentes, y ambas son anatema en el marco de la ideología conservadora.

Una opción es que los contribuyentes paguen directamente los costos, el mecanismo que aplica Medicare.

La otra opción es una combinación de normas y subsidios. Es necesario prohibirles a las aseguradoras discriminar con base en el historial médico (tal prohibición debe incluir medidas para evitar que emitan pólizas básicas que sólo atraigan a quienes gozan de buena salud), pero eso no basta. También hace falta convencer a las personas sanas de inscribirse para que exista un buen conjunto de riesgos, así que deben subsidiarse las primas de quienes reciben ingresos menores y, de preferencia (aunque no es indispensable), imponerles una multa a quienes no tengan seguro.

Si la segunda opción les parece conocida, no es coincidencia. Es el mecanismo que aplican países como Suiza y los Países Bajos; también describe (muy bien si lo adivinaron) la estructura de Obamacare.

El problema es que los republicanos tampoco se atreven a admitir que no les interesa en absoluto ofrecer la protección que exige una amplia mayoría de los electores. Así que se escudan en sus mentiras.

Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las mentiras descaradas y las que dicen los republicanos sobre el sistema de salud.

Mick Mulvaney, el jefe de Gabinete interino de la Casa Blanca, apareció en televisión el domingo y afirmó que “todos los planes” (de salud) que Donald Trump ha presentado “cubrían las enfermedades preexistentes”. Esa es una total y absoluta mentira.

Por desgracia, las mentiras de Mulvaney acerca de las enfermedades preexistentes y que nadie perderá cobertura si el juicio en contra del Obamacare logra su objetivo, son de lo más normal conforme a los estándares republicanos, lo que nos lleva a la segunda razón por la que esta forma específica de mentir es excepcional: los republicanos no paran de repetir las mismas mentiras, una y otra vez. Aunque han prometido en repetidas ocasiones mantener la cobertura e incluir las enfermedades preexistentes, después han propuesto planes con los que decenas de millones de personas perderían su seguro de salud y los más afectados serían quienes ya sufren problemas de salud.

Ahora bien, ¿cómo podemos explicar que persista el síndrome de las mentiras republicanas sobre el sistema de salud?

En este tema, la opinión popular es clara: los estadounidenses quieren que todos tengan acceso a los servicios de salud. Ni siquiera existe una división partidista significativa: la gran mayoría de los republicanos no creen que deba permitirse que las aseguradoras les nieguen cobertura o les cobren más a quienes sufren enfermedades preexistentes.

Este apoyo público casi unánime explica la popularidad de Medicare. Después de todo, envejecer y pasar a formar parte de un grupo que en promedio gasta mucho más que el resto de la población en seguros de salud es la principal enfermedad preexistente.

El problema es que sólo hay dos opciones viables para darles cobertura a las personas que sufren enfermedades preexistentes, y ambas son anatema en el marco de la ideología conservadora.

Una opción es que los contribuyentes paguen directamente los costos, el mecanismo que aplica Medicare.

La otra opción es una combinación de normas y subsidios. Es necesario prohibirles a las aseguradoras discriminar con base en el historial médico (tal prohibición debe incluir medidas para evitar que emitan pólizas básicas que sólo atraigan a quienes gozan de buena salud), pero eso no basta. También hace falta convencer a las personas sanas de inscribirse para que exista un buen conjunto de riesgos, así que deben subsidiarse las primas de quienes reciben ingresos menores y, de preferencia (aunque no es indispensable), imponerles una multa a quienes no tengan seguro.

Si la segunda opción les parece conocida, no es coincidencia. Es el mecanismo que aplican países como Suiza y los Países Bajos; también describe (muy bien si lo adivinaron) la estructura de Obamacare.

El problema es que los republicanos tampoco se atreven a admitir que no les interesa en absoluto ofrecer la protección que exige una amplia mayoría de los electores. Así que se escudan en sus mentiras.

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