/ viernes 30 de agosto de 2019

Feminicidios: la amenaza

La violencia que impera en el país no da tregua y no deja de sorprendernos. El grave problema del Femicidio terminó por mostrarnos toda su crudeza y, al mismo tiempo, la desesperación y el miedo de miles de mujeres que saben que, en cualquier momento, ellas pueden ser las próximas víctimas.

Tal y como sucede con otros problemas que padecemos, la movilización y la presión ejercidas por distintos actores sociales siguen siendo los instrumentos más inmediatos para exhibir la incapacidad y pasividad de nuestros gobiernos. En este caso, para cumplir con su responsabilidad de garantizar la vida y el respeto a los derechos humanos de las mujeres de México.

Los datos son dramáticos y no sólo hablan por sí mismos, sino que también explican el hartazgo social que se ha acumulado por tantas y tantas mujeres a quienes les han quitado la vida, así como por la impunidad con que actúan los homicidas.

De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), durante los meses de enero a julio de este año fueron asesinadas violentamente un total de 2 mil 173 mujeres, esto representa un incremento de 4.3 por ciento respecto a lo acontecido en 2018.

Tal cantidad de víctimas se traduce en un promedio de 10.2 mujeres asesinadas al día y de un poco más de 300 al mes. Se trata de una cifra terrible y por más que se quiera negar, da cuenta de un gobierno completamente rebasado por este problema.

Recientemente, miles de mujeres salieron a la calle para denunciar y hacernos visible su temor; pero también, para que gobiernos y sociedad tomemos conciencia de los niveles que ha alcanzado la violencia de género y que no sólo tiene que ver con Feminicidios, sino también con abuso sexual, hostigamiento, desapariciones, secuestros, maltrato físico y emocional, etc.

Sin embargo, más allá de los intereses y grupos ajenos que intentan contaminar políticamente ­ -y que todos repudiamos- una legítima causa, lo que deseo destacar es el consenso nacional que, en diferentes espacios, se está extendiendo en contra de la violencia de género.

Se trata de un amplio consenso que se nutre por la convergencia de varios factores: una creciente indignación social por tal cantidad de muertes; el hartazgo e impotencia de los familiares que no encuentran respaldo de la autoridad; el perfil de las víctimas, que va desde estudiantes de los distintos niveles educativos, amas de casa, indígenas y trabajadoras, hasta ambientalistas y defensoras de derechos humanos, entre muchas más; y también, por el apoyo y solidaridad que colectivos sociales y medios de comunicación están mostrando a la causa.

Entre este abanico de factores, hay otros más de carácter estructural, me refiero a aspectos como: investigaciones deficientes; la debilidad institucional para procesar y castigar a los homicidas; la escasa profesionalización en los ministerios públicos y en las instituciones de procuración de justicia, etc.

Y por si todo lo anterior fuera poco, hay que agregar que el gobierno federal no cuenta con una estrategia para prevenir e investigar los Femicidios; recordemos que otro más de los encargos que apenas el Presidente le hizo a la nueva Guardia Nacional es precisamente el de diseñar dicha estrategia, desde luego sin descuidar la prioridad impuesta por EU de detener y regresar inmigrantes.

Así estamos en este momento, con todo por hacer, mientras tanto el número de víctimas seguirá creciendo, lamentablemente.

Ante todo esto, es fundamental que la sociedad, sus organizaciones, los colectivos de mujeres y de familiares de las víctimas, las activistas, los organismos de derechos humanos y los medios de comunicación, no sólo sigan apoyando la legítima exigencia de erradicar los Feminicidios y la violencia de género, sino también, que contribuyan a mantener el tema como una prioridad en la agenda nacional.

El consenso que hoy existe en torno a esta problemática, así como la acción colectiva de todo el conjunto de actores sociales, enfrentan el desafío de articularse en un gran movimiento nacional, que no sólo tenga la capacidad de presionar al Estado mexicano para que cumpla sus obligaciones, emprenda acciones inmediatas y rinda cuentas; sino también, de convertirse en un espacio de denuncia y apoyo para los familiares de las víctimas o para las mujeres que son violentadas en sus derechos humanos.

Este consenso nacional que se ha ganado en contra del Feminicidio no puede diluirse, pues constituye un primer logro de las mujeres de este país en su lucha por una vida libre de toda violencia.

