/ martes 18 de septiembre de 2018

El mensaje tiene que ser de vida

De acuerdo a información periodística, atribuida al académico Moisés Frutos Cortés, de 2010 a 2015 en Campeche se registraron 528 intentos de suicidios de los cuales se consumaron 258. El 79 por ciento fueron hombres, el 21 por ciento mujeres.

Concluye en su conferencia Análisis Socio-Espacial del Suicidio en el Estado de Campeche, entre otras cosas, que “existe una relación entre los cambios sociales y económicos con el incremento de las tasas de suicidios en las poblaciones del sureste mexicano”.

Los más propensos a suicidarse son los jóvenes y la edadoscila entre los 25 y 29 años (aunque personalmente hemos registrado suicidios de jovencitos de entre 14 y 20 años y el propio Inegi aporta el dato de que 40.2 por ciento de los que se quitaron la vida en 2014, por ejemplo, tenían entre 15 y 29 años). Son más raros, dicen el académico, los suicidios en personas mayores de 60 años.

Por otro lado, de acuerdo a datos del Inegi, la depresión sería la principal causa de suicidios pues, según su encuesta en Hogares, el 59.3 por ciento la ha sentido y el 64.9 por ciento dijo haberla sentido al menos una vez al año.

Esos son algunos de los datos duros. Otros nos indican de las acciones que instrumentan autoridades gubernamentales, tanto locales como nacionales, para atender la situación de suicidios. No son pocos los programas y las acciones para prevenirlos, desde las escuelas y las instituciones.

En mi entidad se creó una Red de Atención Integral al Suicidio en la que participan la Comisión de Derechos Humanos de la entidad, el DIF Estatal, el Instituto de la Mujer, la Fiscalía, el Consejo Estatal de Población, la Zona Naval, el Ejército Mexicano, el Centro Estatal contra las Adicciones, el Instituto de la Juventud, la Secretaría de Salud, el Instituto Campechano, la Unacar, la UAC, los institutos tecnológicos y organizaciones civiles diversas.

Pese a ello, los suicidios continúan y Campeche se encuentra entre las primeras entidades a nivel nacional con mayor índice que, según el Inegi, entre 2000 y 2014 aumentó de 3.5 a 5.2 por cada 100 mil habitantes.

Y este 10 de septiembre fue el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. El objetivo es concientizar que esta decisión mortal puede prevenirse. Y sí, porque la acción es contraria al objetivo de vida, a la misión que tenemos en la tierra: ser felices.

La gran pregunta es ¿qué hacer? El mensaje tiene que ser de vida. No se puede bajar la guardia, no se puede tener descanso en ningún lugar donde, por situaciones familiares, sociales o económicas, se registra un suicidio. Tampoco, y lo reconocemos plenamente, es algo fácil de prevenir o impedir. ¿Por qué un joven o una persona mayor llegan a la conclusión de que ya no tiene nada que aportar o recibir de este mundo y de esta vida? Los especialistas nos han dado muchas explicaciones. Han tratado de llegar a lo más recóndito del cerebro humano para saber esas motivaciones fatales profundas. Y aun así, los suicidios continúan.

Quizás un poco fresco, quizás infantil por no ser profesional en la materia, insisto en que el mensaje a los jóvenes, a las familias, tiene que ser de vida. Tenemos que hacer entender que nuestra misión en la tierra es ser felices. Lograrlo, sigue siendo difícil, no imposible.


Raúl Pozos Lanz


De acuerdo a información periodística, atribuida al académico Moisés Frutos Cortés, de 2010 a 2015 en Campeche se registraron 528 intentos de suicidios de los cuales se consumaron 258. El 79 por ciento fueron hombres, el 21 por ciento mujeres.

Concluye en su conferencia Análisis Socio-Espacial del Suicidio en el Estado de Campeche, entre otras cosas, que “existe una relación entre los cambios sociales y económicos con el incremento de las tasas de suicidios en las poblaciones del sureste mexicano”.

Los más propensos a suicidarse son los jóvenes y la edadoscila entre los 25 y 29 años (aunque personalmente hemos registrado suicidios de jovencitos de entre 14 y 20 años y el propio Inegi aporta el dato de que 40.2 por ciento de los que se quitaron la vida en 2014, por ejemplo, tenían entre 15 y 29 años). Son más raros, dicen el académico, los suicidios en personas mayores de 60 años.

Por otro lado, de acuerdo a datos del Inegi, la depresión sería la principal causa de suicidios pues, según su encuesta en Hogares, el 59.3 por ciento la ha sentido y el 64.9 por ciento dijo haberla sentido al menos una vez al año.

Esos son algunos de los datos duros. Otros nos indican de las acciones que instrumentan autoridades gubernamentales, tanto locales como nacionales, para atender la situación de suicidios. No son pocos los programas y las acciones para prevenirlos, desde las escuelas y las instituciones.

En mi entidad se creó una Red de Atención Integral al Suicidio en la que participan la Comisión de Derechos Humanos de la entidad, el DIF Estatal, el Instituto de la Mujer, la Fiscalía, el Consejo Estatal de Población, la Zona Naval, el Ejército Mexicano, el Centro Estatal contra las Adicciones, el Instituto de la Juventud, la Secretaría de Salud, el Instituto Campechano, la Unacar, la UAC, los institutos tecnológicos y organizaciones civiles diversas.

Pese a ello, los suicidios continúan y Campeche se encuentra entre las primeras entidades a nivel nacional con mayor índice que, según el Inegi, entre 2000 y 2014 aumentó de 3.5 a 5.2 por cada 100 mil habitantes.

Y este 10 de septiembre fue el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. El objetivo es concientizar que esta decisión mortal puede prevenirse. Y sí, porque la acción es contraria al objetivo de vida, a la misión que tenemos en la tierra: ser felices.

La gran pregunta es ¿qué hacer? El mensaje tiene que ser de vida. No se puede bajar la guardia, no se puede tener descanso en ningún lugar donde, por situaciones familiares, sociales o económicas, se registra un suicidio. Tampoco, y lo reconocemos plenamente, es algo fácil de prevenir o impedir. ¿Por qué un joven o una persona mayor llegan a la conclusión de que ya no tiene nada que aportar o recibir de este mundo y de esta vida? Los especialistas nos han dado muchas explicaciones. Han tratado de llegar a lo más recóndito del cerebro humano para saber esas motivaciones fatales profundas. Y aun así, los suicidios continúan.

Quizás un poco fresco, quizás infantil por no ser profesional en la materia, insisto en que el mensaje a los jóvenes, a las familias, tiene que ser de vida. Tenemos que hacer entender que nuestra misión en la tierra es ser felices. Lograrlo, sigue siendo difícil, no imposible.


Raúl Pozos Lanz


martes 18 de septiembre de 2018

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