/ martes 12 de marzo de 2019

Rifle sanitario

¿Cuáles son las opciones en seguridad pública? El gobierno de Vicente Fox comenzó con el alza en la violencia sin estrategia en seguridad. La presidencia de Felipe Calderón inició la guerra contra las drogas, y ya nadie pudo detener la espiral de homicidios, desplazados y desapariciones forzadas. En las administraciones pasadas, hay cualquier cantidad de datos que demuestran la existencia de violaciones a derechos humanos en la investigación y persecución del delito, sin una táctica y estrategia cierta de cómo detener el fenómeno delictivo.

Hay voces que piden la aplicación de un rifle sanitario, dicho en otras palabras: pena de muerte o ejecución extrajudicial a las personas que están imputadas de cometer delitos de alto impacto. Esta posición no es menor, y nos debe causar preocupación. La gente que piensa de esta manera son ciudadanos en ejercicio de su libertad de expresión, de todos los extractos socioeconómicos y están hartos de la violencia en México, peor aún, su furia se alimenta por partidos políticos como el Verde Ecologista. Desde esa óptica, los derechos humanos son un estorbo y un problema para la seguridad pública. La estrategia es subir las penas, retirar el debido proceso y hablar de mano dura.

El actual gobierno optó por el modelo de Guardia Nacional. Una fuerza del orden que tardará hasta cinco años en crearse. En este lapso, el presidente de la República podrá utilizar a las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública. La estrategia en Guardia Nacional es dual, pues involucra a las fuerzas armadas y la creación de una nueva institución. Ahora bien, ¿Cuál será el resultado a cinco años? Nadie sabe. La mayor parte de las predicciones es que la seguridad pública no mejorará en este periodo. Los datos demuestran que los grandes cambios democráticos generan más violencia en nuestro país. Cuando se cambian las estructuras de poder, se modifican los acuerdos –entre los grupos de la delincuencia y el poder-, se transparentan los procesos y se rompen las cadenas de la corrupción ¿Cuál es el resultado? La violencia se desata. La explicación es muy sencilla: se rompen los acuerdos tácitos o explícitos entre el Estado y la delincuencia. Así, la delincuencia ejerce violencia para recobrar su posición de negociación frente al Estado o con otros grupos delictivos.

Los grandes capos se humanizan en las series de televisión. Causan empatía de alguna forma. Así, merecen juicios, noticias, series y una cultura paralela, y como siempre sucede: a los de abajo que les apliquen el rifle sanitario. No debemos caer en la tentación de pensar en violar la ley a cambio de una supuesta paz. Los derechos humanos no brincan de una televisión a una persona, sino del simple hecho de pertenecer a la única especie que se jacta de razonar y de conformar una comunidad política. La primera estrategia de seguridad pública debe ser el respeto a los derechos humanos, cosa que por cierto, no ha estado como eje rector del debate de la política pública criminal. El discurso de los derechos humanos se ha utilizado para criticar instituciones, cuerpos de policías, propuestas y modelos. Empecemos por colocar los derechos humanos al inicio y no al final del discurso.

¿Cuáles son las opciones en seguridad pública? El gobierno de Vicente Fox comenzó con el alza en la violencia sin estrategia en seguridad. La presidencia de Felipe Calderón inició la guerra contra las drogas, y ya nadie pudo detener la espiral de homicidios, desplazados y desapariciones forzadas. En las administraciones pasadas, hay cualquier cantidad de datos que demuestran la existencia de violaciones a derechos humanos en la investigación y persecución del delito, sin una táctica y estrategia cierta de cómo detener el fenómeno delictivo.

Hay voces que piden la aplicación de un rifle sanitario, dicho en otras palabras: pena de muerte o ejecución extrajudicial a las personas que están imputadas de cometer delitos de alto impacto. Esta posición no es menor, y nos debe causar preocupación. La gente que piensa de esta manera son ciudadanos en ejercicio de su libertad de expresión, de todos los extractos socioeconómicos y están hartos de la violencia en México, peor aún, su furia se alimenta por partidos políticos como el Verde Ecologista. Desde esa óptica, los derechos humanos son un estorbo y un problema para la seguridad pública. La estrategia es subir las penas, retirar el debido proceso y hablar de mano dura.

El actual gobierno optó por el modelo de Guardia Nacional. Una fuerza del orden que tardará hasta cinco años en crearse. En este lapso, el presidente de la República podrá utilizar a las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública. La estrategia en Guardia Nacional es dual, pues involucra a las fuerzas armadas y la creación de una nueva institución. Ahora bien, ¿Cuál será el resultado a cinco años? Nadie sabe. La mayor parte de las predicciones es que la seguridad pública no mejorará en este periodo. Los datos demuestran que los grandes cambios democráticos generan más violencia en nuestro país. Cuando se cambian las estructuras de poder, se modifican los acuerdos –entre los grupos de la delincuencia y el poder-, se transparentan los procesos y se rompen las cadenas de la corrupción ¿Cuál es el resultado? La violencia se desata. La explicación es muy sencilla: se rompen los acuerdos tácitos o explícitos entre el Estado y la delincuencia. Así, la delincuencia ejerce violencia para recobrar su posición de negociación frente al Estado o con otros grupos delictivos.

Los grandes capos se humanizan en las series de televisión. Causan empatía de alguna forma. Así, merecen juicios, noticias, series y una cultura paralela, y como siempre sucede: a los de abajo que les apliquen el rifle sanitario. No debemos caer en la tentación de pensar en violar la ley a cambio de una supuesta paz. Los derechos humanos no brincan de una televisión a una persona, sino del simple hecho de pertenecer a la única especie que se jacta de razonar y de conformar una comunidad política. La primera estrategia de seguridad pública debe ser el respeto a los derechos humanos, cosa que por cierto, no ha estado como eje rector del debate de la política pública criminal. El discurso de los derechos humanos se ha utilizado para criticar instituciones, cuerpos de policías, propuestas y modelos. Empecemos por colocar los derechos humanos al inicio y no al final del discurso.

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