*Presidente de la Academia Mexicana de Educación.

La violencia que impera en el país no da tregua y no deja de sorprendernos. El grave problema del Femicidio terminó por mostrarnos toda su crudeza y, al mismo tiempo, la desesperación y el miedo de miles de mujeres que saben que, en cualquier momento, ellas pueden ser las próximas víctimas.

Tal y como sucede con otros problemas que padecemos, la movilización y la presión ejercidas por distintos actores sociales siguen siendo los instrumentos más inmediatos para exhibir la incapacidad y pasividad de nuestros gobiernos. En este caso, para cumplir con su responsabilidad de garantizar la vida y el respeto a los derechos humanos de las mujeres de México.

Los datos son dramáticos y no sólo hablan por sí mismos, sino que también explican el hartazgo social que se ha acumulado por tantas y tantas mujeres a quienes les han quitado la vida, así como por la impunidad con que actúan los homicidas.

De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), durante los meses de enero a julio de este año fueron asesinadas violentamente un total de 2 mil 173 mujeres, esto representa un incremento de 4.3 por ciento respecto a lo acontecido en 2018.

Tal cantidad de víctimas se traduce en un promedio de 10.2 mujeres asesinadas al día y de un poco más de 300 al mes. Se trata de una cifra terrible y por más que se quiera negar, da cuenta de un gobierno completamente rebasado por este problema.

Recientemente, miles de mujeres salieron a la calle para denunciar y hacernos visible su temor; pero también, para que gobiernos y sociedad tomemos conciencia de los niveles que ha alcanzado la violencia de género y que no sólo tiene que ver con Feminicidios, sino también con abuso sexual, hostigamiento, desapariciones, secuestros, maltrato físico y emocional, etc.

Sin embargo, más allá de los intereses y grupos ajenos que intentan contaminar políticamente ­ -y que todos repudiamos- una legítima causa, lo que deseo destacar es el consenso nacional que, en diferentes espacios, se está extendiendo en contra de la violencia de género.

Se trata de un amplio consenso que se nutre por la convergencia de varios factores: una creciente indignación social por tal cantidad de muertes; el hartazgo e impotencia de los familiares que no encuentran respaldo de la autoridad; el perfil de las víctimas, que va desde estudiantes de los distintos niveles educativos, amas de casa, indígenas y trabajadoras, hasta ambientalistas y defensoras de derechos humanos, entre muchas más; y también, por el apoyo y solidaridad que colectivos sociales y medios de comunicación están mostrando a la causa.

Entre este abanico de factores, hay otros más de carácter estructural, me refiero a aspectos como: investigaciones deficientes; la debilidad institucional para procesar y castigar a los homicidas; la escasa profesionalización en los ministerios públicos y en las instituciones de procuración de justicia, etc.

Y por si todo lo anterior fuera poco, hay que agregar que el gobierno federal no cuenta con una estrategia para prevenir e investigar los Femicidios; recordemos que otro más de los encargos que apenas el Presidente le hizo a la nueva Guardia Nacional es precisamente el de diseñar dicha estrategia, desde luego sin descuidar la prioridad impuesta por EU de detener y regresar inmigrantes.

Así estamos en este momento, con todo por hacer, mientras tanto el número de víctimas seguirá creciendo, lamentablemente.

Ante todo esto, es fundamental que la sociedad, sus organizaciones, los colectivos de mujeres y de familiares de las víctimas, las activistas, los organismos de derechos humanos y los medios de comunicación, no sólo sigan apoyando la legítima exigencia de erradicar los Feminicidios y la violencia de género, sino también, que contribuyan a mantener el tema como una prioridad en la agenda nacional.

El consenso que hoy existe en torno a esta problemática, así como la acción colectiva de todo el conjunto de actores sociales, enfrentan el desafío de articularse en un gran movimiento nacional, que no sólo tenga la capacidad de presionar al Estado mexicano para que cumpla sus obligaciones, emprenda acciones inmediatas y rinda cuentas; sino también, de convertirse en un espacio de denuncia y apoyo para los familiares de las víctimas o para las mujeres que son violentadas en sus derechos humanos.

Este consenso nacional que se ha ganado en contra del Feminicidio no puede diluirse, pues constituye un primer logro de las mujeres de este país en su lucha por una vida libre de toda violencia.

*Presidente de la Academia Mexicana de Educación.

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