/ sábado 10 de junio de 2017

La terrible decisión de Trump

Con un argumento falso el presidente Trump decidió sacar a Estados Unidos de Norteamérica del Acuerdo de París: “a partir de hoy, EU cesará toda la implementación del Acuerdo de París, no vinculante, y las cargas financieras y económicas draconianas que el Acuerdo impone a nuestro país”.

Antes, ¿qué es el Acuerdo de París? En 2015, representantes de 195 países reunidos en París firmaron un acuerdo histórico para combatir el cambio climático. El objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para así evitar el aumento en la temperatura y hacer frente a los efectos del cambio climático. El Acuerdo impulsa medidas e inversiones para lograr un futuro bajo en emisiones.

Admite la necesidad de cooperar y mejorar la comprensión, actuación y apoyo en diferentes campos: sistema de alerta temprana, preparación para emergencias y seguro contra riesgos.

Bien, pues el presidente Trump, fiel a su estilo pragmático y bajo el argumento de que el Acuerdo es dañino e inequitativo, decidió sacar a su país. Una decisión ecológicamente irresponsable, pues no hay que olvidar que es Norteamérica el segundo mayor emisor mundial de dióxido de carbono y sus emisiones son un 50 por ciento mayores que las de la Unión Europea, y sus emisiones per cápita son el doble de las de ese bloque o de las de Japón.

Quiere decir que sí, ahí se producen muchos gases que están contaminando la atmósfera, que están originando un cambio climático que hoy se refleja en intensas sequías o en inundaciones nunca vistas; que dañan la producción de alimentos en todo el mundo; que dejan sin hogar a miles de familias o cobran la vida de cientos, entonces ¿cómo salirse racionalmente de un acuerdo que nos beneficia a todos?

Dijimos que la decisión de Trump era pragmática y sí, tiene que ver directamente con sus compromisos de campaña. Su argumento es que este Acuerdo, firmado durante la administración de Barack Obama, según él, eliminaría empleos en los estados productores de carbón y en las fábricas estadounidenses.

Pero hasta eso, argumento falso, ya sabemos hoy que la mayoría de los empleos originados en la explotación del carbón mineral no se perdieron con Obama sino en las décadas que corren de 1950 a 1970, cuando esa industria se modernizó y empezó a utilizar técnicas avanzadas para la extracción minera. Lo mismo ocurrió en la industria automotriz y otras que fueron paulatinamente eliminando empleos al modernizar sus métodos de producción, principalmente con máquinas.

La opinión de los expertos, particularmente en economía, subraya que el presidente Trump y sus asesores han tomado una “terrible decisión” si piensan que “una estrategia energética nacionalista basada en los combustibles fósiles más sucios convertirá a Estados Unidos en un país más fuerte y seguro”.

No es determinante, pero sí importante la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París. La lucha por conservar la casa común que es el planeta no puede lograrse (no en los tiempos previstos) sin una de las potencias que más contamina, y que tiene la obligación moral de aportar más a esa lucha, prioriza su política interna y su líder esgrime argumentos falsos para desentenderse.

Es claro que el Presidente de un país no es el país, si bien lo representa oficialmente. Seguro es que millones estadounidenses no están de acuerdo con la decisión de Trump y que las consecuencias de su proceder le traerán más antipatías que simpatías, como las que ya generó en todo el mundo y que, ojalá, lo hicieron reflexionar sobre su terrible decisión de abandonar el Acuerdo de París.

Con un argumento falso el presidente Trump decidió sacar a Estados Unidos de Norteamérica del Acuerdo de París: “a partir de hoy, EU cesará toda la implementación del Acuerdo de París, no vinculante, y las cargas financieras y económicas draconianas que el Acuerdo impone a nuestro país”.

Antes, ¿qué es el Acuerdo de París? En 2015, representantes de 195 países reunidos en París firmaron un acuerdo histórico para combatir el cambio climático. El objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para así evitar el aumento en la temperatura y hacer frente a los efectos del cambio climático. El Acuerdo impulsa medidas e inversiones para lograr un futuro bajo en emisiones.

Admite la necesidad de cooperar y mejorar la comprensión, actuación y apoyo en diferentes campos: sistema de alerta temprana, preparación para emergencias y seguro contra riesgos.

Bien, pues el presidente Trump, fiel a su estilo pragmático y bajo el argumento de que el Acuerdo es dañino e inequitativo, decidió sacar a su país. Una decisión ecológicamente irresponsable, pues no hay que olvidar que es Norteamérica el segundo mayor emisor mundial de dióxido de carbono y sus emisiones son un 50 por ciento mayores que las de la Unión Europea, y sus emisiones per cápita son el doble de las de ese bloque o de las de Japón.

Quiere decir que sí, ahí se producen muchos gases que están contaminando la atmósfera, que están originando un cambio climático que hoy se refleja en intensas sequías o en inundaciones nunca vistas; que dañan la producción de alimentos en todo el mundo; que dejan sin hogar a miles de familias o cobran la vida de cientos, entonces ¿cómo salirse racionalmente de un acuerdo que nos beneficia a todos?

Dijimos que la decisión de Trump era pragmática y sí, tiene que ver directamente con sus compromisos de campaña. Su argumento es que este Acuerdo, firmado durante la administración de Barack Obama, según él, eliminaría empleos en los estados productores de carbón y en las fábricas estadounidenses.

Pero hasta eso, argumento falso, ya sabemos hoy que la mayoría de los empleos originados en la explotación del carbón mineral no se perdieron con Obama sino en las décadas que corren de 1950 a 1970, cuando esa industria se modernizó y empezó a utilizar técnicas avanzadas para la extracción minera. Lo mismo ocurrió en la industria automotriz y otras que fueron paulatinamente eliminando empleos al modernizar sus métodos de producción, principalmente con máquinas.

La opinión de los expertos, particularmente en economía, subraya que el presidente Trump y sus asesores han tomado una “terrible decisión” si piensan que “una estrategia energética nacionalista basada en los combustibles fósiles más sucios convertirá a Estados Unidos en un país más fuerte y seguro”.

No es determinante, pero sí importante la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París. La lucha por conservar la casa común que es el planeta no puede lograrse (no en los tiempos previstos) sin una de las potencias que más contamina, y que tiene la obligación moral de aportar más a esa lucha, prioriza su política interna y su líder esgrime argumentos falsos para desentenderse.

Es claro que el Presidente de un país no es el país, si bien lo representa oficialmente. Seguro es que millones estadounidenses no están de acuerdo con la decisión de Trump y que las consecuencias de su proceder le traerán más antipatías que simpatías, como las que ya generó en todo el mundo y que, ojalá, lo hicieron reflexionar sobre su terrible decisión de abandonar el Acuerdo de París.

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