/ martes 15 de octubre de 2019

Anáhuac Global | Pequeños grandes afectados

Por: Pablo D. Bejarano

No hay país en el mundo que no haya experimentado los efectos del cambio climático. Emisiones de gases de efecto invernadero 50% mayores a 1990; pérdidas anuales con montos superiores a los cientos de miles de millones de dólares, sin mencionar el impacto humano de las catástrofes geofísicas, el 91% de las cuales son relacionadas con el clima, mismas que entre 1998 y 2017 provocaron la muerte de más de 1.3 millones de personas y dejaron heridas a cerca de 4,400 millones; aumento en el nivel promedio del mar cercano a los 20 centímetros con proyección de crecimiento, de seguir así, en otros 30-122 cm para 2100, de acuerdo con datos presentados por la ONU. Negar lo evidente, no es más que necedad.

En el marco del día internacional de la niña, hemos de hacer una pausa para reflexionar en aquellos más vulnerables a los efectos del cambio climático: los niños. De acuerdo con los datos presentados por el Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) la población total de niños asciende a 2,200 millones, lo que representa el 36% de la población mundial.

El informe de la UNICEF, Las vulnerabilidades de los niños al cambio climático y los impactos de los desastres en Asia Oriental y Pacífico , revela que millones de niños presentan ya limitaciones en el acceso a agua potable y saneamiento adecuado, dando como resultado altos índices en crisis alimentarias, además de ser más propensos a la contracción de enfermedades. Aunado a lo anterior, el cambio climático no ha hecho sino empeorar su situación, al denotar que las principales causas de mortalidad infantil tienen una relación directa en zonas muy expuestas a efectos climáticos como inundaciones que afectan directamente a 500 millones de niños, sequías perjudicando a 160 millones de niños y ciclones, incrementando las tasas de malnutrición, enfermedades diarreicas, dengue y malaria principalmente.

Tan sólo en América Latina, cerca de 26.5 millones de niños viven en zonas de alto riesgo ya sea de sequías o inundaciones. La misma agencia ha afirmado que América Latina y el Caribe continúan siendo una de las zonas más afectadas por el cambio climático, con 13.4 millones de niñas y niños que actualmente se encuentran viviendo en regiones de alto riesgo, además de indicar que más de 63 millones de niños latinoamericanos se han visto afectados por algún evento climático extremo en los últimos 30 años.

Sí bien al momento de la creación de organismos como la ONU, el factor climático no era el punto central de éstas, hoy debe serlo. Las elevadas cifras recalcan la necesidad de actuar urgentemente. Los niños son los menos responsables del desafío que representa el cambio climático, sin embargo, son ellos y sus hijos los que tendrán que vivir más tiempo con sus consecuencias. Los impactos son reales, es por ello que las políticas y decisiones que se tomen hoy, marcarán el camino para los próximos años.

Es por lo anterior que una de las acciones encaminadas a reducir la vulnerabilidad de los niños debería ser la adopción, por parte de las Naciones Unidas, de una comisión enfocada en el reconocimiento de los derechos de los niños. La vida es una deuda con el pasado y un préstamo con el futuro a la que tenemos que hacerle justicia con acciones en el presente.

Por: Pablo D. Bejarano

No hay país en el mundo que no haya experimentado los efectos del cambio climático. Emisiones de gases de efecto invernadero 50% mayores a 1990; pérdidas anuales con montos superiores a los cientos de miles de millones de dólares, sin mencionar el impacto humano de las catástrofes geofísicas, el 91% de las cuales son relacionadas con el clima, mismas que entre 1998 y 2017 provocaron la muerte de más de 1.3 millones de personas y dejaron heridas a cerca de 4,400 millones; aumento en el nivel promedio del mar cercano a los 20 centímetros con proyección de crecimiento, de seguir así, en otros 30-122 cm para 2100, de acuerdo con datos presentados por la ONU. Negar lo evidente, no es más que necedad.

En el marco del día internacional de la niña, hemos de hacer una pausa para reflexionar en aquellos más vulnerables a los efectos del cambio climático: los niños. De acuerdo con los datos presentados por el Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) la población total de niños asciende a 2,200 millones, lo que representa el 36% de la población mundial.

El informe de la UNICEF, Las vulnerabilidades de los niños al cambio climático y los impactos de los desastres en Asia Oriental y Pacífico , revela que millones de niños presentan ya limitaciones en el acceso a agua potable y saneamiento adecuado, dando como resultado altos índices en crisis alimentarias, además de ser más propensos a la contracción de enfermedades. Aunado a lo anterior, el cambio climático no ha hecho sino empeorar su situación, al denotar que las principales causas de mortalidad infantil tienen una relación directa en zonas muy expuestas a efectos climáticos como inundaciones que afectan directamente a 500 millones de niños, sequías perjudicando a 160 millones de niños y ciclones, incrementando las tasas de malnutrición, enfermedades diarreicas, dengue y malaria principalmente.

Tan sólo en América Latina, cerca de 26.5 millones de niños viven en zonas de alto riesgo ya sea de sequías o inundaciones. La misma agencia ha afirmado que América Latina y el Caribe continúan siendo una de las zonas más afectadas por el cambio climático, con 13.4 millones de niñas y niños que actualmente se encuentran viviendo en regiones de alto riesgo, además de indicar que más de 63 millones de niños latinoamericanos se han visto afectados por algún evento climático extremo en los últimos 30 años.

Sí bien al momento de la creación de organismos como la ONU, el factor climático no era el punto central de éstas, hoy debe serlo. Las elevadas cifras recalcan la necesidad de actuar urgentemente. Los niños son los menos responsables del desafío que representa el cambio climático, sin embargo, son ellos y sus hijos los que tendrán que vivir más tiempo con sus consecuencias. Los impactos son reales, es por ello que las políticas y decisiones que se tomen hoy, marcarán el camino para los próximos años.

Es por lo anterior que una de las acciones encaminadas a reducir la vulnerabilidad de los niños debería ser la adopción, por parte de las Naciones Unidas, de una comisión enfocada en el reconocimiento de los derechos de los niños. La vida es una deuda con el pasado y un préstamo con el futuro a la que tenemos que hacerle justicia con acciones en el presente.

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